¡Clint, clint, clint!

Hace un par de días vi "Cartas desde Iwo Jima ", película que me ha hecho disfrutar como un enano y que me ha parecido mil veces más vibrante (qué palabro tan trillado, ¿eh?) potente y entretenida que su antecesora y hermana melliza "Banderas de nuestros padres".
Aquí, en lugar de tres americanitos agobiados porque tienen que superar la penosa carga de la fama, topamos con un grupo de japoneses enfrentados a la certidumbre de que son carne de cañón, y que pelean, como héroes unos, como valientes otros, y como cobardes los menos, por diñarla de la manera más honorable posible.
En fin, os recomiendo que vayáis a verla, como haría con cualquier peli del amigo Clint, un tipo que lleva haciéndome pasar buenos ratos desde que tengo uso de memoria. El tío, que se ve que me quiere bien, va y evoluciona progresivamente para que su carrera vaya coincidiendo con mis apetencias cinematográficas. Vaya lujo. Cuando yo era crío me epataba con sus espaguetti westerns y sus sucios Harrys. Después, a medida que yo pasaba (como todos) por mis años de gripe de cinéfilo plasta y resabiondillo, empezó a dirigir sus propias pelis, cada vez más acertadas, más serias, más interesantes. Pero no dejaba de divertirme, de entretenerme y de dejarme pegado a la butaca.
Con el tiempo Clint ha convertido en ineludible cada uno de sus nuevos estrenos. Sólo con el gran Woody tengo una fidelidad parecida, inquebrantable y drogadíctica. Me da igual que de vez en cuando hagan películas menores, que tengan vaivenes, que algunos digan que están acabados y que no recuperarán nunca sus mejores momentos. Yo me cago en sus envidiosillas críticas de petrimetes y me quedo tan a gusto. A ver quién coño hace una peli al año con la décima parte de interés y pasión fílmica de la que ponen Allen o Eastwood en cada proyecto.
Clint Eastwood para mí es como el cerdo: se le puede aprovechar todo. Incluso disfruto con su parte más ñoña y sensiblera, que también la tiene. Algunos la descubrieron con la magnífica "Los Puentes de Madison", pero yo ya le tenía calado desde hace mucho tiempo, cuando, aun de niño, me quedé flipando con una película que se cuenta entre mis favoritas, divertida, irreverente y algo vilipendiada (por tirar del musical cuando ya se estaban haciendo otras cosas más modernas) llamada "La leyenda de la ciudad sin nombre".
En ella, un jovencito y aún poco peleón Clint comparte el amor de una mujer con ese dios llamado Lee Marvin. Y, de paso, canturrea temas tan edulcorados como éste que os adjunto. "I talk to the trees, but they don´t listen to me", dice el tío (hablo con los árboles pero ellos no me escuchan). Nos ha jodido, le van a escuchar. Pero a mí no me importa, hasta en estas lides me parece que sale airoso.
Y ya puestos, os incluyo también el famoso "Wanderin´ Star" interpretado por Lee Marvin, emplazándoos a que intentéis cantarla en su mismo tono con vuestras voces de jilguero. Es imposible, el hijo puta tiene una voz demoníaca que sale de algún lugar por debajo de lo humano.






Miss Julie dijo
¡Oh, por Dios! "La leyenda de la ciudad sin nombre" es una de mis pelis guays... lo que pasa es que como los musicales no le gustan a nadie y no queda muy punky precisamente pues... me lo callo como un zorrón.
Creo que es una película muy moderna para la época y Clint hace un papel muy distinto al habitual. Gracias por el post, wapo.
¡Ah! creo que tenemos una amiga común: Bárbara.
21 Febrero 2007 | 06:40 PM