"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en 8 semanas os mostraré a los 3 tipos más nerviosos que hayáis visto". Groucho Marx
Ver un largometraje de alguien conocido o con quien compartes amistades siempre es un ejercicio peligroso. Antes o después sabes que, de alguna manera, tendrás que emitir un juicio sobre lo que has visto. Y, si lo que has visto no te ha gustado, es un marrón.
Una técnica usada por unos amigos, en caso de acudir a un prestreno fallido, es acercarte a saludar al final de la proyección y exclamar, seguro de ti mismo, y con una sonrisa: "¡qué hijoputa, tío!". A continuación das un par palmadas de machote en la espalda, y te vas lo más rápido que la turba te lo permita.
Este fin de semana he visto "Pagafantas", primer largometraje de Borja Cobeaga, un vasco que demostró ya su talento en cortos como "La primera vez" o "Éramos pocos" (nominado al Óscar). Por suerte para mí, esta vez la experiencia fue positiva, y no tengo pudor en afirmar que se trata de una buena ópera prima.
"Pagafantas" es una comedia, como todos sabéis. Empiezo diciendo esto porque hay una cierta tendencia a considerar que en las comedias todo vale, que son fáciles de hacer, que lo único necesario es apabullar al espectador con chistes, soltar algunas barbaridades, si se puede enseñar alguna tetilla, y hacer que los actores exageren mucho todo el rato. Por suerte, Cobeaga es consciente de que escribir y rodar comedia es algo muy serio, muy difícil, que exige inteligencia, contención, verdad, sentido del ritmo y un mimo especial en la creación de personajes.
Todo en "Pagafantas" pivota alrededor del personaje de Chema, interpretado por el divertidísismo -ya lo hemos dicho por aquí algunas veces- Gorka Otxoa, un pobre chaval desposeído de todo sex appeal, incapaz de intentar besar a una chica sin que ésta le haga "la cobra". Chema conoce a una argentina preciosa aunque algo irritante de la que se enamora hasta las cachas, y centra todos sus esfuerzos en evitar convertirse en ese "amigo abrazable" al que una chica quiere "como a un hermano", y con el que jamás se planteará nada ni remotamente sexual.
Lo que hace de Chema un gran personaje es que está basado en un estereotipo real, reconocible. Para que un personaje sea divertido no es imprescindible hacerle paralítico, subnormal o epiléptico. Muchos hemos sido "pagafantas". Yo también he tenido mis momentos, sí, y de hecho no pude evitar retrotraerme un poco y sentir cierto cabreo en ciertos momentos ante las maldades, supuestamente ingenuas, a las que la "guapa" sometía al "tonto". Chema sufre de verdad, y hay un trasfondo muy dramático en todo lo narrado (las escenas cotidianas con la chica "con la que te conformas" son espeluznantes).
La película se mueve con ritmo y tiene grandes ideas. Quizá más de guión que visuales, pero en general todo lo que tiene que ver con la realización está bien resuelto (en algunos momentos, como en la persecución nocturna, se nota que hay oficio). Especialmente acertado me parece el look de los vídeos "documentales" que explican y contextualizan las distintas actitudes de apareamiento (la cobra, el pagafantas, el abrazo del koala...), extractos que fueron incluidos en última instancia, para evitar que el film quedara demasiado corto, y que aportan frescura y una visión irónica sobre la historia.
Evidentemente, no todo son aciertos. Lo contrario sería un poco extraño, e incluso contraproducente, en un primer largometraje (es absurdo, pero en esta industria es tan fácil morir de éxito...). El final no fue de mi agrado (porque sortea una línea más amarga hacia la que parecía derivar), me sobraron los "momentos de terror" -con pasillo de hotel metido con calzador-, algunos figurantes eran para matarlos, me fallaban algunos "running gags" ("a mí no me gusta dar consejos pero..."), y eché de menos un mayor hincapié en ciertos secundarios que prometían más, especialmente el de Julián López.
Pero son muchas más las cosas que me gustan. Me gusta ver Bilbao en cine, me gustan casi todos los actores, me gustan las secuencias "de acción", me gustan las situaciones que jalonan algunas escenas, las aportaciones de los chicos de "Muchachada", los pequeños detalles y la idea general y, sobre todo, me gusta ver a alguien con talento rodando sin prejuicios una comedia inteligente.
