Risas latosas

Una de las características más propias del género de la Sitcom, y también de las más vilipendiadas, es el de las conocidas risas “enlatadas” que se incluyen en la pista sonora de las series, sobre los diálogos.
Se las conoce por este peyorativo nombre, aunque en un principio surgieron como un recurso honesto que recogía las risas reales (no “enlatadas”) del público que asiste a la grabación de una telecomedia, y así se ha seguido utilizando en la mayoría de las sitcoms americanas.
Os recomiendo que leáis “La Comedia Enlatada. De Lucille Ball a Los Simpson ”, de Rosa Álvarez Berciano, publicado por la editorial Gedisa. Es un volumen muy atractivo si os interesa conocer los entresijos de la Historia de la Comedia Televisiva.
En él se explica cómo la inclusión de las risas en comedia tuvo su comienzo en la radio, en 1932. Un cómico llamado Eddie Cantor tenía un programa radiofónico al que se dejaba asistir a cierta cantidad de público para que disfrutara en directo de su ídolo, con la única condición de que guardaran estricto silencio. Cuenta la leyenda que un día al tal Eddie le dio el punto e hizo el programa con el sombrero de su mujer puesto. Al parecer el efecto cómico fue tal, que los espectadores no lograron contener las carcajadas, que se colaron a través de los micros durante todo el programa (ya veis, el sentido del humor de la América de los 30 no había alcanzado nuestras altas cotas de sofisticación). La sorpresa llegó cuando los productores del programa comprobaron que las audiencias habían aumentado considerablemente, con lo que se descubrió el efecto “contagioso” de las risas ambientales.
Y de ahí el “truco” pasó a imitarse también rápidamente en televisión. Pero por desgracia pronto este recurso empezó a falsificarse en series o programas que recurrían a risas grabadas, mecánicas, que el productor de turno o el director decidía dónde incluir, con el convencimiento de que al público le encanta que le indiques dónde debe reírse y con cuánta fuerza. Ése fue el inicio de las archiconocidas risas enlatadas que tanto enfadaban a Woody Allen en Annie Hall, y que tan poco han hecho por la credibilidad del género.
Durante muchos años se consideró que no se podía hacer una comedia sin risas, hasta que llegaron producciones como “Aquellos Maravilloso Años” que demostraron lo falso de esa premisa. Hoy en día, la mayor parte de comedias modernas no llevan risas porque se graban sin público (“My name is Earl”, “The Office”, “Curb your enthusiasm”, “Arrested development”…).
En nuestro país lo enlatado de las risas en series americanas está directamente relacionado con el proceso del doblaje, que impide separar los diálogos de las carcajadas, y obliga a que éstas sean siempre grabadas y no originales (y a que, por ejemplo en "Friends", oigamos exactamente la misma risa cada 30 segundos, que ya podían tirar de archivo).
En nuestro país, “7 Vidas” y “Aída” han sido de las pocas series de éxito que realmente se han grabado con público y cuentan con risas verdaderas (excepto en contadas escenas). También está el caso de “Casi Perfectos”, la serie de Emilio Aragón, en la que, a pesar de tener público real, metían las risas (no todas reales) a un volumen tan exagerado que todo el mundo pensaba que eran trampa. Lo más curioso es que, supongo que advertidos de esta imagen tan contraproducente que estaban dando, en la segunda temporada decidieron, sencillamente, quitar las risas del todo, lo que no les valió de nada, porque la serie seguía siendo un truño bastante poco divertido.
Es sintomático el caso reciente de “Con dos tacones”, en cuyo piloto no había risas de ningún tipo, pero, digo yo que preocupados por la baja audiencia del primer día, a partir del segundo capítulo decidieron tomar cartas en el asunto e incluir unas sonoras carcajadas de bote.
Pero que no, que ni por esas, que a ver cuándo se enteran de que si una cosa no tiene gracia, no la tiene, y no te empeñes, macho, que lo que tienes que hacer es trabajar muy duro para lograr “ser divertido”, y no solo "parecerlo".
La utilización fraudulenta de las risas de ambiente es sólo un ejemplo más de cómo supuestos profesionales (productores, casi siempre), que no comprenden el oficio de contar historias, intentan controlar un proceso que escapa a su control. Es lo mismo, en realidad, que contratar a Coronado o a Ana Obregón, meter adolescentes en braguitas, hacer muchos primeros planos de gente que llora mucho o meter con calzador un chiste pedorrético cada 3,4 segundos. Al fin y al cabo, ¿quién cojones sabe lo que es la calidad? Vayamos a lo seguro, leñe...






Angela dijo
¡Magnífico post! No sabía lo de Eddie Cantor. Me ha encantado el repaso que haces. Saludos!
15 Marzo 2007 | 11:12 AM