SGAEando, que es gerundio

Muchos blogueros han (habéis) escrito sobre la SGAE y sus desmanes, la mayoría con bastante acierto y también con lógico acaloro. Como creo que ciertas premisas no están del todo claras para muchos profanos, y desde mi posición de guionista y asociado al mal con carné y todo, voy a aportar mi granito de arena informativo, aunque sólo sea por tocar un poco los cataplines.
Lo primero que diré, y que a algunos picajosos enfadará, es que creo que la SGAE es una institución muy necesaria y con una finalidad loable. Es una entidad de gestión de derechos audiovisuales que se preocupa porque los autores recibamos parte de los inmensísimos beneficios que nuestras creaciones reportan a los medios de comunicación y empresas audiovisuales que las explotan (al contrario que en otros países como EEUU, aquí los Derechos de Autor son intransferibles, y no se pueden traspasar ni vender. No confundir con los derechos de explotación, que sí son propiedad del productor). La idea básica es que, si tú creas algo, tienes derecho a recibir una pequeña parte de las ganancias siempre que ese “algo” genere beneficios. Y a mí me parece bien.
Pero, una vez dicho esto, veamos ciertos aspectos negativos que deben ser tenidos en consideración…
- Hasta hace muy poco, la SGAE era un MONOPOLIO. Es decir, que no había más entidades de gestión en nuestro país. ¿En qué se traducía esto? En que tiene una contabilidad obscura, imprecisa, en la que no se sabe exactamente qué cobra ni por qué, ni cómo lo reparte.
La SGAE no contabiliza qué series se emiten, qué canciones se ponen, qué películas se estrenan, ni quiénes las crearon. En el caso de la televisión y la radio, cobran una cantidad fija anual derivada de sus ganancias, lo que significa que la SGAE gana muchísima pasta. Paletadas y paletadas, oigan. Pero esa oscura contabilidad permite que esos recursos se gasten un poco a la buena de dios. Un montoncito para Teddy, otro para Ana Belén, otro para Ramoncín… Y luego montoncitos más pequeños para los pequeños socios. El amiguismo y el caos distributivo campa por sus anchas, donde debería haber democracia decisoria y exactitud contable.
Así, seguramente los que más cobran son los que más “importancia” tienen dentro de la institución, que no necesariamente tiene por qué coincidir con los que más derechos generan.
Además, hay muchísimos artistas, cantantes, escritores... que no reclaman estos legítimos derechos, porque son extranjeros, porque no saben que los tienen, porque están muertos, o porque no son socios de la SGAE. Esto significa que montones de dinero van a parar a las arcas de la institución por el morro, y ahí se quedan para gastar en lo que más les convenga.
- Otra de sus grandes lacras es que la SGAE es una entidad creada y dirigida fundamentalmente por y para músicos. Esto significa que otros autores como los guionistas reciben un peor trato y un menor beneficio (esta tendencia está corrigiéndose últimamente, aunque a paso de tortuga). Nada más lejos de mi intención que meterme con los músicos, que tantas alegrías armónicas regalan a nuestros oídos, pero no es lógico que, por ejemplo, un señor que hace cuatro cortinillas con su multipistas, o que compone una cabecera de serie, se lleve hasta el 25 % de los derechos de autor de cada capítulo. Diréis que soy un quejica, pero nadie me negará que las transiciones de una serie o su tema musical principal apenas redundan en los resultados y la calidad de la misma, al menos en comparación con el guión…
Otra consecuencia lamentable de ésta sobreprotección de lo sonoro, es que para incluir un tema musical en cualquier película o serie (aunque sólo sea porque un personaje la silba) hay que pagar una auténtica millonada. Esto se traduce en pobreza para la ficción, pero también se impide lo que podría ser un interesante intercambio publicitario (tú me pones mi canción en tu serie o tu peli que ven millones de personas, y así te queda más bonita y a mí me escucha mucha gente).
- La SGAE es una organización que ha tenido conductas que recuerdan tácticas del peor cutrerío mafioso tratando de evitar que su chollo se termine con la aparición de entidades “competidoras” como DAMA, nacida para gestionar los derechos de autor de guionistas. La SGAE ha luchado enconadamente (y sigue haciéndolo) para evitar que esta entidad salga adelante, chantajeando a televisiones, medios de comunicación y autores, dilatando procesos judiciales, asumiendo multas que le salen más baratas que si “cediera terreno”, reteniendo dinero que no es suyo…
En realidad a SGAE no le preocupaba que DAMA le quitara una parte del pastel, sino que el pastel “cambiara”: al perder su monopolio, se hacía necesario un replanteamiento que permitiera un registro exacto de los autores y sus obras, lo que ponía en peligro ese “pago único” del que disfrutaba (al sacar a la luz su verdadero volumen recaudatorio). Finalmente DAMA ha salido adelante, y han llegado a acuerdos para dividirse proporcionalmente ese dinero, así que el chollo se mantiene sólo en parte. Pero todavía SGAE debe dinero a DAMA e intenta boicotear sus movimientos, ofreciendo jugosas contrapartidas a los autores que “cambien de bando”.
