Ágoraescaletismos (II)
http://www.fotogramas.es/Blogs/El-guionista-hastiado/Agoraescaletismos-II
"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en 8 semanas os mostraré a los 3 tipos más nerviosos que hayáis visto". Groucho Marx
26 Noviembre 2009
23 Noviembre 2009
Hoy, después de tres años y medio de andadura Coctelérica, "El Guionista Hastiado" migra a una nueva ubicación dentro de la web de "Fotogramas": http://www.fotogramas.es/Blogs/El-guionista-hastiado.
Sé que lo primero que les vendrá a la cabeza a algunos de ustedes tendrá que ver con los enormes beneficios de todo tipo que voy a obtener con este cambio. Olvídenlo. Los amigos de "Fotogramas" buscaban a un bloguero relacionado con el mundo del guión para ampliar su joven e incipiente blogoteca. Yo buscaba una manera de darle un poco de aire fresco al blog. Ellos me ofrecieron un alojamiento calentito y personalizado, y yo he aceptado bajo la única condición de seguir diciendo exactamente lo que me apetezca, por muy prescindible que sea.
Quiero agradecer a los compañeros de "La Coctelera" el servicio que me han prestado durante estos años. Espero que sigan triunfando con su magnífica labor. Pocas cosas imagino que le puedan venir mejor al mundo que tener a un montón de gente escribiendo...
Les conmino a todos ustedes a que actualicen sus links, feeds y ese tipo de cosas, siempre y cuando ésta no sea la excusa perfecta, al fin, para dejar de hacerme caso. En cualquier caso, en el primer post de la nueva ubicación les he dejado un regalo que estoy seguro de que interesará a más de uno: la escaleta de "Ágora", extraída por un servidor.
Espero que sigan vapuleándome con el mismo cariño que siempre...
17 Noviembre 2009
Tener una racha creativa y, además, con mucho trabajo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Una de las malas, que esta semana no podré postear. Y entre las buenas está que les puedo ofrecer algunas alternativas como éstas:
Feliz semana a todos.
12 Noviembre 2009

Ayer sucedió algo prodigioso. Fui a ver una actuación de Ryuichi Sakamoto. Y fue un gran coñazo. Sé que diciendo esto me arriesgo a ser tildado de paleto, lerdo musical o estúpido, acusaciones que, en diversos aspectos y grados, probablemente sean ciertas. De cualquier forma, estoy convencido de que al menos hubo doscientas personas en ese concierto que pensaron lo mismo que yo pero no se atrevieron a confesarlo en alto (lo que podría significar que, además de lerdo, soy tan idiota como para creer que la mayoría de la gente comparte mis defectos, y que soy más guay que nadie por admitirlos).
No me malinterpreten, soy consciente de lo bárbaro del talento de este señor que ha compuesto tanto y tan bien, y de la maestría que demuestra ante su instrumento. De hecho tuvo algunos momentos sublimes. Entiendo lo que hace y lo admiro, pero otra cosa es que eso sea capaz de mantenerme entretenido, incluso despierto, durante dos horas.
El problema es que cuando uno es un genio y sus conocimientos, su experiencia y su sensibilidad artística están a años luz de las de la gran mayoría del resto de los humanos, resulta difícil seguirle en su búsqueda de lo excelso, sobre todo cuando lo hace interpretando algunos de los temas más obtusos, técnicos y repetitivos de su repertorio, casi todos extraídos de sus últimos discos. Ya saben, esas piezas donde no pasa nada si el pianista se equivoca, porque nadie se da cuenta. Sólo los bises nos dieron un respiro a los menos instruidos, con un poco de melodía que llevarnos al oído en temas tan maravilloso como éste.
El caso es que, tras unos primeros momentos de lógica fascinación en plan "ey, mira qué cosas más raras hace ese japo", llega el aburrimiento, el sopor. Y de pronto uno es consciente de que está atrapado. No puede hablar por móvil, no puede leer, charlar, mirar internet, ir a ver si ha crecido algo nuevo en la nevera, masturbarse, ver la tele ni mucho menos jugar a la play. Tampoco se podía dormir porque las sillas, de plástico duro, eran suficientemente poco confortables. En realidad, era el ambiente perfecto para concentrarse en los propios pensamientos.
Así que, en un acto reflejo, mi cabeza empezó a divagar, que era la única distracción con la que parecía no molestar a nadie. Se me ocurrieron algunos chistes que no vienen al caso sobre el espectáculo y la gente snob que lo estaba (estábamos) viendo. Algunos eran sobre Almodovar que estaba sentado dos filas adelante. Repasé mi agenda para la semana y los recados ineludibles del día siguiente. Recordé que tenía a medio empezar un monólogo, "tengo que ponerme con él en cuanto pueda". Le di una vuelta a algunas de las ideas que ya tenía y poco a poco me fue llegando, de puntillas, la inspiración. Se me ocurrió una manera de hilar el monólogo, y un posible comienzo que sonaba divertido. Empezaron a venirme a la cabeza chistes, giros, párrafos enteros.
