Los niños de papá del cine

Haré un esfuerzo. No quiero anatemizar, prejuzgar o caer en lugares comunes. Pero un amigo me metió hace unos días la idea en la cabeza. "¿Quién hace cine en este país?", me decía. "Los niños de papá". Y tenía razón, me dio unos cuantos nombres (que no voy a repetir aquí, porque es feo), de directores, guionistas, productores... cuya carrera se ha visto aupada por complacientes mecenas de su misma sangre.
Pensemos en ello. ¿Qué hace falta para poder hacer cine en España?
- Dinero.
- Un año o dos para escribir un guión, venderlo, acatar las consabidas rescrituras, y preparar un proyecto solvente, a base de trabajo, constancia, noches en blanco frente al papel, cafés y charlas interminables con amigos, escritores, productores, actores que te aconsejen, te guíen, te apoyen...
- Tiempo para aprender, para leer libros, ver cine, explorar recursos, evitar tópicos, conocer el mercado para ajustarse a los niveles de producción adecuados...
- Contactos y papeleos para conseguir apoyo de productoras, subvenciones, premios, inversores privados...
Vamos, que hace falta dedicarle tiempo y dinero. Teniendo en cuenta que un director en este país puede ganar unos diez millones de las antiguas pesetas (no van a ser de las nuevas) por dirigir una película, y son muy pocos los que se pueden permitir hacerlo más de una vez cada dos años, las cuentas no salen, si queremos pensar que los cineastas son gente a la que le gusta vivir muy bien (y así es).
¿Y quién, entonces, puede sacar este tiempo y dinero si tiene que currar para pagar una hipoteca o alquiler asesinos, las facturas de la luz y el gas, comer, dedicarle tiempo a sus amigos, a su familia y a sus amores, limpiar la casa para que la porquería no te coma, prepararte la comida y, en definitiva, vivir?
Pues eso, los que tienen pasta. Así, el cine español (y, en menor medida, la tele) está plagado de "hijos de", "hermanos de", "nietos de", "maridos o esposas de", "amantes de"... que se permiten tomarse sus proyectos con la suficiente parsimonia y dedicación, porque tienen un piso pagado, o una paga mensual asegurada.
No quiero decir que todos ellos sean malos cineastas, en absoluto. Muchos, son magníficos (y algunos son amigos míos). Pero no puedo evitar un cierto regustillo de amargura y envida malsana desde mi burda progresía de clase media, pensando en que han tenido muchas más facilidades que la mayoría de gente a la que le hubiera gustado intentarlo.
Y me da por pensar que un cine hecho por niños de papá, inevitablemente, adolecerá de ciertas lacras temáticas, narrativas, estilísticas, ¿no? Serán muy cultos y muy cinéfilos, ¿pero qué pasa con las historias de la calle, los marginados, las luchas de clase (que las hay aún, aunque no lo parezca), la comedia de barrio, los desposeídos y los olvidados?
Afortunadamente, hay también espontáneos menos afortunados económicamente que se lo pelean para poder entrar en esta industria que tiene tanto de gueto. De hecho, muchos de los directores y guionistas más interesantes y personales del cine español (aunque eso no significa que tengan que gustarme), han llegado "desde abajo", a base de cojones y talento. Almodóvar, Segura, Fernando León, Amenábar... y muchos otros que no me atrevo a nombrar por miedo a equivocarme (las grandes familias tienen brazos sorprendentemente largos, e incluso con estos cuatro nombres podría equivocarme).
Así, por mucha mierda que deba tragarse uno y mucha basura que haya que hacer, la televisión se revela como el único lugar de entrenamiento y aprendizaje para los que necesitamos un sueldo que nos permita, al mismo tiempo, forjarnos como creadores. El tiempo lo demostrará, espero.
Los "hijos de" se quejan a menudo de ser anatemizados por el mero hecho de haber tenido más oportunidades que otros. Es cierto, y puede que sea injusto. Pero, desde donde les miramos la mayoría, no me parece tampoco un precio demasiado alto, ¿no?




Metabarón dijo
Tiene usted más razón que un santo, Sr. Hastiado. Ha dado en el clavo.
Por eso el cine en España es tan irregular: está repleto de gente enchufada con grandes ínfulas y conexiones familiares en la ¿industria? audiovisual. Solo hay que ver a los Bardem o a los Alterio.
Y los que no tienen enchufes, están forrados. ¿Quién puede si no pagarse un curso de cine de 3 años pagando 6 mil euros anuales -Ej: ECAM- sin buscar trabajo?
Niños de papá.
Yo soy otro proletario que busca pagarse las habas y he observado en mi entorno más cercano que las subvenciones para cortomentrajes otorgadas "a dedo" hacen estragos.
El problema del cine patrio es que no es una meritocracia. Se valora el amiguismo y no el talento.
Menos mal que existen los blogs de internet en los que profesionales como usted muestren las cosas como son...
En definitiva: apoyo el punto de vista sobre el tema al cien por cien.
6 Enero 2007 | 06:06 PM