Charly Levy (al que veis en la foto con Santi Millán en una comida que hicimos este verano) es un buen actor con el que tuve la fortuna de coincidir en la fracasada “Divinos”. Es un argentino que lleva ya décadas en nuestro país, un intérprete intuitivo, de verbo rápido, que hace fácil lo difícil, que conoce los mecanismos de la comedia y que tiene una imaginación y un sentido del humor desbordantes. Además lleva toda su vida dando clases de interpretación, tiene una agencia de publicidad y ahora intenta vender una serie en cuya génesis un servidor ha colaborado, junto con algunos colegas (ah, y para los cotillas, es el ex marido de Cristina Rota, la fundadora de la escuela de actores que lleva su nombre).

No sé cómo coño lo consiguió, pero Charly fue contratado para participar en “Casino Royale”, la última aventura del señor Bond (y la primera del Daniel Craig en ese papel). Sus escenas en la peli coincidieron con “Divinos” y nos vimos obligados a cambiar el plan de producción y algunos guiones para que pudiera compaginar ambos rodajes (y total, para lo que sirvió...).

A Charly le pagaron un pastón por hacer un papel secundario (y cuando digo un pastón, es un pastón). Pero no es solo eso: le daban otro pastón más para dietas, un dinero que aquí sería considerado como un buen sueldo. Le alojaban en los mejores hoteles, le pagaban todos los vuelos, tenía caviar para dar y tomar y le trataban con todo el respeto y cariño del mundo, a pesar de ser un simple secundario. Le pidieron ir a Praga un fin de semana entero sólo para que el sastre le tomara las medidas para un esmoquin, pagándole viaje y hotel a él y su acompañante. También estuvo presente en la super premiere en Londres, con Reina madre y Paris Hilton incluidas y todo.

En “Casino Royale” hay una tensa partida de cartas que dura varios días. Charly interpreta a uno de los diez jugadores millonetis que intervienen en ella. Rodaron la partida durante días, desde todo tipo de ángulos, dejándoles improvisar, jugar, actuar, sin preocuparse por los costes o la cantidad de rollos empleada.

Por lo visto, grabaron tanto material para el film, que el primer montaje duraba más de siete horas (un larguísimetraje). En el segundo intento se esforzaron más, y lo dejaron en cuatro horas y pico. Su objetivo era tener una peli de 110 minutos, así que finalmente, metieron tijera en serio y consiguieron un largometraje de 140, que es el que han estrenado finalmente. Como es obvio, han tenido que prescindir de muchas cosas. ¿Adivináis una de ellas?

Efectivamente, el amigo Levy no dice ni una palabra. Ni siquiera “paso” o “envido” (o la mierda que se diga en el poker). Simplemente, está ahí, se le ve en bastantes planos, pero no interactúa (y encima se le ve como un poco tristón, como podéis ver en la foto, como si ya en el rodaje intuyera lo que iba a pasar con su personaje). Eso sí, les han prometido, a él y a algunos otros compañeros fantasmas, que les regalarán el DVD con la versión extendida, donde sí dirán alguna cosa.

Pobre Charly, qué rara es la vida de actor a veces, de pronto se encontró con una serie cancelada y un personaje desaparecido. Lo que me sorprende es la cantidad de dinero que los señores del 007 se han gastado en un solo actor (sueldo, viajes, sastres, dietas, hoteles...) para que luego no diga nada. Pero así es todo con James Bond, a lo grande y por mis huevos.

Charly nos contaba su conversación con un tipo de producción de la peli, que le decía que eran tantos los millones de dólares que sabían seguro que iban a ganar por todo el mundo, que podían gastar a lo loco, sin mirar el dinero. Un trabajo fácil, el suyo, ¿no? ("¿hace falta esto? Pues lo compro").

Dedicar tu vida al guión puede sonar a estupidez, pero más en un país como éste en el que escribimos para producciones pobretonas, lo que implica: pocos personajes, pocas localizaciones, pocos exteriores, poca acción, pocos efectos especiales (y poco sueldo). Tenemos que suplir todo eso con ingenio y talento, esperando que unas líneas ingeniosas y unas tramas apabullantes compitan con producciones multimillonarias de factura impecable y excesos ilimitados, y que, además, cuentan con el beneplácito y el culo en pompa de las distribuidoras.

Así que, por favor, que nadie se piense que ser guionista, en España, es un chollo.

PD- Por cierto, la película me ha gustado más que las últimas entregas del espía. Vuelve el macho, amigos y amigas.