Al rato pasé a reestructurar la escaleta de un tratamiento de largometraje que tengo, también a medias (en este oficio siempre se tiene todo a medias, hasta lo que se ha rodado). Encontré solución a ciertos problemas del segundo acto que me tenían atascado desde hace semanas, y le di un giro completo a uno de los personajes, algo que de pronto me abrió nuevas y excitantes posibilidades, algunas de las cuales creo que, unas horas más tarde, todavía me siguen estimulando.
No fue fruto de una ensoñación provocada por la modorra, esta mañana todavía recordaba la mayoría de los asuntos sobre los que pude reflexionar, y los he tecleado de una tacada para que no se pierdan en la cacharrería de óxidos que es mi memoria. Es posible que más adelante descubra que no valen para nada (puede también que ustedes lo hicieran ahora mismo si yo los compartiera), pero ésa es la misma sensación que tengo con el producto de cualquier tiempo de trabajo que pueda acometer en mi casa, frente a mi ordenador, con mi café.
Todo esto ya me había pasado otras veces, en conciertos, obras de teatro, charlas y cenas soporíferas, pero nunca de manera tan prolífica y evidente. Creo que fueron lo 90 minutos más creativos que he tenido en mucho tiempo. No sé, quizá por eso los guionistas somos gente despistada y un poco raruna, porque llevamos nuestro despacho a cuestas, porque la materia prima con la que trabajamos se moldea en la cabeza, y la factoría nunca echa el cierre.
Así que éste es mi consejo de hoy: si tienen problemas con una escaleta, si no encuentran ese personaje necesario para equilibrar un reparto, si tienen trabajo atrasado o buscan nuevas ideas de partida para iniciar un guión, acudan a algún espectáculo que les resulte profundamente aburrido. Puede que la musa se siente a su lado a charlar un rato...
10 Noviembre 2009
En el penúltimo párrafo de mi anterior post les hablaba de la necesidad de incentivar y posibilitar el estudio de las artes audiovisuales a las nuevas generaciones. No me resisto a publicar estos dos vídeos de Sir Ken Robinson que tratan de éste y otros temas colindantes.
Seguramente muchos de ustedes ya lo conocerán, lo he rescatado de una interesante entrada del blog de Vigalondo, que a su vez lo encontró en el de Henrique Lague, ambos muy recomendables.
Bienaventurado sea Internet, que nos permite disfrutar de la sabiduría y el sentido del humor de hombres sabios como éste. No se lo pierdan: educación, inteligencia y diversión todo en uno.
6 Noviembre 2009

"La Gaceta de los Negocios" se puso en contacto con el Sindicato de guionistas ALMA para solicitarle un artículo de 2000 palabras sobre la situación laboral de los guionistas en España. Corría prisa, tenía que escribirse en una tarde. Como soy miembro de la directiva, un poco atolondrado, y además no había nadie más disponible, acepté el encargo y escribí el artículo a velocidad de crucero.
Una vez terminado, descubrí para mi sorpresa que había habido un error de comunicación y el artículo que pedían debía tener 2000 caracteres, no 2000 palabras. Así que el compañero Carlos Molinero tomó mi relevo y escribió este artículo que pueden leer en la web del sindicato (si ciertos problemas con el servidor se lo permiten) o aquí en la web de Chico Santamano.
La sorpresa llegó cuando el texto de Mr. Molinero se envió a los responsables de la Gaceta, y éstos lo rechazaron aduciendo que lo expresado en el artículo no coincidía con la linea editorial de la publicación. Vamos, que principalmente les chincha un poco el tema de las subvenciones a los titiriteros del cine y ese tipo de cosas, mezclando churras con merinas.
En realidad no es para sorprenderse, tratándose del mismo grupo al que pertenece el canal "Intereconomía", cuya notoriedad (pequeña y bamboleante) se debe a motivos que todos conocemos.
En fin, ya que mi trabajo estaba hecho, ahí se lo dejo. Es un texto en el que se habla de algunos de los problemas que la gente del sector ya conocemos, pero que quizá a alguien menos enterado pueda interesar a modo de largo y farragoso resumen. Descansen la vista cada cinco párrafos...
La situación profesional y laboral del Guionista en España
Según la definición del Sindicato A.L.M.A. (Autores Literarios de Medios Audiovisuales), el guionista es la persona que escribe el guión de una producción audiovisual en cualquier fase de su desarrollo, desde la idea hasta su versión final, siguiendo las indicaciones del Director o del Productor
Cualquiera que conozca de refilón la industria del entretenimiento, sabe que en una producción audiovisual (ya sea de cine, televisión o espectáculos) el guión es el pilar fundamental y primigenio sobre el que se fundamentan los valores últimos de la obra. Sin embargo, la figura del guionista es todavía desconocida para el gran público, debido a su labor oculta, fuera del alcance de las cámaras, y previa a la realización del producto final. Esto en realidad no supone un problema para los guionistas, somos personas acostumbradas al anonimato y a la cesión de los méritos -o deméritos- de nuestro trabajo.
