Como ya habréis leído un montón de inteligentes críticas sobre la peli del ultraderechista Mel Gibson, y como sé que poco os importará la mía, sólo diré dos cosas.

Una: que me lo he pasado bien, pero que lo que empieza prometiendo mucho, acaba convirtiéndose en una especie de "Rambo" con taparrabo.

Y dos: que me hace mucha mucha gracia que el Mel se haya obsesionado con la veracidad obligando a los actores a aprender el idioma y pidiéndoles la carta genética que demuestre que son verdaderos descendientes de quien deben, que no tenga ningún reparo en mostrar sin pudor toda la violencia que él creía ineludible... y que luego en el 80 % de los planos esté haciendo filigranas para que los collares y pelambreras de las indígenas les tapen las tetitas.

Cómo son estos americanos, ji ji.