- La SGAE equivoca algunas de sus luchas. Enarbola la pancarta contra la maléfica piratería y los pérfidos negritos del "top manta", cuando en realidad este fenómeno es, primero, inevitable, y segundo, generador de riqueza cultural. Dicen que pelean por nosotros los autores, pero en realidad pelean por los productores (musicales o audiovisuales), que son los que más dinero pierden con este asunto de copiarse cosas (sólo en teoría, en realidad ganan más que nunca). Si de verdad quieren ayudar al autor, que vigilen la implantación de contratos abusivos, la apropiación indebida de derechos de autor por parte de gente que ni escribe ni crea (productores, actores, jefecillos de trapo) o la constante conculcación de derechos laborales en multitud de productoras.
En cuanto al tema del famoso canon, es una gran cagada. No estoy en contra de iniciativas parecidas (en GB se financia la TV pública con un cánon a los televisores, y la cosa funciona maravillosamente). Pero gravar la compra de CD´s u ordenadores me parece una solemne tontería y una manera de prejuzgar al consumidor.
Y, por supuesto, no hace falta que califique aquí esos desmanes recaudatorios que llevan “inspectores” sgaeros a vigilar bares, cine-clubs y fiestas universitarias, esperando a que suene el “bulería” o pongan un frame de una peli de los 80´ para sacar la billetera y pedirte “la bolsa o la vida” con más rapidez que el mejor Eastwood en sus tiempos de spaguettis.
En fin, quizás deberían plantearse repartir mejor lo que ya tienen, o buscar otra forma de financiarse, con apoyos estatales a cambio de favorecer iniciativas culturales, estudios más exhaustivos de las obras que realmente hay en el mercado audiovisual y lo que generan, desarrollar el departamento internacional, fomentar que la industria se fortalezca desde su base (los autores) para que funcione mejor y reporte más beneficios... Yo qué sé, que lo estudien ellos que son los expertos y son los listos (eso no se lo niega nadie).
O a lo mejor, simplemente, es que no hace falta que ganen tantísimo dinero, ¿no?
En fin, ésta es mi opinión sobre el asunto. Ahora sólo me resta esperar en mi casa a los matones rezando para que mi antiquísimo y podrido cinturón negro de yudo les infunda un temor y un respeto que no demuestran por aquellos para los que, en teoría, trabajan.




Liberatora dijo
Estupendo post. Yo también soy socia de Sgae y sufro en silencio cada vez que llegan por correo esos tochos impresos en papel del superbueno con fotos estupendas de músicos que no conozco recibiendo premios que no me importan. Y pienso ¿cuánto se han gastado en esto y cuánto debe de robar esta gente? Y cada vez que sale Alejandro Sanz por la tele intento imaginar (no puedo) la pasta que se queda y que seguramente no le correspondería si la Sgae hiciera un reparto justo de su recaudación entre todos los creadores. De la misma manera me cabreo cuando pienso en su falta de flexibilidad cuando exigen el dichoso certificado de reserva de derechos de comunicación pública que muchas productoras se niegan a dar a los guionistas, con lo cual muchos nos quedamos sin cobrar unos derechos que legítimamente nos corresponden debido a una guerra en la que no participamos. Efectos colaterales. Y cuando ya me dan ganas de vomitar al estilo Little Britain es cuando el patoso plagiador que hace la sintonía de la serie en la que trabajo se lleva el 25% de los derechos DE CADA CAPÍTULO que se emite. Y siempre es la misma. Si la serie tiene más de mil capítulos, pongamos por caso, a ese señor le ha tocado la lotería. ¿Se puede comparar su aportación con el trabajo que requiere escribir una capítulo nuevo cada vez? Un trabajo en el que además ese 25% se reparte entre todo el equipo de guionistas.
En fin. Lo que quería preguntar aquí es: ¿lo de Dama funciona? Porque yo hace tiempo que me quiero largar de la Sgae con viento fresco.
25 Enero 2007 | 11:27 AM