Los problemas de fondo de la profesión provienen de la indefinición que rodea al colectivo, tanto en lo que respecta al reconocimiento de su categoría profesional, a sus condiciones laborales, a su consideración como autor, y a las retribuciones mínimas exigibles a cambio de una labor no siempre suficientemente valorada por la industria.
El de guionista es un trabajo desprotegido, difícil, expuesto a los vaivenes de la industria y que depende en exceso de la capacidad de negociación particular, en función del currículum personal o de la disposición a aceptar "rebajas" en las condiciones.
En lo que respecta al cine, la mayoría de los guionistas trabajan como autónomos, escribiendo guiones originales propios cuyos derechos ceden a terceros o trabajando por encargo para productoras de cine en la escritura de guiones, en la mayoría de los casos, de ficción. Sólo muy excepcionalmente un guionista trabaja por cuenta ajena en este sector, y normalmente lo hace no como autor, sino formando parte del equipo de desarrollo de proyectos de una productora, siendo su labor buscar y/o optimizar proyectos ajenos.
El precio mínimo que el Sindicato A.L.M.A. recomienda por la escritura completa de un guión cinematográfico (desde la idea original al tratamiento) es de un 3% del coste final de la producción, con un mínimo de 36.000 euros. Sin embargo son mayoría las ocasiones en las que se paga, o se ofrece, mucho menos. Para un neófito estas cifras pueden parecer altas, pero hay que tener en consideración la relevancia del texto respecto al resultado final, el talento y el oficio necesario para llevarlo a cabo (un buen guionista no surge de la noche a la mañana), y la cantidad de esfuerzo necesario para elaborar un guión de largometraje, algo que puede suponer años de documentación y reescrituras.
Un factor problemático es que los guiones cinematográficos se inician en un momento de la producción en el que todavía no hay dinero sobre la mesa. Sólo hay una idea (cuando la hay, porque a veces sólo se cuenta con un actor, o un director, como punto de partida). Esto, unido al lógico deseo del guionista de que su obra se lleve a cabo, provoca a menudo que las productoras presionen al autor para que trabaje o venda su guión a cambio de una remuneración mínima, o accediendo a retrasar los pagos en función de una hipotética e insegura obtención de subvenciones o de unos -aún más inseguros- ingresos en taquilla.
Lo exiguo de nuestra industria cinematográfica, junto a algunos factores como la práctica habitual de muchos directores de escribir sus propias películas, o la dificultad para abordar proyectos personales con un apoyo económico previo, hace que el número de guionistas que viven íntegramente del cine sea muy reducido. El grueso del colectivo se gana el pan diario trabajando en televisión, un medio que mueve mucho más dinero, pero cuyos entresijos laborales resultan incluso más caóticos y difíciles de controlar que los del cine.
Las televisiones demandan cada vez más contenidos. Las series son desde hace años el producto estrella de las plantillas. Las mejores arrasan en el "Prime Time", además de crear fidelidad en el espectador e imagen de cadena. Así, desde hace años las televisiones encargan a las productoras más y más series de ficción. Pero las series son caras de producir, exigen un trabajo intenso para idear y rodar nuevas entregas semanales. Los guionistas a menudo trabajan en equipos grandes, de entre 7 y 15 personas, coordinados para escribir varios capítulos al mismo tiempo, a una velocidad de vértigo.
Esto ha provocado la necesidad creciente de profesionales capaces de dotar de contenido atractivo a toda esa gran cantidad de horas de emisión. Sin embargo, a pesar de que las productoras son conscientes de la relación directa de la calidad del guión con el éxito o el fracaso de sus productos, con frecuencia se muestran renuentes ante la idea de asumir el coste de una plantilla creativa tan amplia. Muchas intentan abaratar reclutando a profesionales muy jóvenes y dispuestos a aceptar cualquier condición con tal de "meter un pie" en el oficio, o coaccionando a los guionistas con frases del tipo "esta industria es muy pequeña" y "no vas a encontrar trabajo en otro sitio", o jugando con categorías laborales: "guionista junior", "redactor", "documentalista" ,"ayudante de redacción"... y reuniendo así a un grupo de "pseudoguionistas" que trabajan a las órdenes de un par de coordinadores de guión y/o productores ejecutivos que toman el grueso de las decisiones creativas.
Por desgracia, hoy en día la mayoría de los guionistas de televisión trabajan con contratos temporales por obra, incluso aquellos que trabajan durante años en una misma producción. Cuando se acaba la obra, la renovación depende exclusivamente de la productora, así que el despido, en la práctica, es libre y prácticamente gratuito. El guionista no tiene más remedio que aceptar prorrateadas en el salario las vacaciones, las pagas extras y la pequeña indemnización por fin de contrato (8 días por año) . También se ve obligado a desplazarse a diario hasta polígonos industriales del extrarradio, a trabajar bajo horarios laborales indefinidos en los que ni se contabilizan ni se pagan las horas extra, y, en general, se cuenta con pocas garantías de continuidad y de que el fruto de su trabajo vaya a contar con la consideración adecuada.
