De uno en uno, caballeros

Siempre quise saber lo que se sentía al saberse una chica solicitada. Varios caballeros me están rondando y me veo obligado a elegir cuál (o cuales) me gustan más. Estoy hablando de ofertas laborales, claro.
Estos días he asistido a varias entrevistas de trabajo. Y aún me quedan otras pendientes. Parece que se ha abierto la veda de caza del guionista. Todo el mundo tiene ideas para hacer series, todos quieren mamar de la teta de nuestro flamante ente televisivo, y han surgido por doquier nuevas productoras y plataformas que buscan su hueco en este nuevo paraíso multicanal y de inminencia digital. Pero claro, una cosa es tener la intención de crear una serie (y a veces también la pasta), y otra muy distinta saber escribirla y plantearla con un mínimo de rigor. Más difícil aún si se trata de comedias. Así que podéis estar tranquilos: aquellos guionistas con una experiencia probada no vamos a morir de hambre. Los que no tengáis experiencia tendréis que sufrir un poco más, pero al menos es un buen momento para moverse.
Aunque no todo es tan fácil. Hay que elegir. Algunas de las propuestas que se lanzan son incómodas, porque aceptarlas supondría trabajar para gente a la que sabes, desde que les estrechas la mano por primera vez, que no podrás soportar más de una semana. No tienes ninguna duda de que se convertirán en ese monstruo con el que tantas veces has lidiado ya: el productor ejecutivo/coordinador de guión/o simplemente soplapollas que no tiene ni puta idea de contar historias. Pero que te puede ordenar que hagas lo que él quiera, porque manda más que tú.
Otras ofertas están mal pagadas o te obligan a pasar tu vida metido en una oficina asfixiante. Algunos pseudos amigos que jamás han tocado un teclado pero que tienen "una idea infalible" te ofrecen la posibilidad de trabajar en conjunto para elaborar un proyecto que tal vez algún día se pueda vender a algún canal. Sin cobrar un duro, claro. Al menos tienen la humildad (no admitida) de reconocer para sus adentros que ellos solos no saben ni por dónde empezar.
Hay ciertos sitios que conoces y donde no quieres volver a trabajar, aunque te lo pidieran. Y hay otros de los que tienes advertencias suficientemente aterradoras. Y en otros nunca te llamarán porque sólo quieren amiguetes.
Diréis que soy un estrecho. No necesariamente, pero es que estoy disfrutando mucho con todo esto. No os imagináis lo que es acudir a los despachos dándole por una vez la vuelta a la tortilla, relajado, libre de la necesidad de chupar ningún culo. Escuchas las propuestas, haces un par de preguntas, y, si no te apetece, simplemente dices “lo siento, pero paso, gracias por la oferta”. Y te vas tan tranquilo a tu casa, o al cine a ver una peli...
De entre tanto pretendiente, de momento he aceptado elaborar un proyecto aún algo verde pero que pinta bien. Trabajaré en casa a mi ritmo, con un sueldo de justicia, y con la presión que yo mismo me impondré. A la hora de “entregarte” a un productor, las formas cuentan, también. Aparte de tener buenas referencias, el caballero que me cortejó fue arrebatadoramente empático y buenrollero. Hasta me llevó a comer. Se lo ha ganado. Espero que sea el comienzo de una relación laboral fructífera.
Pero aún seguiré con los oídos abiertos, meneando el culo y pavoneándome por las oficinas, aunque sólo sea para escuchar los piropos desde las alturas, y poder decirle a algún gilipollas que otro: “anda y que te den mucho por saco”.



Josmachine dijo
Nunca se sabe cuanto duran esos momentos pero, mientras duran, son como la gloria, sea lo que sea eso.
Imagino que usar la renuencia en algunos casos, implica seguridad y, cómo decirlo..., cierto caché.
Te deseo un próspero futuro inmediato.
6 Octubre 2006 | 12:45 AM