Ayer se estrenó la nueva serie de Ana Obregón “Ellas y el sexo libre”. La verdad es que no la vi. Cometí el pecado de irme de cañas y cine con unos amigos, en vez de quedarme en casita asistiendo al estreno mundial.
He de decir que conozco a una de las guionistas de la serie (por cierto, Ana Obregón, sólo quiso contratar mujeres para trabajar en el proyecto: productoras, guionistas, realizadoras, directoras… lo que no deja de ser una tontería sexista y poco inteligente). Mi amiga sabe que la aprecio y la respeto, pero que le tengo poca simpatía a su “jefa”. Ir pregonando por el mundo que es una guionista nata y que tiene en su cabeza noventa y tantos capítulos pensados no es una manera de ganarse los afectos de la profesión. Eso sí, en su descargo diré que por lo visto trata bien a su gente. Siempre que hagan lo que ella dice, claro.
A pesar del empuje mediático de Antena 3, la serie tuvo una audiencia discreta, lo que confirma las pocas ganas del público español de confiar en nuevas propuestas, saturados ya de tanta búsqueda de otro “Aquí no hay quien viva” que dé el pelotazo. Pero muy lejos estoy de darla por acabada. Ana Obregón es un animal televisivo capaz de que una basura como “Ana y los 7” sea un éxito, y puede que consiga levantar esta nueva aventura también. Aunque su error (o uno de sus errores, mejor) ha sido prescindir esta vez del público familiar, que tantas alegrías le dio en el pasado.
Por cierto, las críticas tampoco son buenas, si es que eso significa algo en este mercado televisivo.
Al cine acudí con una pareja de amigos a la que quiero desde hace años, y que tienen gustos cinematográficos algo distintos a los míos. Y maneras. Antes de ir al cine pasamos nada menos que por un ¡Mc Donalds! y colamos poco disimuladamente en la sala una bolsa enorme con hamburguesas, patatas fritas y bebida. Por suerte la sala estaba bastante vacía y no hubo ni un atisbo de la vergüenza que yo había previsto. Es más, disfruté de mi menú de comida basura. Además la película se prestaba a ello, no era ninguna obra sesuda y comprometida.
Mis amigos son fans de las comedias románticas, así que me propusieron ir a ver “Separados”, el último film de Jennifer Aniston, la única chica de “Friends” que parece haberse impulsado en la gran pantalla, y de Vince Vaughn, que ha engordado notablemente y que es, también, productor del film.
Es una historia poco original, a ratos tierna, a ratos bastante cínica, donde un joven matrimonio discute por las clásicas movidas de convivencia (“que no haces nada por mí” “Que me pones la cabeza como un bombo…”) y acaban convirtiendo su casa y su matrimonio en un infierno. Una escaleta muy sencilla sirve de armazón para unos diálogos razonablemente divertidos, con situaciones no muy originales pero bien aprovechadas, aunque con una realización pobre, casi televisiva. Destacan algunos secundarios (Judy Davis en su papel de loca de siempre, un Vincent D´Onofrio desaprovechado, un inspirado Jon Favreau...).
Agradecí que el final no fuera exactamente el clásico de comedia romántica, al menos en la forma. En cuanto al humor, destaca el personaje de Jhonny O, con algún discurso ultrafascista divertido. La mayoría de los “momentos cómicos” siguen la estela reciente en la comedia americana de “situaciones incómodas” donde te provocan la vergüenza ajena (por cierto, ¿sabéis que en Inglés se dice "Spanish shame"?). Algunos funcionan, la mayoría no.
Y bien, estaré algunos días ausente, pasando las horas entre libros, sol y piscina en un pueblecito del levante, donde me temo que el Internet brillará por su ausencia. Disculpen si no actualizo con prontitud.
Y, por cierto, el piloto que he escrito ha provocado comentarios entusiastas entre varias personas, entre ellas la que paga, lo que no deja de estar bien. Aun así, sigo pensando que esa serie nunca se hará, pero al menos fue divertido escribirla. Les tendré al corriente.



Me horroriza Ana Obregón. Intente ver un ratito la serie y no pude,me daba verguenza.
Ella haciendo de gran diva, no hay quién lo aguante.
Saludos
En este caso, la opinión de una mujer es especialmente relevante (por esas ínfulas que se da la Obregón de contar "historias por y para mujeres")
Ánimo con esas escaleras, cuartosinascensor.
Es que es eso, de vergüenza ajena. Esa manera cutre salchichera de mujeres desesperadas, con la musiquita de rastro, y con la Obregon siendo la más guapa la másenvidiada es decir la más. Me alegro de la piña, 4 puntos por debajo de la media de la cadena, a ver si se le bajan los humos a la biologa biónica.
Pues aprovechando la conexión de tu amiga la guionista que trabaja en la serie, podríamos intentar hacerle llegar un mensaje a Anita, y que es:
- Decir "Mujer" es como no decir nada, porque hay miles de millones de mujeres y cada una de ellas es única. Es decir, que con contratar mujeres no se garantiza que la serie la ven mujeres.
Y estoy tan lejos de Ana Obregón, por mucha mujer que sea, como de Ana Botella. Me siento más cerca de muchos hombres.