A pesar de mi enconada, machacona y elitista entronización del guionista, sería muy imbécil si no reconociera la gran importancia que tienen los actores en esta industria. En televisión, donde no el lenguaje visual no es tan importante, o no tan imprescindible como en el cine, los dos pilares sobre los que se sustenta una buena ficción son, más que ninguna otra cosa, guión e interpretación.

Sé que la realización, la dirección artística, la iluminación, la música y la producción son también importantes, pero basta con que funcionen, con que sean correctas (aunque en mi anterior post hay una interesante opinión al respecto de un diseñador de decorados, que puede que no esté del todo de acuerdo conmigo). Para mí un buen ejemplo de esto es "Aquí no hay quien viva", serie entronizada al éxito a pesar de desarrollarse entre unos decorados feístas y que se bambolean como un flan cada vez que alguien da un portazo, una ambientación musical original pero muy cutre (soy fan y entendido en música "a capella", ya podéis reíros de mí) y una iluminación plana y cutre como la de casi todas las series españolas. ¿Pero a quién le importa todo eso, si te ríes?

En mi opinión el máximo nivel de excelencia de una serie sólo se logrará si el guión y los intérpretes son también excelentes, y además engarzan con naturalidad y eficacia el uno con los otros.

¿Pero quién se encarga de elegir a los actores? En cine, habitualmente es el director quien toma esa decisión, con la ayuda del director de cásting, y la mayor o menor connivencia de la productora, que suele buscar sobre todo una rentabilidad publicitaria. En Televisión, suele ser el productor ejecutivo el que decide, más o menos condicionado, según casos, por la cadena televisiva que compra la serie.

Como sabéis bien, yo defiendo que en la ficción televisiva los productores ejecutivos deben ser guionistas, ergo, lógicamente, considero también que en las decisiones sobre cásting deberían participar siempre los guionistas.

Ya sé que diréis que abuso de corporativismo una vez más, pero estoy convencido de que cuando has imaginado algo en tu cabeza, le has dado diez mil vueltas y lo has plasmado en palabras que has mareado hasta la saciedad para llegar a dar con la que crees que es la mejor manera de expresarlo, es cuando más capacitado estás para darte cuenta de si el que coge esas palabras y las dice en voz alta, ha entendido algo de lo que tú querías decir (os asombraría saber la cantidad de veces que no es así).

Por supuesto que los departamentos de casting son importantísimos y cumplen con una labor inestimable, pero yo opino que esta labor, más que en decidir, consiste sobre todo en buscar, en encontrar y en proponer. En este país se tira mucho de amiguetes y famosillos, y pocas veces se hacen castings verdaderamente abiertos, rigurosos, multitudinarios, para encontrar nuevos talentos frescos, humildes (y baratos), porque resulta mucho menos arduo y costoso llamar a los de siempre.

Lo que la mayoría de los guionistas queremos para nuestros guiones se puede resumir en dos palabras: buenos actores. Lo que la mayoría de las cadenas quieren y demandan se resume en: actores famosos y guapos. No son cosas irreconciliables, pero tampoco es que los buenos actores famosos y guapos crezcan bajo las piedras. Así que pocas veces la elección es satisfactoria para todo el mundo (y casi nunca para el guionista).

Yo he tenido la suerte de participar en muchos proyectos donde la voz de los guionistas se ha oído a la hora de decidir el cásting. En "7 Vidas" varios de mis compañeros pelearon para que Paco León, que nos había hecho un papelito episódico divertidísimo en un capítulo, formara parte del elenco de la nueva serie entonces en preparación, "Aída".

Hace un tiempo os hablé de otro gran admirado mío, Darío Paso, y de las buenas vibraciones que me produce. Hoy os traigo otro vaticinio que tiene el nombre de Ivan Massagué. Pronostico que este tío también llegará lejos y si no, es que son todos muy tontos.

Cuando Santi Millán anunció su marcha de "7 Vidas", se buscó a un actor que interpretara a su hermano pequeño y que terminara sustituyéndole, en cierto sentido. Ivan Massagué fue una de las propuestas favoritas de los guionistas, pero claro, era feo y se buscaba a alguien que se liara con Eva Santoralia, y cómo iba a ser un feo, por dios (?) y el productor ejecutivo decidió optar por Leandro Rivera , actor de mejor y más sano aspecto visual pero de cualidades interpretativas y cómicas bastante menos desarrolladas (y dios me libre de los arrebatos de los clubs de fans).

Al poco tiempo se intentó corregir este pedazo de error introduciendo a Massagué en el papel de amigo porretas colocado, cuando ya la serie estaba prácticamente desahuciada. Si bien el personaje resultó sobradamente divertido, quedaba bastante por debajo de las capacidades del actor. Y si no me creéis, a continuación os dejo un magnífico momento de "El laberinto del Fauno". Frente al malo maloso de Sergi López -un poquito pasadete, puede que culpa de Del Toro- tenemos a un tremendo, humano, y dificilísimo torturado.

Este tipo llamado Massagué, junto con muchísimos otros que hay o ha habido por ahí, como Darío Paso, Javier Cámara, Peter Sellers, John Cleese, Kevin Kline, Walter Matthau, y, sobre todo y más que nadie, Jack Lemon, demuestran una vez más una máxima que algunos de mis colegas y yo tenemos asumida hace mucho tiempo: que los mejores actores de comedia, son, simple y llanamente, los mejores actores.

De momento, en uno de los proyectos en los que ando metido, hemos pedido la carta de los reyes magos metiendo en nuestro cásting ideal a Massagué y a Darío Paso, entre otros. Sé que no pasará, pero por soñar... ¿no sería una gozada tenerles juntos y escribir para ellos?