La Corte de Don Felipe

Durante este largo puente me acerqué a ver por dentro el Escorial. Hubiera sido una visita de simple dominguero (bueno, "puentero") si no fuera porque este último año he tenido una relación especial con un cabellero llamado Felipe II (cuya tumba fotografié tan convenientemente como pude, teniendo en cuenta la falta de luz y los 2000 turistas empujones que me rodeaban).
(Por cierto, ¿sabéis que tienen ahí al padre de Juancarlos, Juan de Borbón, literalmente pudriéndose hasta que esté lo suficientemente consumido como para que quepa en su tumba?)
Pero vamos a lo que vamos: voy a hablaros de un proyecto de sitcom que desarrollé junto con un par de alumnos de la Escuela de Cuba. Y lo voy a hacer porque es un proyecto prácticamente muerto. Una productora se mostró interesada y me pagó para escribir el piloto, aun a sabiendas de que las televisiones atraviesan una época conservadora y que iba a ser difícil venderla.
Porque es una serie cuya descripción contiene las dos palabras más vilipendiadas y anatemizadas en escuelas de producción: "de época".
Efectivamente amigos, se trata de una sitcom de época, protagonizada por el mismísimo Felipe II, en el momento en que su padre muere, hereda el Imperio donde no se pone el sol, y le obligan a casarse con una francesa. Pero resulta que la gabacha en cuestión, Isabel de Valois, estaba bastante buena, y el tonto de Felipe se enamoró de ella en cuanto la vio.

La nuestra era una serie de comedia, con una princesa feminista, un Duque de Alba que reta a duelo hasta las moscas, un bufón revolucionario al que nadie toma en serio, un Dr. House medieval, una criada arrabalera, un cardenal viciosillo y bastante gay... Felipe era un personaje complicado, inseguro, lleno de complejos y dudas, con temores religiosos exacerbados y amores apasionados, con un gran deseo de hacer bien su trabajo, y un gran miedo de no conseguirlo.
Insistimos bien en que queríamos hablar de conflictos actuales, de España y los españoles, no de historia. Y que los personajes serían cercanos, reconocibles, con conflictos cotidianos, no regios... Pero da igual, ninguna tele se atreve, por ahora, a hacer algo así.
Es verdad que el contexto histórico encarece, pero en Sitcom el único gasto extraordinario son cuatro o cinco decorados (que hay que construir de todas formas), más vestuario y atrezzo...
Y lo de que los personajes "no son reconocibles para el público", es una estupidez. La gente se reconoce en los defectos, los miedos, las contradicciones, las pasiones humanas... Creer que lo único que entiende el espectador son familias con niños y grupos de amigos, es tomarlo por tonto.
En fin, mostrar las vergüenzas es siempre peligroso, pero yo me arriesgo y os dejo nuestro humilde y poco pretencioso prólogo para el primer capítulo. Por supuesto, las críticas serán bien recibidas, y contestadas convenientemente con apropiados y selectivos insultos personales. Jeje.
A modo de curiosidad, os cuento que en una productora amiga un tipo presentó más o menos a la vez que nosotros un producto cuyo protagonista era... ¡Felipe II! ¿Plagio? No lo creo. Supongo que simplemente tremenda casualidad. Manda huevos.

1. IGLESIA INT. DÍA 0. MAÑANA
Imagen de una pequeña Iglesia: “Flandes. 1558”. El Cardenal PEDRO corre entre los bancos con pequeños pasitos. Entra a un confesionario. Al otro lado está FELIPE.
FELIPE
Por fin,¿dónde andabas? Necesito confesión urgente.
PEDRO
Ahora no es el momento, Felipe. Además, ya te he confesado tres veces hoy, no se
puede pecar tanto.
FELIPE
¿Que no? El perro se ha cagado en la alfombra y... (culpable) he blasfemado. Con furia. (Pedro le mira) Bueno, mejor será pasarse que quedarse corto, ¿no?
PEDRO
Mira, olvídalo, acaban de llegar dos emisarios con noticias urgentes. Hay... una
buena y otra mala.
FELIPE
Bien, primero la mala. (Pedro calla) ¿Es mi padre? ¿Ha muerto? (Pedro asiente. Felipe solloza) Joder, papá... (Se rehace) Que dios acoja en su seno al gran Carlos V. ¿Cuáles fueron sus últimas palabras?
PEDRO
Oh, eso es lo de menos...
FELIPE
¿Cómo...? Dímelo ahora mismo, exijo saberlo.
PEDRO
Dijo: “este orinal me deja marca en el culo”.
FELIPE
Ah... ¿Y la buena noticia?
PEDRO
Que tu mujer también la ha palmado, je.
FELIPE
¿Ésa es la buena noticia?
PEDRO
Venga, coño, María Tudor era un callo y una arpía. Y además, así ahora podrás
zanjar el tema de Francia: casándote con la francesita.
FELIPE
¿Qué? Pero si acabo de enterarme de que me he quedado viudo. Por segunda vez. Además, estoy harto de bodas convenidas. ¿Y si... no le gusto?
PEDRO
¿Cómo no le vas a gustar? Eres rey. Y tienes buena planta, un pelo bonito, y ese torso, hum... (se corta) que te tienes que casar y punto, te lo ordena dios. Además, dicen que es muy guapa...
FELIPE
No sé... ¿no puedo tener una segunda opinión? ¿Y si llamamos a alguien más y lo votamos?
PEDRO
Qué manía con votar. Ahora eres el rey, ¿entiendes? El rey. Y debes gobernar el mundo. Tú solito.
FELIPE
¿Sí? (asimila) El rey... (Firme) Bien, me casaré con ella. (épico) Lo haré por dios, y por España.
PEDRO
Je, y porque no te quedan más cojones. (Ríe. Felipe le mira serio) Pero
sobretodo por España...