En fin, que dejen de leerme ya, que no aporta nada, y vayan a verla.
El humor tiene una amplia cantidad de recursos, pero son limitados y universales. Lo que resulta divertido en un lugar del mundo, puede funcionar también en otros. Siempre es interesante descubrir que dos grupos de guionistas separados en el espacio y en el tiempo han resuelto una situación parecida de manera semejante.
Salvando las distancias, el chiste que se hizo en este cameo de Andy & Lucas en "7 Vidas", es igual al que se había hecho 30 años antes con Stevie Wonder en "The Muppet Show". No es que sean dos grandes hallazgos humorísticos, pero son más o menos eficaces. Cuando grabamos este capítulo aún no habíamos entrado en la era de los yutubes y los divequis, así que podemos descartar imputaciones de copiatas. Parece que, sencillamente, el humor se abrió paso de la misma manera en ambas ocasiones.
En mi opinión el señor Coco resulta aquí bastante más divertido que Anabel Alonso. También hay que decir que Lucas -con esa bien dirigida pausa final- resulta mucho mejor actor que Stevie Wonder, que mata un poco el chiste. Qué cosas éstas que nos descubre el youtubismo.
Cambiando de tema, si alguien le interesa leerme cambiando el contexto, fuera de estas páginas, aquí tienen una entrevista que me han hecho los amigos de SmallSquid.com. Sí, sí, yo tampoco lo entiendo.
Hemos de admitir que esta industria nuestra de lo audiovisual tiene una nutrida representación de personajes llamativos, estrafalarios, esperpénticos. Desde los actores a los guionistas, pasando por técnicos, directores de cásting, jefes de producción y conductores cuentan entre sus elencos con personajes que no resultarían creíbles en ninguna ficción, porque parecen directamente imposibles.
Pero si hay un puesto que acumula más que ningún otro inquinas y anecdotario es el de los productores ejecutivos. En este país tenemos por costumbre criticar siempre al que más manda, cierto es. Pero también es verdad que el dinero, el poder de decisión y el éxito son vitaminas para el ego que no todo el mundo es capaz de digerir con pragmatismo. Cuando, además, nos movemos por el resbaladizo terreno de la ficción, en el que casi nadie sabe nada, y en el que éxito, calidad y capacidad a menudo no tienen ninguna relación entre sí, algunas figuras de prohombres de la industria resultan, a ojos de muchos, algo patéticas.
Hay un productor ejecutivo en concreto que siempre acaba surgiendo cuando los trabajadores del sector comparten sus historias de abusos laborales, maltratos profesionales o hijoputadas en general. Llamémosle el productor avieso.
El productor avieso se volvió poderoso gracias a que -sea por sus propios talentos, sea por los de su equipo- una serie suya se convirtió en un gran éxito. El dinero entró a espuertas y los medios de comunicación ensalzaron a varios de los actores protagonistas. Una de las actrices más llamativas del plantel, arrojada y segura de sí misma, decidió que su aportación al éxito de la serie merecía sin lugar a dudas un aumento de sueldo. Así que se dirigió al despacho del productor avieso decidida a no salir de allí sin una sustancial modificación en su contrato. La actriz arrojada defendió su postura, aduciendo que ella era una estrella mediática, una "chica Almodóvar", y que sin ella la serie se iría a pique.
Pero si algo distingue a los productores aviesos de las actrices arrojadas, es que aquéllos son mucho más taimados que éstas. Lo que la actriz no sospechaba es que el productor avieso había ordenado instalar una cámara oculta en el coche que cada día la recogía en su casa para llevarla al plató, y traía de regreso tras la jornada de grabación. El productor escuchó atentamente los argumentos de la actriz, y cuando ella terminó su speech, él apretó un botón de un mando a distancia. Una imagen de vídeo mostró a la actriz dentro de su coche, haciendo llamadas varias en las que -como cualquier hijo de vecino- ponía al productor avieso no de hijo de puta, sino de lo siguiente.
El productor, muy tranquilo, detuvo la imagen y le dijo a la actriz: "no sólo no te voy a subir el sueldo, sino que además estás despedida". La actriz lo había conseguido: tenía una sustancial modificación en su contrato. Aunque tal vez no la que ella había esperado.
