Guionistas Ensimismados

Un colega sacó a colación el tema hace unos días. Según él, las nuevas hornadas de jóvenes guionistas profesionales tienen (tenemos) un problema: vivimos ensimismados en nuestro endogámico universo guionístico. Cada vez mezclamos más vida y trabajo; nuestros amigos son guionistas; nuestras quedadas son con guionistas; los libros o revistas que leemos son de guión; tenemos sexo con guionistas y nos enfadamos con guionistas y envidiamos en secreto a otros guionistas; los blogs que frecuentamos hablan de guión, televisión o cine, igual que nuestras conversaciones, nuestras preocupaciones, nuestras obsesiones…
Somos una generación audiovisual que ha crecido inundada de televisión y palomitas, de videos musicales y publicidad machacante. Eso nos permite conocer mejor el medio, dominarlo, tener más referencias audiovisuales, ser enciclopedias andantes que conocen de memoria diálogos, planos, filmografías y anécdotas cinéfilas más o menos extravagantes, las cuarenta tomas de la cómoda de Marilyn, la polla enorme de Errol Flynn golpeando teclas de piano, el final improvisado del Bogart Casablanqueño…
Pero todo esto tiene un precio, claro. ¿Hemos perdido la conexión con la realidad? ¿Seremos capaces de contar buenas historias desde nuestro sistemático ombliguismo? ¿O nos convertiremos todos en aprendices de Tarantino, incapaces de hacer otra cosa que no sea “cine sobre cine” o “tele sobre tele”, retorciendo una y otra vez los mismos argumentos que hemos mamado desde críos, los mismos personajes, las mismas simplezas de género, sintiéndonos inútiles ante la empresa de aportar un atisbo de originalidad y realismo a nuestros textos y personajes…?
¿Y qué pasa con la literatura? ¿Ya no leemos como leían (y escribían) los guionistas y directores de, pongamos, la época dorada de Hollywood, o pretéritos cineastas españoles como Azcona, Berlanga, Fernán Gómez…? ¿Ya no sabemos de política, de ciencia, de arte, de música, de algo que no sea "nuestro medio"...?
¿Hemos perdido la capacidad autocrítica, el distanciamiento entre lo que hacemos y lo que nos gustaría hacer de verdad (y que nunca alcanzaremos)? ¿Nos hemos hecho fuertes en nuestra muralla y sólo sabemos decir “los que critican mi trabajo son unos hijos de puta” “mi corto es genial, es la gente que no tiene criterio” “el director ha estropeado mi trabajo” “el público medio no tiene ni idea, por eso sólo aplaude la mierda”…?
Y si hubiera algo de verdad en este post cargado de cínico pesimismo... ¿habrá alguna consecuencia positiva de todo esto? ¿Una salida?




grampus dijo
¿La vida imita al arte? Yo creo que más bien imita a la mala televisión. (Woody Allen).
No sé tú, pero yo me confieso culpable. He pasado más horas en salas de cine que en mi propia casa.
5 Diciembre 2006 | 01:35 PM