¿Sueñan los guionistas con universos eléctricos?

Anoche tuve un sueño. Como el Luther King pero a lo loco. Me cené un plato de pasta con almejas servido a traición, con mucho más picante del que que prometía la carta (no prometía nada), y no sé si fue eso o por el litro largo de cerveza que me bebí, pero el caso es que he tenido uno de los sueños más extraños, vívidos, entretenidos y sintomáticos que he tenido en mucho tiempo. Intentaré resumir, que da para una saga.
Tony Soprano era mi jefe. Bueno, en realidad el personaje era una mezcla del Galdonfini y un antiguo jefe que tuve, un productor ejecutivo de pronto fácil y físico contundente, algo cercano al del mafioso. Se alternaban entre los dos, sin orden ni aviso. En el sueño yo no soy guionista, sino mafioso, que es mucho más divertido, y algunos de mis compinches son también otros colegas guionistas.
Nos dirigimos en coche a dar algún tipo de golpe. Mi Tony/jefe y yo estamos enfadados por algún motivo (que yo intuyo ahora) y no nos hablamos. Él cuenta una anécdota divertida y me mira por unos segundos directamente. Yo sé que es un repunte de culpabilidad pasajero en él, pero disfruto del momento.
Llegamos a un "Todo a 100" de chinos que va a servir de tapadera para algo sucio (no me llego a enterar de qué). Unos pocos nos quedamos dentro y otros van a un piso superior a buscar algo. Hay tensión en el ambiente. Los chinos nos miran con sus ojos de suspicacia, como pensando "sabemos que sois malos y que vais a hacer cosas despreciables". Mi jefe tiene hambre y propone ir a buscar una sopa japonesa, pero no se decide. Yo rompo sin querer un jarrón pequeño e intento arreglarlo antes de que nadie se dé cuenta. Busco pegamento por las estanterías pero son un lío y sólo encuentro laca de uñas. Me apaño con eso.
De pronto, el sueño me lleva hasta mi jefe, perdiendo el punto de vista del prota (que soy yo). Ahora él es más Galdonfini que nunca. Está encaramado a un balcón de reja. Con él se encuentra Bobby "Bacala", el gordo infantiloide al que le gustan las maquetas de trenes (en la foto de arriba, sentado). Tienen que arreglar un trozo de cornisa que se ha roto, no sé por qué. Bobby se va a buscar masilla. Antes de que vuelva, Tony Soprano rompe aún más la cornisa con el pie, para joder. Un chino le escruta desde abajo.
Bobby vuelve con la masilla y ve que el estropicio ha aumentado, no le vale con la masilla que trae. Se queja sólo un poquito. Tony arranca de la reja un adorno feísimo, una especie de erizo de púas de metal terminadas en pequeñas bolitas, y lo blande con tanta fuerza que consigue clavárselo dos veces en el pecho a Bobby, que muere en el acto.
A partir de ahí, empieza la locura. Irrumpe en el sueño un ejército de soldados de una especie de secta antigua, mezcla de egipcios y budistas (sí, ya sé que son pacifistas, pero yo esto no lo controlo). Están buscando una caja que contiene algún tipo de arma sagrada, creo que la tienen mis colegas guionistas/mafiosos, debe ser lo que veníamos a buscar. Mis compinches huyen, alguno de ellos subido en un carro tirado por carneros. Los soldados nos lanzan flechas inmisericordemente.
Vuelvo a mí, estoy corriendo, huyendo de las flechas. Pero un momento... ¿soy yo? Sí, pero también soy Tony Soprano / productor ejecutivo. Qué raro. Corro tanto como puedo, por un paisaje estepario y yermo. Una flecha me roza el cuello. Veo una carretera con coches. Intuyo que delimita la zona de influencia del "mundo antiguo" y del extraño ejército, así que me lanzo a cruzarla a lo loco. Estoy a punto de ser atropellado, pero paso. Ya al otro lado, me siento a salvo, aunque veo a un extraño grupo de peregrinos que camina a ambos lados de la vía.
Una breve digresión en la historia me muestra al líder del ejército antiguo abriendo la caja sagrada, que han conseguido finalmente. Dentro había varias armas y armaduras metálicas con apósitos imantados que se adaptan perfecta y automáticamente al cuerpo de algunos guerreros. Una chulada. No sé nada de mis amigos.
Vuelvo a la carretera. Soy yo de nuevo. Llego a un montículo con grandes edificios. Sé que mi casa está cerca, pero, cansado y harto, entro en un hotel de lujo. Me cobran 150 euros por una noche (no está mal, para ser de lujo). Me dan una habitación enorme, desde la que veo la ciudad y la estepa. Disfruto de una panorámica-trávelling que me muestra la belleza de la puesta de sol sobre los edificios y luego hay un fundido a negro (lo juro).
Al rato, me despierto (en el sueño), he debido dormir casi un día entero, porque la luz sigue siendo la de un atardecer. Un par de tipos entran en la habitación con un botones viejo que recoge mis ropa tirada por el suelo. Les digo que quiero estar solo y que se larguen de mi cuarto. Ellos me dicen que ese cuarto es suyo, se lo han reservado para una especie de simpósium. Discutimos, empiezo a calentarme. Pero durante la discusión, en un pasillo que se ve a través de los ventanales de la habitación, veo a un grupo de gente, entre los que están dos de mis colegas guionistas/mafiosos, un chico y una chica. Les saludo, se alegran de verme y entran por la ventana con toda la troupe.
Se ponen todos a hablar a la vez de lo que ha pasado, ha sido muy impactante y divertido. Uno de los que habla es un alumno que tuve en Cuba, un chaval que me cae muy bien. Está empeñado en que hagamos un documental con lo que hemos vivido, que contemos nuestra experiencia al mundo, pero yo sólo quiero que se vayan de mi cuarto y me dejen dormir. Uno de los tipos que dicen que la habitación es suya (y que también parece enterado de toda la historia) me muestra su reserva hecha hace días, y debo rendirme. "Está bien, hablemos de todo esto, ya arreglaré luego lo de la habitación".
Lo raro es que nadie sabe qué ha sido del jefe Tony/productor. No se sabe si está vivo o muerto, si pudo escapar. Y yo, en mi fuero interno, empiezo a sospechar que yo soy Galdonfini, que yo he matado a Bobby y he originado la guerra y he provocado muchas muertes. Y eso me hace sentir mal, pero también un poco poderoso y listo.
Y entonces me despierto. Ahora de verdad. Son las seis y media y ya no he podido volver a dormir. Todo lo que he contado estaba en mi sueño, no me he inventado nada, os lo prometo, os debo esa sinceridad. Creo que he descubierto que mi subconsciente es muchísimo mejor guionista que yo, más imaginativo, más enigmático, más divertido y emotivo que mi parte racional (aunque yo no haya conseguido transmitir ni una décima parte de todo lo que me ha contado esta noche). Pero tenía que escribir esto y robarle la historia. Para una vez que me acuerdo de un sueño...




zero neuronas dijo
Pues yo que he soñado que estaba en la boda de Leticia Ortiz...
Pero no cuento el sueño, que lo mismo me expulsan del país.
23 Enero 2007 | 10:46 AM