Ayer vi “Salvador (Puig Antich)”, un film de Manuel Huerga (Antártida), que narra las vicisitudes que concluyeron con la ejecución de este joven izquierdista durante los últimos estertores del franquismo.
La película hace un esfuerzo por recordar y ensalzar la figura de uno de tantos jóvenes que se rebelaron contra el régimen, en un momento en el que la amenaza del revisionismo justificador campa a sus anchas por numerosos medios de comunicación de corte reaccionario.
Es una intención loable y sincera, pero el resultado no es el esperado. Posiblemente, los que hayan impulsado el rodaje de este largo estaban tan concienciados de la bondad de las actuaciones de su protagonista, que se les ha olvidado contárnoslas a los demas; es decir, convencernos. Yo, que hasta ahora no sabía quién era este tal Salvador (fue conocido sobre todo en Cataluña), y que acudí virgen de expectativas al cine, salí con la sensación de que me habían contado la historia de un pobre tonto que se metió en un lío. Y matizo.
El guión no trata explícitamente de hacer un alegato contra la pena de muerte (lo hace de forma implícita, mostrando la barbaridad del hecho en sí mismo) sino que centra todos sus esfuerzos en demostrar que Salvador era inocente, que era un noble luchador al que los “malos” querían matar. Pero el film nos muestra a un chaval que formó un comando revolucionario con unos amiguetes para asaltar bancos con el fin, en teoría, de ayudar económicamente a la lucha contra el franquismo.
Por desgracia el realizador se ha querido lucir haciendo video-clips con los atracos y las persecuciones, centrando en ellos gran parte de la primera parte del film, de tal manera que no vemos las “cosas buenas” que hacen Salvador y sus amigos con ese dinero, sino sólo las “malas”: atracar bancos armados hasta los dientes. Vale que la policía de aquella época era un aparato de represión fascista y brutal, pero eso no justifica ninguna muerte, aunque sea en un intento desesperado por escapar (si se justifca una muerte así, te quedas sin argumentos para criticar la pena de muerte). A mi juicio, y por lo que he podido ver en el film, Salvador no era ningún héroe, era un delincuente.
Por supuesto que no fue un juicio justo. Por supuesto que la pena de muerte es una tropelía digna de bárbaros y no de hombres civilizados. Y por supuesto que sus amigos y familiares lloraron su muerte, como es lógico. Pero Salvador (y aquí está el gran problema del film) no me resulta un personaje interesante. No es un pensador, ni un héroe, ni siquiera un mártir. Es un delincuente con ideales que metió la pata (y la mete varias veces en el film, dejándose la mochila con los documentos en un bar, acudiendo a una trampa, disparando cuando no debe...). Por eso no me interesan demasiado sus devaneos ni amorosos ni políticos ,y eso es un fallo del guionista.
La última parte de la película se me hace eterna. En parte, porque se intenta jugar a una tensión sobre la llegada de un indulto en el último momento, recurso no sólo archiutilizado en películas con la Pena de Muerte como trasfondo, sino aquí carente de todo suspense, al saber el espectador de antemano el desenlace. Demasiados lloros de unas hermanas guapas sí, pero mal dobladas (no lo entiendo, ¿grabaron esta parte en catalán y luego la doblaron?) y dotadas al final de una presencia que no han tenido antes, de igual forma que Leonor Watling e Ingrid Rubio desaparecen del relato bastante repentinamente.
Lo más interesante del film, aparte de la recreación de una época interesante, es la construcción bien medida del personaje del carcelero, un hombre simplón y algo violento que cambia su mentalidad institucional al conocer a este joven al que no comprende. Claro está, también ayuda la gran interpretación de Leonardo Sbaraglia, un tipo que me recuerda físicamente a Eduardo Noriega pero que le da mil vueltas interpretativas por delante y por detrás, y que sólo cojea algo en el tema del acento (“efecto Viggo”, que lo llamo yo, aunque aquí más suavizado).
Destaca también la sexualidad y naturalidad de Ingrid Rubio y la (por momentos) acertada contención de Tristón (perdón, Tristán) Ulloa. Pero Daniel Brühl me resulta soso, poco carismático y algo ñoño, lo que tampoco ayuda mucho al personaje. Su voz en Off es de lo peor recitado que he oído en tiempos, y su carita de niño bueno no aporta demasiados matices. Cuando más fresco resulta es cuando ligotea con la hippy Margadila de senos perfectos, posiblemente porque el actor estará más ducho en estas situaciones que en afrontar penas de muerte.