Los guionistas de programas lo tienen aún peor. Además de todos los problemas enumerados, muchos espacios que no son considerados ficción (de actualidad, entretenimiento, corazón, talk shows o realitys...) no reconocen el carácter de "autor" de sus guionistas, rebajándolos a "redactores" sin capacidad de cobrar derechos de autor por sus guiones, y ofreciéndoles salarios todavía más ajustados que a los guionistas de ficción.
En todos los casos, son las productoras las que deciden cómo se remuneran y reparten las diferentes categorías laborales de los guionistas de un equipo (junior, jefe de equipo, coordinador, escaletista, dialoguista...) y también deciden de qué manera se reparten los porcentajes de los Derechos de Autor que generan los contenidos creados por ese equipo (de tal forma que, por ejemplo, un productor ejecutivo que no escribe puede decidir llevarse una parte importante de los derechos de todos los capítulos).
El salario de un guionista de televisión que trabaje por cuenta ajena puede variar desde los 600 euros de un guionista "junior", hasta los 6000, o incluso más, de un coordinador de guión. Esta enorme horquilla crea numerosas situaciones de desequilibrio, e injusticias difíciles de combatir.
Asimismo, los precios pagados "por guión" a quienes trabajan como autónomos tienen variaciones parecidas. Aunque desde A.L.M.A. y otras instituciones se ofrecen algunos baremos que explicitan el valor económico que debe tener cada tipo de guión (desde el de un "sketch" hasta el de un capítulo, largometraje o una tv-movie"), estas cifras, al no contar con ningún tipo de apoyo legal, no dejan de ser meras recomendaciones que, de nuevo, quedan supeditadas a la negociación particular de cada caso.
Todas estas circunstancias desfavorables son difíciles de combatir debido a cómo está configurada legalmente la representatividad sindical, que excluye de la posibilidad de su juego a los trabajadores con poca estabilidad en el empleo, que es el caso de los guionistas, como se ha expuesto. Al igual que pasa con el gremio de los actores, o el de los técnicos audiovisuales, los trabajos de guionista son casi siempre temporales y de breve duración. Eso, unido al hecho de que se trate de una profesión minoritaria (como mucho, se podría hablar en nuestro país de unos 800 guionistas profesionales) hace prácticamente imposible que formen parte de comités de empresa y que cuenten con representantes sindicales.
A.L.M.A. es el único Sindicato nacional de guionistas de España. Sin embargo, fue apartado de las últimas negociaciones para la obtención de un convenio colectivo para el sector, dándose la paradoja de que quienes firmaron dicho convenio con los representantes de las productoras fueron los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO), que no cuentan con un solo guionista entre sus afiliados y que desconocen la problemática real del gremio.
A.L.M.A. y otros sindicatos también minoritarios están luchando para que la ley recoja la posibilidad de contar con representantes sindicales de sector y no de empresa, puesto que aunque los delegados de empresa lograran ser elegidos, desaparecerían permanentemente de las mismas, al mismo ritmo en el que varían sus relaciones laborales con éstas.
Mientras todo esto no se arregle, la falta de regulación del sector prolonga una situación en la que las condiciones laborales y salariales dependen siempre del arbitrio de las productoras. El guionista cuenta con la única opción de "aceptar o no aceptar" un trabajo ("si no lo quieres hacer tú, ya encontraré a otro") o de negociar apelando a su trayectoria profesional, pero no cuenta con ningún paraguas legal bajo el que resguardarse, ni unos mínimos salariales exigibles.
Aunque desde fuera tal vez podría parecer sencillo que los guionistas escribieran y desarrollaran sus propias ideas para "saltarse" todos esos problemas, la lógica industrial del sector audiovisual imposibilita, en gran parte, la iniciativa personal. Al fin y al cabo un guionista no es un productor, o no debería serlo; son oficios distintos que exigen diferentes habilidades y conocimientos. Un guionista puede realizar por sí mismo un cortometraje, o un proyecto para Internet, pero cualquier producción de mayor calado precisará, antes o después, de la participación y la inversión de una productora, que deberá ser la que compre el proyecto y lo lleve a cabo.
De hecho, algunas productoras abusan de su posición de superioridad ofreciendo a los guionistas creadores de proyectos, cinematográficos o televisivos, "mover su idea por ahí" sin pagarle nada a cambio, para ver si se vende a alguna televisión o si se obtienen ayudas a rodaje. De esta manera, la productora cuenta con una buena oportunidad de negocio sin hacer ninguna inversión, y el guionista una vez más pone en juego su trabajo sin obtener ni un duro en caso de que la gestión de la productora sea infructuosa, lo que puede obedecer a su propia ineficacia.
Las ayudas de la administración para el desarrollo de guiones Cinematográficos, si bien suponen un incentivo para la creación de nuevos proyectos, todavía son un apoyo muy pequeño y alejado de la industria real (casi ninguno de los guiones subvencionados llegan a rodarse, aunque los últimos movimientos ministeriales intentan paliar, en parte, este último aspecto).