Efectivamente, la actriz perdió su papel, pese a lo cual la serie siguió funcionando durante bastante tiempo. Espero, amigos actores, que hayáis tomado nota de la moraleja y que tengáis cuidado de lo que decís: nunca se puede saber quién está escuchando.
Y así termina la fábula de hoy, una de las más difíciles de digerir que he escuchado en esta profesión. Lo que más me cuesta es imaginarme ese momento en el que el productor se acercó al conductor del coche y le dijo algo así como: "Paco, que vamos a poner una cámara oculta en el coche, a ver qué larga la gorda, ¿vale?". "Vale".
Leo en el País que Obama y su gente se han reído de sí mismos en la cita anual con la Asociación de corresponsales de la Casa Blanca, una cena en la que se dedican a hacer chascarrillos sobre asuntos propios y ajenos, en una especie de competición de monologuistas amateur, pero con unos chistes que, presumo, habrán sido pensados y trabajados por un equipo de guionistas profesionales.
Sé que es un coñazo esta actitud de "todo lo que viene de EEUU" es mejor. No creo que sea así, pero en estos asuntos sí que considero que nos llevan mucha ventaja. No hay que ser ningún experto sociólogo para alcanzar a comprender los beneficios de una autoparodia saludable, tanto personales como políticos. Reírse de los propios defectos y contradicciones es un ejercicio de humildad e inteligencia que favorece la empatía, el acercamiento, la simpatía y la distensión de los asuntos más graves.
Los españolitos, que nos creemos tan graciosos, no solemos poner mucho empeño en reírnos de nuestros asuntos. Nuestra comedia suele enfocarse a la crítica y derribo del de al lado, al que consideramos un blanco mucho más digno de nuestra afilada lengua. Y así, nuestra vida política abusa de gravedad, de violencia verbal, de seriedad mal entendida.
No hay más que fijarse en la flagrante ausencia de los asuntos políticos en nuestra ficción. Pocas veces un personaje expresa con franqueza sus preferencias políticas, casi nunca se hacen tramas "políticas". No sé si es por miedo de las cadenas, o por miedo de los creativos a que las cadenas tengan miedo, pero entre unos y otros el caso es que hemos desterrado la ficción política de nuestras pantallas. Algunos valientes se esfuerzan desde hace tiempo por sacarles los colores a los políticos con producciones como "Vaya Semanita", "Polonia", "Los guiñoles", "El intermedio"... Pero falta una buena sátira política que, como hizo en su día "Yes Minister", nos explique cómo son los verdaderos entresijos de la gobernación al mismo tiempo que nos haga desencajar la mandíbula.
Porque todo lo que envuelve a la política, con esa contradicción constante entre lo que soy y lo que quiero demostrarle al mundo que soy, es un universo abonado para el humor. Basta con repasarse la sección nacional de cualquier periódico para echarse unas buenas risas, si se lee con la actitud adecuada.
Los políticos americanos se pelean por una aparición en el SNL -que aquí ha quedado tan descafeinado- y por conseguir los mejores "chistosos" profesionales para sazonar sus discursos y apariciones mediáticas. Y, al mismo tiempo, las ficciones recurren a los políticos, a sus desvaríos idelógicos y a su influencia en los personajes, para sacar petróleo de la refinería del humor. Aquí, como mucho, algún que otro diputadillo intenta improvisar una respuesta pocas veces ingeniosa cuando algún reporterillo maleducado intenta -a menudo también sin mucho éxito- lanzarle alguna pregunta supuestamente incisiva.
Qué triste es pensar que cualquiera de nuestros políticos está muy por debajo del sentido del humor del señor McCain. Cuando le preguntaron qué tal lo llevaba, en su primera aparición televisiva tras su derrota electoral, dijo "he estado durmiendo como un bebé: duermo dos horas, me despierto y lloro, duermo dos horas, me despierto y lloro...".
Hay chistes buenos y chistes malos. Chistes mediocres y chistes que te arrancan una sonrisilla. Chistes de texto y gags visuales. Chistes de contraste, chistes inteligentes, diálogos de humor soterrado, slapstick, humor de pandereta, screwball comedy, humor negro, humor ácido, humor amarillo...
Lo que no recuerdo haber visto nunca hasta ahora es un chiste PREMONITORIO, que se adelante en el tiempo prediciendo el futuro. Y mucho menos en boca del propio protagonista de la adivinación.
