Bicicletas y globos
Descubro que Globomedia ha cambiado su logotipo por el de una cabra subida a una escalera. Entiendo que intenten buscar esa imagen mezcla de modernez y España cañí sin complejos, pero con la tendencia que sus programas tienen últimamente al humor chusco y más facilón, se me antoja un símbolo poco afortunado (deberían haber puesto a Emilio Aragón al lado, con su organillo, jaja!).
Globo, como se la conoce en el medio, es la productora de ficción más importante que hay ahora mismo en España, creadora, entre otras, de “7 Vidas”, “Aída”, “Periodistas”... (tres producciones en las que yo tuve la fortuna de poner mi granito de arena, sobre todo en la primera), pero también de “Javier ya no vive solo”, “Los hombres de Paco”, “Mis adorable vecinos”, “Médico de familia” y otras tantas cuyo sentido del humor no comparto.
Para bien o para mal, Globomedia seguirá en nuestras pantallas, cada vez más. Pero su error es que intenta perpetuar su éxito huyendo de la innovación o el riesgo, repitiéndose a sí misma en contenidos y agarrándose a fórmulas algo casposas. Y contratando por cuatro duros a guionistas noveles con ganas de aprender, con lo que se crea una buena cantera de futuros contadores de historias, pero se rebajan al mínimo los sueldos del sector. En los últimos años decenas de buenos profesionales han huido de Globo. Que eso se nota en los resultados es un hecho, al menos para mí. Otra cosa es que Emilio Aragón y compañía vayan a dejar de ganar dinero, nada más lejos de la realidad.

En los estertores vacacionales tuve la suerte de acudir a un cine de verano, uno de los mejores inventos del mundo. Pipas, cerveza, cine y aire libre, todo junto y revuelto. La película proyectada fue “La Bicicleta”, una producción modesta de un director al que conozco tangencialmente, Sigfrid Monleón, que se estrenó hace unos años con “La Isla del Holandés” (que no he visto, pero ganas tengo).
“La Bicicleta” cuenta tres historias unidas por una peculiar bici y una ciudad, Valencia, que cambia a peor, vía especulación constructiva. Tres generaciones de personajes que dudan, se equivocan y enmendan sus errores. Destaca la dirección de actores, y la realización serena, muy basada en planos secuencia. Lo peor, una iluminación que no aprovecha la luz levantina, y una música algo pobre. Se ha tachado a “La Bicicleta” de blandengue y algo ñoña. Puede ser, pero también se puede cambiar eso en “optimista y sencilla”. No es un peliculón, pero está hecha con mimo y a base de historias pequeñas, reales, cercanas, lo cual hoy en día no es decir poco.
Fue muy llamativo el coloquio posterior a la proyección, ¡un coloquio de cine de verano! Destacó la gente agradecida con la defensa de la bici como vehículo urbano, y un par de frustrados que se quejaban de que los personajes del film consuman drogas, como si eso fuera apología de los estupefacientes. Maldita la manía de la gente de extrapolar mensajes universales de lo que no son más que pequeñas historias...




metabarón dijo
Buena apreciación la de la cabra. Ahora que Emilio Aragón no suelta su Casiotone...
Y en cuanto a innovar...
El problema me parece generalizado en todo el sector audiovisual patrio. Excepto -quizás- en la publicidad para TV. Ahí si que parece haber cierta afición al riesgo.
¡Ah! Y me alegro de que trabajara en "7 vidas". Era mi serie de ficción favorita made in Spain.
1 Septiembre 2006 | 09:29 AM