Paradójicamente, los responsables de las productoras parecen no darse cuenta de que la ordenación del sector facilitará, en última instancia, la obtención de mayores y más seguros resultados económicos. La imprevisibilidad del negocio audiovisual se podría paliar, en parte, con la progresiva profesionalización de guionistas capaces de plantear propuestas que atraigan al espectador al mismo tiempo que cumplen con los estándares de producción adecuados. No hay que olvidar que mientras los guionistas no puedan vivir de su oficio con dignidad los procesos creativos y, por lo tanto, los resultados comerciales, seguirán dependiendo de los hados de la fortuna. Nada sale más caro que una película que nadie va a ver, o que un capítulo mal escrito que hunde a una serie.
Sin embargo, hasta ahora los condicionantes económicos inmediatos son los que imperan, y la mayoría de las productoras prefieren gastar poco en el desarrollo de proyectos porque no confían en que un mayor desembolso en el proceso creativo les asegure un mejor resultado, lo que evidencia un profundo desconocimiento de dicho proceso.
Es muy frecuente oír hablar de la "crisis del Cine" o de la mala calidad de los productos televisivos, pero pocas veces se incide en los procesos necesarios para paliar los numerosos problemas que asaltan a esta industria. Muchos de esos procesos pasan, precisamente, por la creación de una auténtica industria, regulada, trasparente, y donde los distintos profesionales tengan las mismas garantías y derechos que en cualquier otro sector. Lo que hacen falta no son más "jinetes solitarios" que luchen contra viento y marea por ejercer su profesión, sino guionistas profesionales, conocedores de su oficio, que no se replanteen cada pocos meses si van a poder seguir pagando la hipoteca con este trabajo.
Todo ello precisa, también, de un mayor impulso educativo. No sólo sería conveniente que el cine y el audiovisual, como arte y como industria, tuvieran un lugar en las escuelas y los institutos, sino que se impulsara (mejor dicho que se posibilitara) el estudio de las artes audiovisuales y, concretamente, del guión, como una disciplina más, igual de importante que el dibujo, la historia, el diseño, o la música.
Los guionistas no salvamos vidas como los médicos ni construimos edificios, pero creamos entretenimiento y formamos parte de la cultura y del tejido industrial de un país. Sabemos que somos pocos y desde luego no nos creemos el ombligo del mundo, pero nos sentimos orgullosos de nuestro trabajo y tratamos de hacerlo mejor cada día. El de guionista es un oficio vocacional, creativo, en el que a veces uno está dispuesto a trabajar bajo cualquier condición con tal de que llevar adelante un proyecto personal por el que apuesta con pasión. Pero eso no significa que debamos prescindir de un trato profesional o de una parte, pequeña pero justa, de los grandes beneficios que tantas veces produce nuestro trabajo.
Natxo López
Guionista y miembro de la Junta Directiva de A.L.M.A.
27 Octubre 2009

ACTUALIZACIÓN
Ahora sí, aquí tenéis la nota definitiva de los creadores de la película "¡Soy un pelele!". Más allá del caso concreto, en ella se exponen algunas de las peores prácticas de ciertas productoras cinematográficas nacionales, que abusan de la buena voluntad de los profesionales para forrarse a costa de subvenciones.
Tanto ALMA como TACE como los sindicatos de actores han llegado a un acuerdo para que la ley del Cine incluya una cláusula que especifique que los productores que tengan deudas pendientes con autores o el equipo técnico o artístico no puedan recibir subvenciones, una vieja reivindicación de los sindicatos. Sin embargo, la ley no ha entrado con las garantías que se pedían, especialmente que incluyera a administradores y accionistas de las productoras. ¿Por qué? Porque si no, basta con cambiar el nombre o la razón social de la empresa para seguir cobrando con un expediente inmaculado.
Y así sigue el cine español...
CARTA ABIERTA DE DENUNCIA DEL ESTRENO FANTASMA DE "¡SOY UN PELELE!"
Rogamos la difusión pública de esta nota en la que denunciamos cómo el esfuerzo colectivo para realizar una película se ve tristemente frustrado cuando una productora se aprovecha de la posibilidad de obtener ayudas públicas sin tener obligación de estrenar sus películas de la manera adecuada. Éste es el caso de "¡Soy un pelele!", de Hernán Migoya, que ha sido estrenada silenciando su difusión, sin convocatoria de prensa y sin siquiera disponer del cartel oficial del filme para su exhibición en las salas. La productora del filme, Iris Star, con sus responsables al frente, Pere Domènech y su hijo Jaume Domènech, nunca han mostrado interés en la exhibición apropiada de la película, salvo para obtener subvenciones.
Desde el inicio del proyecto, en el año 2003, éstos son los desmanes cometidos por Iris Star:
1) Oscurantismo absoluto en torno al presupuesto de la película. Ni siquiera el director supo nunca de qué dinero disponía para realizar el filme.
2) Se falseó públicamente el número de semanas destinadas al rodaje de "¡Soy un pelele!". En el dossier de prensa oficial, figuran como 8 semanas las dedicadas a la filmación, cuando en realidad fueron 27 días (menos de 6 semanas), concretamente del 2 de noviembre al 12 de Diciembre de 2006.
3) Una semana antes de empezar a rodar, pretenden despedir al director, porque les parece excesivo el planning de rodaje. Más tarde averiguaremos que su intención era reducir la filmación a quince días, la mitad de lo requerido.
