Gary Coopers del guión VS. Starship Troopers

Dado que al parecer últimamente no tengo opinión personal formada sobre casi nada, pongo en el tapete una nueva polémica guionística. Se trata de la disyuntiva entre el trabajo en equipo y la escritura en solitario.
Yo reconozco lo mucho que disfruto trabajando en solitario, onanista mental (y no tan mental) que soy. Y encima, mañanero. Sí, queridos, soy de esos desaprensivos hijosputas que se levantan frescos y lozanos por las mañanas, repletos de energías e ideas geniales que se le salen por las orejas. Echo mi meadita, me hago mi café y me pongo al teclado con ganas de escribirme el mundo.
Eso sí, a medida que avanza el día mi energía desciende y acabo las jornadas en un estado progresivamente más semicatatónico, que siempre me ha impedido moverme con soltura por los bajos fondos de las conversaciones discotequeras.
Otros solitarios guionistas disfrutan más de las noches, o las madrugadas, de los espacios bucólicos, o los cafés, los parques, incluso el metro... Sean cuales sean nuestras preferencias, todos los escritores solitarios defendemos el derecho a utilizar nuestros mejores horarios de escritura, nuestros mejores lugares para inspirarse y nuestros mejores trucos para evitar la vagancia, la abulia y el derrotismo creativo (o para maquillarlos, como decirnos, convencidos, que sólo vamos a hacer "un breve y fugaz repaso por la blogosfera mundial y luego ya nos ponemos al tema").
Cuando trabajas en equipo debe amoldarte a horarios que no son los tuyos, desplazamientos a lejanos polígonos industriales que te roban la vida a razón de dos horas diarias, vitriólicas discusiones chorras en las que sabes que eres tú (quién si no) el que siempre tiene razón, y que en tu casita habrías zanjado el tema en tres nanosegundos...
Pero en la variedad está el gusto. Desde hace meses vengo juntándome con cinco amigos con los que preparo futuros y refrescantes proyectos, y me ha vuelto la querencia por ese sistema de trabajo. Las risas compartidas, la seguridad que nos infundimos mutuamente, el "público" que somos los unos para los otros, los bajones generales que acaban abruptamente cuando alguien vislumbra una vía nueva que lo cambia todo...
Lo normal es que si trabajas en una serie (sobre todo si es una comedia) lo hagas en equipo, no hay tu tía. Y que tus proyectos más personales, tus pelis, tus pajas mentales... las escribas solo.
Pero no es tampoco una disyuntiva radical; con frecuencia se conjugan ambas fórmulas, en sistemas de trabajo que permiten que la primera versión dialogada del guión se escriba en solitario, repartiéndose las escenas, y dejando la escaleta y la afinación de las últimas versiones para una puesta en común.
También hay series que se escriben en equipos de dos, que acaban siendo matrimonios medianamente bien avenidos (como me contaba mi amiga Susana) o productoras donde las cosas que pide el jefe son semejantes gilipolleces que ¿qué más da hacerlas en solitario o en común? Y hay pelis que se escriben en equipo (pocas aún), o entre dos, o por encargo...
Ninguna opción es mala, en principio. Trabajar en equipo es edificante y fantástico si dicho equipo es edificante y fantástico. Como te junten con soplapollas, depresivos, iracundos, sordos, egocéntricos o autistas... (y en este oficio todo eso abunda) añorarás la silla del escritorio de tu casa (y sus redondeadas formas que hacen molde con tu culo) como un bebé añora la teta caliente y jugosa de su madre adolescente.




Cago en tó dijo
Me ha gustado mucho este blog. Pasaré por aquí a menudo.
13 Diciembre 2006 | 09:53 AM