Ciudadano hastiado

Anoche me acosté con el entrecejo fruncido y con mala leche en el cuerpo. No tuve mejor idea que ponerme a zappear entre dos debates televisivos (uno, en la sexta, y otro, en Telemadrid), justo antes de reunirme con orfeo. En ambos, peperos y sociatas se echaban los trastos a la cabeza y hacían brotar en mí, como por arte de birlibirloque, una indignación y un cabreo que minutos antes no tenía.
Sé que esto es un blog de guión, pero por un día me vais a dejar que me explaye y grite al viento lo harto que estoy de esta estrategia petardera del Popular Partido de lanzar al viento soflamas exacerbadas y mentiras asumidas, con el único fin de recuperar unos sillones y poderes que consideran sólo suyos y robados. Con el mayor desprecio posible por los ciudadanos y la estabilidad social, dividen, engañan, adoctrinan y tergiversan logrando que se junten entre tropecientos y megacientos mil tontos del bote comandados por la trotona, delante de una banderita de siete metros...
Y los bobomemos del PSOE se dejan llevar por la estrategia y, en vez de contestar con la mesura y la tranquilidad de los datos en la mano, se apabullan con respuestas mal pensadas e insultos innecesarios que no ayudan a nada (por dios, ¿es que nadie en ese partido va a tener la inteligencia de decir que Pepino Blanco es una rémora y un indeseable redomado al que hay que echar de la vida política de una vez?).
Hace unos meses se vislumbró el inicio de un proceso que podría haber llegado a concluir con la noticia más esperada y deseada por muchos en este país: el fin del terrorismo. Y esto, en vez de traducirse en un soplo de esperanza y una alegría contenida ante un futurible desenlace pacífico, se ha convertido en motivo de discordia, separación y farfulla ideológica. Todos echando babas por la boca y calentándonos a los vecinos derechosos, que están que no pueden en sí de rabia.
Qué ostias, yo llevé el lazo azul hace diez años, en Pamplona, con dos cojones. Y me gané algún que otro momento desagradable. ¿Quién coño es el PP para utilizarlo como ariete propagandístico con el único fin de recuperar sus despachos de corruptelas inmobiliarias, sus atalayas mediáticas públicas y sus banquetes y bodas oficiales?
Qué país éste. El gobierno ha dejado de hacer suficientes cosas como para meterle caña bien metida (tema pisos, inestabilidad laboral, dejadez ecológica, ostracismo en lo cultural…), pero sólo se habla de un gilipollas asesino encarcelado que ha hecho huelga de hambre. ¿Esto es la verdadera política? ¿A tanto hemos renunciado? ¿No hay ninguna manera de que la verdadera ciudadanía (no la que ellos representan) se empiece a gobernar de verdad a sí misma?





Bart dijo
Pero es que a quien se le ocurre, Elgui. Al igual que los callos, los debates televisivos son de mal dormir.
13 Marzo 2007 | 02:51 PM