4) Interrupción abrupta y sin explicaciones del rodaje, a tres días de concluirse el plan previsto de 6 semanas.
5) Retención por parte de la productora del material rodado a lo largo de un año entero, sin posibilidad de acceso a él para su visionado y montaje.
6) Transcurrido más de un año, el montaje ya realizado demuestra que, efectivamente, se necesita rodar el material extra que la productora se negó a filmar en su momento, para la completa comprensión del guión. Se reúne de nuevo a todo el equipo, más de doce meses después, para un solo día de rodaje concedido. Iris Star deja a deber el sueldo de casi todo el personal movilizado -incluyendo la remuneración por la banda sonora a los músicos y al compositor principal, Refree, que ha trabajado sin contrato hasta hace escasos días-, y sólo accede a empezar a pagarlo cuando se le echa encima el límite de fecha de estreno, impuesto por los organismos públicos.
7) Seleccionada en la Sección Oficial No competitiva del Festival Internacional de Cinema de Catalunya SITGES 2008, los responsables de Iris Star no hacen acto de presencia en la rueda de prensa del filme, temerosos de que algún periodista saque a colación el hecho de que la película ha sido rodada enteramente en lengua castellana. Se le solicita al director por parte de los responsables de la productora que, de ser requerido sobre el tema, afirme una falsedad: que la película sí está rodada en catalán, pero extremadamente bien doblada al castellano. Todo lo cual induce a sospechar que se esconden intereses ocultos referentes a ayudas económicas de la Generalitat de Catalunya, destinadas a proyectos rodados en lengua catalana.
8) Un año después de su exhibición en el Festival de Sitges, Iris Star no tiene más remedio que estrenar la película, presuntamente para cobrar otra subvención que así lo estipula. Debido a la presión del propio director, la productora se ve obligada a salir con varias copias, siete en total -trece menos de las acordadas inicialmente-, pero sin duda más de las que la empresa hubiera deseado.
9) Iris Star, en todo momento, evita implicarse en promocionar el estreno:
10) Tan poco interés ha manifestado la productora en la difusión del estreno de la película, que ni siquiera dispone de las copias del cartel original de la misma para suministrarlas a las salas de exhibición. Red Pixel, el estudio de diseño original del cartel -ya utilizado en el preestreno en Sitges-, se negó a facilitar de nuevo los archivos para la impresión del mismo ya que Iris Star no ha efectuado el pago del trabajo realizado -motivo por el cual ha sido realizada la correspondiente demanda judicial-, por lo que la productora improvisó por su cuenta y riesgo la recreación de un cartel imitativo, utilizando sin permiso de su autor las mismas fotografías en baja resolución. El resultado es tan grotesco que incluso han olvidado incluir en el cartel "recreado" el nombre de la protagonista femenina, la actriz Rosa Boladeras.
No existe mayor frustración para un equipo de artistas que el hecho de que el fruto de su trabajo ¡de seis años! sea maltratado y silenciado de tal manera, en aras de la especulación económica.
Toda obra artística financiada con ayudas públicas debe tener la oportunidad de ser accesible al público.
Todos los ciudadanos deben tener la posibilidad de conocer y, si lo desean, acceder a aquellas obras que se han co-financiado con sus impuestos: en este caso, se ha impedido cualquier posibilidad de que el público tenga conocimiento de su existencia para decidir si desea acudir al cine o no.
¿Tiene derecho una productora que recibe dinero de las administraciones públicas a realizar estrenos fantasmas, falseando presuntamente el idioma de filmación original, reduciendo al máximo las partidas destinadas a rodaje, tiradas de copias y difusión, e impidiendo que el público pueda acceder a la obra realizada con ese dinero?
Creemos que es una vergüenza que, mientras la inmensa mayoría de las productoras de nuestro país luchan para mejorar la calidad y difusión de nuestro cine, exista aún una productora subvencionada a la que le conviene económicamente no estrenar como es debido sus películas, dando la espalda olímpicamente a los posibles ingresos de taquilla y obteniendo beneficios con la mera especulación de las ayudas obtenidas desde las administraciones públicas.
¿Por qué Iris Star ha cambiado de nombre como empresa (ahora es Stardis) y de sede social? ¿Tal vez pretende burlar el rastro de sus acreedores y así seguir solicitando nuevas subvenciones para nuevos proyectos que tampoco llegarán a conocimiento del público?
Obviamente, los abajo firmantes no estamos cuestionando la política de subvenciones públicas ni la profesionalidad de nuestro gremio, solamente la existencia de un caso absolutamente aberrante, que por su desfachatez avergüenza al resto del sector audiovisual.
Por todo ello, solicitamos que los medios de comunicación investiguen a fondo y denuncien llegado el caso, y que los organismos públicos garanticen la transparencia en la concesión de subvenciones para asegurar la sana administración de las ayudas otorgadas, y para que no se repita la existencia de empresas parasitarias en nuestra industria.
A 26 DE OCTUBRE DE 2009, FIRMAN ESTA DECLARACIÓN:
Hernán Migoya (34745525-T), director de ¡Soy un pelele!