Lo pudimos ver en "Extras", imprescindible comedia televisiva de Ricky Gervais que cuenta en cada uno de sus capítulos con la participación de un actor famoso interpretándose a sí mismo en clave de caricaturesca. En el tercer episodio de la primera temporada apareció Kate Winslet rodando una película sobre el holocausto. Y esto es lo que decía...
(Subtítulos, abajo, desincrustados, como la vida misma).
- Eres una actriz.
- No, no lo soy. Sólo soy una extra. Usted es la actriz. Una actriz brillante, por cierto.
- Sí, lo es. Yo también soy actor. Así como... Si hubiera... alguna frase para mí, me encantaría ayudar. Y me gustaría añadir, que creo que está realizando una labor encomiable. Usar su fama para mantener vivo el mensaje sobre el Holocausto.
- Dios, no lo estoy haciendo por eso. No creo que necesitemos más películas sobre el Holocausto, ¿verdad? O sea, ¿cuántas ha habido? Lo entendemos, fue triste, sigamos adelante. No, lo hago porque me di cuenta que si haces una peli sobre el Holocausto, ganas un Oscar seguro. Me han nominado cuatro veces, nunca gané. Y todo el mundo va diciendo, "¿Por qué la Winslet no ha ganado ni uno?"
- Sin duda, sí.
- Por eso es... por eso lo estoy haciendo. La puta Lista de Schindler. El Pianista. Los Oscars se les salen por el culo.
- Bueno, pues buena suerte.
- Es un buen plan.
- Gracias.
- Suerte con tu llamada.
- Está bien.
- Hasta luego.
- Adiós.
Y un par de avisos breves.
Uno, que ya pueden escuchar aquí la entrevista que me hicieron en "Estación en Curva", de Radio Vallekas, en la que participé hace un tiempo con mi profunda voz vicetiplera.
Y dos, les recuerdo que el blog cambió su dirección a la de "http://elguionistahastiado.espacioblog.com/". Modifiquen sus enlaces o algún día dejarán de funcionar y la tierra se nos tragará a todos. Más o menos.
Como bien saben ustedes, todo apunta a que "La Familia Mata" no tendra una cuarta temporada. La causa directa es la habitual: audiencias insuficientes. A pesar de que la serie cuenta con dos millones y medio de espectadores bastante fieles, el share es el que manda. De momento se emitirán los capítulos restantes de la temporada, e incluso es posible que un aumento de audiencia haga retractarse a la cadena. Aunque también puede pasar que el bajón sea aún mayor y la retirada llegue antes de tiempo.
En cuanto a las razones de este bajón, hay unas cuantas superficiales y evidentes (algunos dirán que son excusas, es que tenemos un idioma tan rico): seis meses sin emitir, un pésimo arrastre de "Fichados", cortes de publicidad letales y un día de emisión muy complicado, no sólo por CSI y MQB, sino también por la irrupción de los granjeros y por la fuerza de algunas propuestas autonómicas ("Crackòvia" se marcó un 28,1 en Cataluña, y "Padre Casares" un merecido 34,2 en Galicia).
Otra cosa son ya las causas intrínsecas que han hecho que la audiencia no respalde el producto. Ahí ya cada uno tendrá sus interpretaciones. Ustedes ya saben que yo creo que es una serie demasiado larga, y que eso impide imprimirle a todo el proceso el mimo y el cuidado por el detalle que exige siempre la comedia. Pero por supuesto que cada pequeño engranaje en la cadena es importante y cada uno deberá hacer acto de contrición y meditar sobre qué podría haber hecho mejor. Yo, por ejemplo, podría haber comido menos bocatas.
Desde dentro estas cosas se viven siempre con un poco de tristeza, pero sin histrionismos. Al fin y al cabo, hoy en día que una serie emita tres temporadas ya es un éxito. Un comentario generalizado en el equipo es que es una lástima que los Mata caigan en su mejor momento. Realmente la serie había ganado; en ritmo, en comedia. Algo, un poco al menos. Se iban ajustando los estándares del formato y del tono, y cada vez se trabajaba más a gusto y con más eficacia. Incluso la cadena estaba más contenta que nunca con el resultado.
