Derechos, reveses, giles...
No todo son alegrías en la vida. Hace menos de un año me compré un portátil bonito y simpático con el que estaba muy contento y que me llevaba a todas partes, pero días atrás un fatal descuido de mis manos de palmípedo provocó un terrible accidente (sólo de recordarlo se me encoge el corazón) que acabó con un fuerte golpe del aparato contra el suelo.
Ahora hay un agujero negro en mi pantalla, una especie de medusa asesina en la parte inferior derecha. No es fatal pero muy molesto. En SONY dicen que eso no me lo cubre la garantía claro, y que el arreglo de la pantalla me costará ¡800 euros! ¡Una pantalla de doce pulgadas! Y no hay ningún otro lugar en el mundo donde repararlo.
Ahora me debato entre gastarme el dineral o quedarme para siempre con el estropicio hecho. Esto último no es tan fácil, no creáis, significaría condenarme durante años a escribir con ese fatal agujero negro riéndose de mí en mis narices, recordándome lo tonto que soy y comiéndose los mejores chistes de mis guiones como pura antimateria que es...

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Descubro algo terrible oculto por entre las condiciones legales del notodopublifest.com (concurso pseudoprogre en el que tuve el dudoso honor de quedar finalista hace un par de años con un malísimo video, y que en esta edición está centrado en la publicidad para prensa).
Resulta que no pueden participar en él aquellas personas apuntadas ¡a cualquier entidad de gestión de derechos! Vamos, que pretenden sacarse un huevo de ideas publicitarias pagando cuatro duros de premios, y encima quieren asegurarse de que no tengas la mínima oportunidad de reclamar tus derechos como creador, aunque llegaran a utilizar tu idea a escala mundial y se hicieran de oro con ella.
Una cosa es que esté en contar de políticas abusivas de entidades como la SGAE, y otra distinta el ningunear así a los jóvenes talentos. Las palabras más adecuadas en este caso creo que son "hijos de puta".
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En otro orden de cosas, ayer fui al teatro como si fuera una persona culta, a ver "Don Gil de las calzas verdes" una obra del siglo XVII, de Tirso de Molina. Aunque me decepcionó un poco la puesta en escena, y ciertas interpretaciones (sobre todo la de la protagonista), quise ir a verla porque hace unos años leí el libreto y me pareció una obra de una comedia moderna, rápida y atrevida. Es un ejemplo de cómo utilizar el enredo, los malentendidos y las maldades humanas para hacer reír. Resulta que hace cuatro siglos escribían mejores comedias que nosotros. ¿Cómo puede ser que en vez de aprender de ellos, hayamos olvidado todo lo que sabían?





Antonio Alviárez dijo
Vaya, lamento lo del portatil, espero se solucione. Tienes uno de los blogs más interesante que hay en este sitio. Lo digo sinceramente.
Saludos
8 Octubre 2006 | 03:17 PM