En cuanto a la puesta en escena, se abusa de los momentos-videoclip, los primeros planos y los efectos de pospo. Echo en falta mayor crudeza en los planos, algo que sí está presente en algunos momentos, como la muerte final, bien narrada y cuya tensión es apuntalada por la presencia de un estremecedor verdugo, mundano y rutinario.
Como buen español, me centro más en criticar lo malo que en alabar los aspectos positivos del largo. Y tenerlos los tiene, también. Pero me queda esa típica sensación de “ups... qué pena, porque con el tema y el equipo que tenían podía haber sido un film bastante más redondo”.



También la vi y coincido en lo básico.
Que pena, de muerte.
¿Que no sabias quien era Daniel Brühl? ¿Que es sobre todo conocido en Cataluña? Que un guionista diga esto me sorprende. Por supuesto no habías visto "Good Bye Lenin" y tampoco sabías que más que en Cataluña es conocido en Alemania puesto que el 95% de su carrera cinematográfica se ha desarrollado allí.
Un saludo
No, que no sabía quién era Salvador Puig Antich... jejeje
La proxima vez procuraré leerme las cosas después de sacarme el boli del ojo. ¡Lo juro!
No ha sido culpa de tu ojo, ni siquiera de tu boli, estaba redactado poco claro (lo he cambiado para que se entienda mejor). Un abrazo.
Pues yo la vi anoche y, básicamente, discrepo.
Yo sí sabía de Puch Antich y la peli está basada en "Compte enrere", de Francesc Escribano ("Cuenta atrás"). El libro es más periodístico, sigue un formato de investigación que en la película han obviado (yo creo que acertadamente). No suelen gustarme los flashback, pero comprendo que en este caso no podía contarse de otra manera.
Compartiría contigo que Puch Antich fuese un delicuente si viviese hoy, pero en su contexto el atraco a los bancos sirve para financiar la resistencia y lo justifico. No el asesinato, desde luego, y de hecho, cuando matan a ese hombre se desintegra el grupo.
Yo lo veo como a un luchador. Uno de tantos. Es decir, gente que vivía contra Franco y que no se dejó doblegar. Fueron necesarios para que terminase la dictadura.
Su juicio fue injusto y su muerte una venganza por el asesinato de Carrero. Las trece rosas también fueron fusiladas en venganza por el asesinato de un militar.
Y Leonardo Sbaraglia está sublime.
Sí, sabía que mi opinión no sería compartida por mucha gente, claro.
No critico la vida y obra de Salvador Puig (cuyo asesinato a sangre fría condeno como cualquier otra ejecución "legal"). Estoy seguro de que fue un joven digno de admiración.
Simplemente, el film no consiguió que me identificara con la lucha de ese personaje, tal y como estaba explicada.
Un abrazo, Ruth
Pues yo sí que estoy de acuerdo con tu opinión ;). Completamente, vamos. Yo entiendo que Salvador fuera un luchador, que los atracos tuvieran un fin justificable... pero la película no muestra eso. La película se centra en la agonía, pasando muy por encima de los detalles que le llevan a la cárcel...
Por lo visto sus compañeros del MIL también opinan lo mismo... (lo siento, está en catalán, no he logrado encontrar una versión en castellano).
salu2
Muchas gracias, Lady Madonna, muy interesante el link... Veo que se trata de un asunto espinoso.
El problema con el MIL parece residir en que la historia de Salvador que nos cuentan se basa en lo que cuentan sus hermanas y su entorno cercano, por eso difiere del perfil que el partido quiere defender.
De hecho, el MIL no sale bien parado en la peli, en el sentido de que no aparece como un gran grupo organizado, sino sólo como un grupo de amigos poco experimentados que hacen "travesuras", pero a mí eso no me importa.
Me quedo con la historia que considero más cercana a la realidad y que es que cualquiera, en la medida de sus posibilidades, pudo luchar contra Franco y su lucha, por pequeña que fuese, contribuyó a acabar con la dictadura.
Un abrazo, Guionista.
Bueno, pero es que para mí el problema es que la historia que nos cuentan es la de un condenado a muerte. Si alguien que no haya oído hablar en su vida de Salvador Puig Antich (yo sólo sabía que era un anarquista y el último preso político ejecutado, nada más) va a ver la película, se irá de la sala sin saber apenas nada (salvo que después de ejecutarlo, tardó unos minutos en morir :S).
Y es que precisamente no cuentan nada de la lucha contra Franco (atracar bancos es luchar contra Franco?)... y desgraciadamente nadie acabó con la dictadura, sólo Franco con su muerte.
salu2
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