Roberto San Martín (X6522074-X), actor de ¡Soy un pelele!
Rosa Boladeras (45470502-P), actriz de ¡Soy un pelele!
Francisco Calatrava (García Lozano, 36460488Z), actor de ¡Soy un pelele!
Jordi Ordóñez Medina (34737248-A), actor de ¡Soy un pelele!
Francesc Prat Dutren (38146561-A), ayudante de dirección de ¡Soy un pelele!
Bernat Bosch (43727222-J), director de fotografía de ¡Soy un pelele!
Nina Caussa (46750799-X), ayudante de producción de ¡Soy un pelele!
Anna Pons García (38145763-X), figurinista de ¡Soy un pelele!
Làia Serra Ros (47713814-S), Dpto. de Arte de ¡Soy un pelele!
Pepe Cáceres (52160880-P), técnico de sonido de ¡Soy un pelele!
Fric López Verdeguer (46141614-A), key grip de ¡Soy un pelele!
Juan Andrés Pegoraro (X 2047950-F), foto fija de ¡Soy un pelele!
Anna Solanas Santacana (46360102-Z), sonorista de ¡Soy un pelele!
Luis Roldán (46053370-X), diseñador cartel de ¡Soy un pelele!
Y por si alguien es de la opinión de que hay películas cuyo derecho a la exhibición no merece ser defendido, incluimos una crítica de Fausto Fernández, crítico y especialista de la revista Fotogramas; crítica que no será nunca publicada, pues Iris Star no avisó a tiempo del estreno de ¡Soy un pelele! Fausto Fernández ha tenido la gentileza de enviarnos el texto y permitirnos su difusión pública.
¡Soy un pelele! ***** por Fausto Fernández
Yerma pradera pecadora de amnésicos sin talento, la producción cinematográfica nacional sigue empeñada en relegar al olvido a quienes osan cabalgar(la) a contracorriente...del stablishment avinagrado, que no del público, ese forastero siempre ignorado, Hernán Migoya, forastero en tierra extraña (y enemiga) habla en su estupenda puesta de largo en el ídem de lo que los castrantes convencionalismos hacen a nuestro cine y a nuestras vidas: nos reprimen.
Olvidar para vivir, así sucede en estas ricas peripecias de un director sin identidad y una guionista enamorada reescribiendo ese amor a golpe de revisión, ácrata y juerguista, de géneros. Encuentro en París, esa capital metacomedia de Richard Quine, se erige en el eje del film, aunque no en el único: en esta vitalista, cínica, divertida y emocionante coda romántica al ozorismo o a Russ Meyer (convierte a los nudies sesenteros en versos hipnóticos que rimarían con Alain Resnais o Marguerite Duras), el Pierrot el loco de Godard se da la mano (o le mete mano) a Billy Wilder o a Howard Hawks (Su juego favorito pasada por el universo farrellyano).
Generosamente, ¿suicidamente?, el francotirador padre de Kung-Fu Kiyo o DNI reúne en su película las señas de identidad de la comedia de enredos sexuales-sentimentales para que el público se tronche. Es verdad que ya muchos no están para simplemente reír sin coartadas intelectualoides, y que ¡Soy un pelele!, en términos billywilderianos, estaría más cerca de la odiada Bésame, tonto que de Con faldas y a lo loco, pero incluso ahí resalta el estilo y el compromiso del autor.
Dirigida con rabiosa e inocente libertad, con una asombrosa elegancia (o procacidad) y con una magia especial en el trato con los actores (si hubiera justicia el gran Calatrava se llevaría un Goya), ¡Soy un pelele! es una pequeña gran maravilla, un puñetero regalo para amantes del cine que está, sí, puñeteramente vivo. Un canto de cachondo amor libertario que no nos gustaría olvidar jamás. Para quienes odien ser peleles del mainstream.
Lo mejor: está escrita, dirigida e interpretada desde el corazón, y la entrepierna.
Lo peor: su pésimo estreno comercial.
24 Octubre 2009

El pasado lunes 19 tuve la oportunidad de acudir al espectáculo "10 cómicos 10" en el teatro Coliseum de Madrid, evento organizado por la gente de Paramount Comedy, con quienes tengo la fortuna de colaborar desde hace un tiempo.
Se trataba de juntar a diez de los mejores cómicos de Paramount y dejarles brillar a cada uno sobre el escenario durante unos diez minutos. No podía fallar. El público -que agotó las entradas semanas antes- disfrutó y aplaudió como si no hubiera mañana. Pero, aparte de la diversión que estaba asegurada de antemano, el espectáculo ofrecía un magnífico ejercicio de observación, una oportunidad única para confrontar a diez buenos monologuistas y observar sus diferentes maneras de enfrentarse a la comedia, sus variados recursos y estilos humorísticos, y las reacciones del público ante ellos.