Estoy seguro (porque alguno ya se ha paseado por aquí) de que habrá algún que otro revoltosillo que se alegrará de la caída de otra producción y de que un montón de gente se vaya al paro. Bien, nada me provoca más ilusión que expandir alegría por la faz de la tierra, aunque sea a bobotontos. Está claro que el mundo podrá vivir sin Los Mata, faltaría más. Y también los miembros de su equipo. Habrá más proyectos, más trabajos, más peleas, sinsabores, hallazgos y alegrías. En este oficio en el que tan complicado es plantearse realizaciones creativas, el mayor éxito de un currante es simplemente el de seguir currando.
Lo que uno se lleva de verdad de un trabajo así, o al menos yo me lo llevo, es el orgullo de haber trabajado junto a un grupo de profesionales como la copa de un pino (de todos los departamentos), con los que además siempre será un placer irse de cañas a despotricar, a reírnos de nosotros mismos, a comernos un poquito la polla y a seguir palante. La siguiente, estoy seguro, saldrá mejor.
- Esta escena la veo bastante bien. Sólo cambiaría una cosa. Ya imagináis cuál.
- Lo de las pajas, ¿no? Jaja, lo sabíamos.
- No creo que la cadena lo pase.
- ¿Pero por qué? Tampoco es para tanto. El tío quiere convencer a su novia de que su trabajo es demasiado agotador. Así que cuando ella quiere echar un polvo, él se aparta y le dice que no va a poder. Y a ella lo primero que se le ocurre preguntarle es: "¿Te has hecho una paja? Joder, es que no se te puede dejar solo".
- Pues eso: dice claramente "te has hecho una paja".
- Sí, claro, lo dice. Pero es "hacer una paja", no es que diga "quiero tragarme todo tu semen".
- ¿Pero qué más da si lo quitamos? Tampoco es muy gracioso, ¿no?
- No, no intenta ser un gran chiste, sólo es una situación cotidiana. Es una respuesta que podría darle una chica a su novio. No me importa quitarlo, me da igual, pero es que no entiendo el motivo.
- El motivo es que esto es televisión.
- Pero hemos hablado ya de cosas mucho peores. Hemos hecho chistes sobre consoladores, sobre curas pederastas, sobre sexo en grupo... No sólo aquí, ya en "7 Vidas" los hacíamos, en el siglo pasado.
- Ya, pero cuelan si las dices con un eufemismo o con forma de chiste. Puedes decir "te voy a hacer una caidita de roma", pero no "te voy a follar". Puedes decir "la tiene como un brazo de gitano", pero no "tiene una polla como un brazo de gitano".
- El Frutero dijo "tiene una polla como un brazo de gitano".
- ¿Sí?
- Además es absurdo. Es una serie que se emite a las diez y media o a las once menos cuarto de la noche. No hay niños a esa hora.
- Aun así.
- Y estamos en el siglo XXI.
- Ya.
- En cualquier programa de testimonios por la tarde hablan de cosas mucho más fuertes. Y encima reales.
- Bueno, no siempre, je.
- Ya, eso es verdad, jeje... Pero en cualquier película, en cualquier anuncio, en Internet... salen tías en pelotas, o gente follando; hay programas y secciones y columnas de consultorio sexual. El sexo está por todas partes. Hacer una paja no es que sea algo transgresor, precisamente.
- Ya, ya, si a mí no me tienes que convencer. Es a la cadena.
- En "Aída" hacen chistes escatológicos a punta pala. Y sexuales, y de todo.
- Pero los hacen con forma de chiste.
- No entiendo lo de "forma de chiste". Hace unos años, en "Aquí no hay quien viva", la vieja del cigarro le decía a la mujer del Cuesta -que estaba preocupada por su vida sexual- "tú, cuando esté a punto de correrse, le metes un dedito por el culo". Hace ya unos años. En Prime Time. Y no pasó nada.
- Cuando haces un 30 de audiencia te dejan hacer lo que quieras. Y más al Moreno.
- ¿Y no seremos nosotros los que nos autocensuramos por simple costumbre? Los tiempos cambian, y a lo mejor no nos damos cuenta.
- Que no, que es por la cadena.
- Bueno, pues que nos digan ellos que lo quitemos, ¿no? ¿Por qué no lo dejamos a ver qué pasa? Ellos se leen los guiones.
- Ya verás cómo cuando manden el informe nos dicen que lo cambiemos.
- Bien. Pues si lo piden, lo cambiamos. ¿Vale?
- Vale, vale. Pero lo van a pedir.