La Coctelera

El Guionista Hastiado

"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en 8 semanas os mostraré a los 3 tipos más nerviosos que hayáis visto". Groucho Marx

27 Septiembre 2006

"Un, dos, tres..." y fin


El pasado martes acudí a la filmoteca valenciana con la sana y envidiable intención de disfrutar de la proyección de “Un, dos, tres”, una de las películas más divertidas, ácidas y trepidantes de Billy Wilder (que es el guionista más divertido, ácido y polifacético que ha dado el séptimo arte). El protagonista, interpretado por un sorprendente y vivaz James Cagney, es el responsable de la fábrica de Coca-Cola en el Berlín de posguerra. Es el arquetipo del empresario americano, eficiente, trabajador, insensible, infiel a su esposa y que sólo sabe dar órdenes gritando. Su puesto de trabajo peligra cuando su jefe americano le manda cuidar unas semanas de su hija, una adolescente caprichosa y difícil de controlar. La chica, de hecho, se casa a escondidas con un auténtico comunista de la alemania del este, dogmático y enfervorecido anti-yanqui. Y empieza el lío. La parte más divertida del film narra los malabarismos que el empresario debe hacer para separar a la pareja, en primer lugar, y para volver a juntarlos cuando descubre que la chica está embarazada, a la vez que intenta convertir al comunista en un aceptable y simpático yerno americanizado, y procura salvar su propio matrimonio.

El largometraje está trufado de chistes fantásticos y diálogos de ritmo endiablado. Wilder aprovecha su condición de Europeo para hacer una disección bárbara de ese Berlín que se acababa de separar trágicamente (justo ese año, 1961, se construyó el muro de la vergüenza) y en el que convivían yanquis, rusos, alemanes (algunos ex-nazis), franceses, oportunistas, falsos dogmáticos, espías, putas y nobles venidos a menos. Sólo "El tercer hombre" ha conseguido dar una imagen más ajustada de aquella época (en la ciudad de Viena). Sin embargo, aunque Wilder fue autor del guión, junto a I. A . L. Diamond, y podemos apreciar su impronta en muchos de los diálogos, en realidad el film adaptaba una obra de teatro del año 30 de Ferenc Molnár, un dramaturgo húngaro.


Pero en este caso, mi problema fue que la proyección dejó bastante que desear. En primer lugar (y esto no es culpa de la proyección), una chica histérica reía de forma tan exagerada que parecía que se había metido unas rayas antes de entrar. Vale que Wilder es genial, pero no hace falta tener un orgasmo en cada chiste. Pero lo más flagrante era la pésima calidad de la copia. El sonido era malo, y la película estaba muy estropeada. Y lo más alucinante fue que ¡cortaron la película sin terminar! Debían faltar unos cinco minutos de película, cuando cortaron abruptamente e insertaron un absurdo y sacado de la manga “FIN” que nos dejó helados. Se cargaron la resolución de una trama secundaria magnífica, la del matrimonio del empresario, el momento que más humaniza y nos acerca al personaje.

En fin, no hacen falta comentarios. Es bastante significativo que una filmoteca de una gran ciudad tenga este tipo de detalles para con los espectadores. Si Billy levantara la cabeza, se le volvería a caer.

servido por elguionistahastiado 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rul

Rul dijo

Peliculón que me sé de memoria por haberla adaptado a teatro cuando estudiaba guión en la universidad. También actuaba (era Otto el alemán comunista). La peli no sentó nada bien a bastantes alemanes del momento, que acusaron a Wilder de reirse del sufrimiento de sus compatriotas y de haberse vendido al capitalismo. Gente sin sentido del humor, supongo.

En mi opinión, Wilder reparte tanto al capitalismo como al comunismo. Sólo que al primero de forma más disimulada. ¿Y quién mejor que un "gangster" como James Cagney para interpretar al directivo de una multinacional?

Por cierto, me alegro por tu piloto. Ya me contarás...

Al chico canario no le cogieron en cadena cien, pero me molaría saber qué te parecieron los sketches.

27 Septiembre 2006 | 02:49 PM

guionista hastiado

guionista hastiado dijo

Efectivamente, el film puede parecer demasiado "yanqui", pero también a ellos les mete cera. El prota es un ganster (como bien apuntas) capaz de mandar a la tortura (y podría ser la muerte) a un chico inocente para quedar bien con su jefe. Aparte de que jode un bonito matrimonio, soborna a todo el mundo, insulta a cuantos se cruzan en su camino, y trata a sus empleados como a esclavos (manteniendo las formas, eso sí: no le gustan los signos de excesiva pleitesía). En definitiva, es un desalmado capaz de lo que sea por conseguir poder.

La jovencita es una cabeza hueca que no comprende nada de lo que dicen sus propios labios. El Jefe es un matón que cree que los alemanes siguen siendo todos unos nazis asesinos.

En fin, que no se salva nadie, excepto, quizá, la mujer del protagonista, pobre cornuda, demasiado inteligente para estar entre tanta podredumbre.

(En cuanto a los sketchs, te escribiré. Un abrazo, Rul)

27 Septiembre 2006 | 03:28 PM

crunch

crunch dijo

AH! una de mis películas favoritas, la veo una vez al año más o menos. Para mí el que de cera a rusos, americanos o alemanes es casi lo de menos; lo más divertido es que no hay ningún personaje positivo, todos, incluso los que tienen los más altos ideales, son capaces de cualquier bajeza; todos son sacos de defectos, incluso el personaje de la esposa de mcNamara-Cagney, la increíble Arlene Francis, que es capaz de soportar las infidelidades de su marido y todas sus mentiras estoicamente por hacer lo conveniente.
La película funciona como un reloj suizo y el embrollo va siempre a más, hasta el último segundo, como debe ser en las buenas comedias. ¡Me encanta esa película!

30 Septiembre 2006 | 11:59 PM

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