Si algo tenían en común los diez cómicos es su inapelable dominio de escenario. Todos ellos se han bregado a lo largo de los años en actuaciones grandes y pequeñas, con públicos provincianos y galas televisivas, en salas ad hoc y tugurios de mínima expresión. Han podido perfeccionar sus pausas, sus gestos, sus mejores chistes. Es la única manera de crecer como cómico: entrenarse y pulir, descubrir lo que funciona y lo que no, y, sobretodo, encontrar el estilo y la personalidad propia, algo de lo que ya hablé en su día a propósito del libro en el que Woody Allen dejaba caer esta sentencia: "...los chistes se convierten en el medio que tiene el humorista de exteriorizar una personalidad o una actitud. [...] De lo que uno se ríe en todo momento es del personaje".
Los diez cómicos han logrado esto, consciente o inconscientemente: crear un personaje. El público, así, les reconoce, se siente concernido por lo que cuentan, y disfruta con ellos.
Es difícil plantear escalafones, pero diré que me gustó Raúl Cimas, el único que se atrevió a hacer su monólogo sin gritar y sin hacer aspavientos cada diez segundos. Sus únicas armas fueron un texto original que iba más allá del tópico esperable, una sinceridad brutal en su exposición, y un gran dominio del tempo. Quizá no fue el más aplaudido, pero en mi opinión demostró que es muy digno de su oficio.
También me reí mucho y bien con David Navarro, Iñaki Urrutia, Toni Moog o Joaquín Reyes (quizá no es su mejor noche, pero aun así). Aunque quizá mi gran sorpresa de la velada llegó de la mano de Ignatius Farray, un friki como la copa de un pino del que me habían hablado, pero al que todavía no había visto en acción. Es el más "diferente" de todos. Es caótico, cáustico, rayano en lo absurdo e incluso en lo desagradable en ciertos momentos. Pero es el único que consigue ir un poco más allá del monólogo consabido y abordar asuntos sociales o políticos, más trascendentes, mezclando denuncia, ironía y surrealismo. Salvando las distancias, recuerda un poco al estilo de Kauffman. Ignatius tuvo el que para mí fue el mejor chiste de la noche: "¿Recordáis aquel anuncio contra el aborto que confrontaba una foto de un bebé con la de un lince? Denunciaban que los linces en España están más protegidos que los bebés... Y tenían razón: yo todavía no he visto a ningún cura follarse a un lince".
Tal vez, si algo hay que achacarles a algunos de estos "Nuevos" Cómicos, es que algunos de sus textos se han quedado un poco viejos, no sólo por lo repetidos, sino también en lo que respecta al tono. Todos los monólogos funcionaron bien, las mandíbulas del público trabajaron duro toda la noche, pero mis deseos personales -egoísta que es uno- me llevan a considerar que tal vez sería posible que el oficio incontestable de muchos de estos profesionales se pusiera al servicio de una comedia que fuera más allá de los chistes de pajas, suegras y abrefáciles, que tuviera más inteligencia y compromiso en los textos, y abrir una veta que hace décadas que se descubrió en EEUU, donde la tradición de "Stand up" es mucho más dilatada y tiene mucho más que ver con cosas que no son única y estrictamente chistes.
Durante la actuación de Don Mauro, uno de los cómicos más básicos de la noche, un compañero guionista que me acompañaba se revolvió en su butaca y dijo "joder, ya sólo le falta hacer chistes de pedos". Y, efectivamente, segundos después el cómico inició una sesuda disquisición sobre el mundo de los pedos en ascensores. No lo critico, oigan, bastante duro es ya subirse ahí arriba -y de hecho recibió tantos aplausos, o más, que el resto- pero mis preferencias personales tienen otras inclinaciones algo menos prosaicas, llámenme snob si quieren (me quedaría tranquilo, no es lo peor que podrían llamarme).
Paramount Comedy introdujo el "Stand Up" como formato televisivo en España hace una década. Lo echó a andar, le cambió los pañales, le aportó dignidad y creó una escuela de cómicos que van a ser el referente del humor nacional durante décadas (algunos ya lo son). Paramount, además, supo mantenerse firme ante la fiebre monologoica de "El club de la Comedia", con sus descafeinados, atildados y burguesitos chistes, una contracorriente facilona y prefabricada que, por suerte, parece haber pasado a mejor historia.
El monólogo es un arte muy, muy difícil. Un buen cómico debe tener fuerza, debe tener rabia, mala ostia, coraje y cojones. Sí. El asunto es que además debería tener inteligencia y trabajo detrás, porque si no toda esa garra se puede diluir en un lenguaje de insultos y pedorretas y lugares comunes, recursos efectivos -fáciles- ante un público manso, pero que a la larga no perduran.
De todas formas yo opino que, para llevar tan poco tiempo entre nosotros, el monólogo español está en forma, y que seguramente va a tener una progresión imparable, gracias al esfuerzo de gente como la de Paramount Comedy, o dignos defensores del género como Buenafuente. Y estoy convencido de que el público está perfectamente preparado para entender que la capacidad de hacer comedia yendo más allá y ahondando en lo profundo del alma humana y de las maldades y defectos de los hombres y los absurdos de la sociedad en la que nos organizamos, es lo que distingue, a la postre, a un buen cómico de un auténtico genio del humor. Y si no, acuérdense de Gila.
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