No deja de sorprenderme la falta de interés, e incluso la hostilidad, que muchos guionistas demuestran hacia al noble oficio de la escritura. Vale, sí, puede que los guionistas no seamos estrictamente literatos, con toda la complejidad que ese término implica, pero tampoco somos algo demasiado diferente.

Aunque el producto de nuestro trabajo no conforme un resultado en sí mismo, sino más bien un instrumento para alcanzar "otra cosa" -un producto audiovisual-, los guionistas somos narradores y somos escritores, y como tales, es responsabilidad nuestra aprender, conocer, interesarse por el arte de la escritura, en cualquiera de sus manifestaciones. También la literaria, por qué no.

El siguiente extracto está sacado del volumen "Los desafíos de la ficción (técnicas narrativas)" editado por el centro de formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y la Casa Editora Abril (no lo busquen en sus fnacs y cortes ingleses, es cubano). Se trata de uno de los manuales de escritura más útiles y exhaustivos (casi 1300 páginas) que he tenido entre mis manos.

Si no aspiran ustedes a escribir literatura, amigos míos, no creo que sean verdaderos guionistas. Pero, de cualquier forma, la mayoría de los consejos que pueden leer a continuación son aplicables también a la escritura guionística. No se los pierdan, son una joya.


RESUMEN DE REGLAS PRÁCTICAS DE REDACCIÓN Y ESTILO
Gonzalo Martín Vivaldi

-Las palabras son los utensilios, las herramientas del escritor. Y como en todo oficio o profesión es imprescindible el conocimiento –el manejo- de los utensilios de trabajo, así sucede también en el arte de escribir. Nuestra base, pues, es el conocimiento del vocabulario. El empleo de la palabra exacta, propia, y adecuada, es una de las reglas fundamentales del estilo. Como el pintor, por ejemplo, debe conocer los colores, así el escritor ha de conocer los vocablos.

-Un buen diccionario no debe faltar nunca en la mesa de trabajo del escritor. Se recomienda el uso de un diccionario etimológico y de sinónimos.

- Siempre que sea posible, antes de escribir, hágase un esquema previo, un borrador.

-Conviene leer asiduamente a los buenos escritores. El estilo, como la música, también “se pega”. Los grandes maestros de la literatura nos ayudarán eficazmente en la tarea de escribir.

-“Es preciso escribir con la convicción de que sólo hay dos palabras en el idioma: EL VERBO Y EL SUSTANTIVO. Pongámonos en guardia contra las otras palabras.” (Veulliot) Quiere decir esto que no abusemos de las restantes partes de la oración.

-Conviene evitar los verbos “fáciles” (hacer, poner, decir, etc.), y los “vocablos muletillas” (cosas, especie, algo, etcétera).

-Procúrese que el empleo de los adjetivos sea lo más exacto posible. Sobre todo no abuse de ellos: “si un sustantivo necesita un adjetivo, no lo carguemos con dos”. (Azorín) Evítese, pues, la duplicidad de adjetivos cuando sea innecesaria.

-No pondere demasiado. Los hechos narrados limpiamente convencen más que los elogios y ponderaciones.

-Lo que el adjetivo es al sustantivo, es el adverbio al verbo. Por tanto: no abuse tampoco de los adverbios, sobre todo de los terminados en “mente”, ni de las locuciones adverbiales (en efecto, por otra parte, además, en realidad, en definitiva).

-Coloque los adverbios cerca del verbo a que se refieren. Resultará así más clara la exposición.

-Evítense las preposiciones “en cascada”. La acumulación de preposiciones produce mal sonido (asonancias duras) y compromete la elegancia del estilo.

-No abuse de las conjunciones “parasitarias”: “que”, “pero”, “aunque”, “sin embargo”, y otras por el estilo que alargan o entorpecen el ritmo de la frase.

-No abuse de los pronombres. Y, sobre todo, tenga sumo cuidado con el empleo del posesivo “su” –pesadilla de la frase- que es causa de afibología (doble sentido).

-No tergiverse los oficios del gerundio. Recuerde siempre su carácter de oración adverbial subordinada (de modo). Y, en la duda… sustitúyalo por otra forma verbal.

-Recuerde siempre el peligro “laísta” y “loísta” y evite el contagio de este vicio “tan madrileño”.

-Tenga muy en cuenta que “la puntuación es la respiración de la frase”. No hay reglas absolutas de puntuación; pero no olvide que una frase mal puntuada no queda nunca clara.

-No emplee vocablos rebuscados. Entre el vocablo de origen popular y el culto, prefiera siempre aquél. Evítese también el excesivo tecnicismo y aclárese el significado de las voces técnicas cuando no sean de uso común.

-Cuidado con los barbarismos y solecismos. En cuanto al neologismo, conviene tener criterio abierto, amplio. No se olvide de que el idioma está en continua formación y que el purismo a ultranza –conservadurismo lingüístico- va en contra del normal desarrollo del idioma. “Remudar vocablos es limpieza.” (Quevedo)

-No olvide que el idioma español tiene preferencia por la voz activa. La pasiva se impone: por ser desconocido el agente activo, porque hay cierto interés en ocultarlo o porque nos es indiferente.

-No abuse de los incisos y paréntesis. Ajústelos y procure que no sean excesivamente amplios.

-No abuse de las oraciones de relativo y procure no alejar el pronombre relativo “que” de su antecedente.

-Evite las ideas y palabras superfluas. Tache todo lo que no esté relacionado con la idea fundamental de la frase o período.

-Evite las repeticiones excesivas y malsonantes; pero tenga en cuenta que, a veces, es preferible la repetición al sinónimo rebuscado. Repetir es legítimo cuando se quiere fijar la atención sobre una idea y siempre que no suene mal al oído.

-Si, para evitar la repetición, emplea sinónimos, procure que no sean muy raros. Ahorre al lector el trabajo de recurrir al diccionario.

-La construcción de la frase española no está sometida a reglas fijas. No obstante, conviene tener en cuenta el ordene sintáctico (sujeto, verbo, complemento) y el orden lógico.

-Como norma general, no envíe nunca el verbo al final de la frase (construcción alemana).

-El orden lógico exige que las ideas se coloquen según el orden del pensamiento. Destáquese siempre la idea principal.

-Para la debida cohesión entre las oraciones, procure ligar la idea inicial de una frase a la idea final de la frase anterior.

-La construcción armoniosa exige evitar las repeticiones malsonantes, la cacofonía (mal sonido), la monotonía (efecto de la pobreza de vocabulario) y las asonancias y consonancias.

-Ni la monótona sucesión de frases cortas ininterrumpidas (el abuso del “punto y seguido”), ni la vaguedad del período ampuloso. Conjúguense las frases cortas y largas según lo exija el sentido del párrafo la musicalidad el período.

-Evítense las transiciones bruscas entre distintos párrafos. Procure “fundir” con habilidad para que no se noten dichas transiciones.

-Procure mantener un nivel (su nivel). No se eleve demasiado para después caer vertiginosamente. Evite, pues, los “baches”.

-Recuerde siempre que el estilo directo tiene más fuerza –es más gráfico- que el indirecto.

-No se olvide que el lenguaje es un medio de comunicación y que las cualidades fundamentales del estilo son: la claridad, la concisión, la sencillez, la naturalidad y l a originalidad.

-La originalidad del estilo radica, de modo casi exclusiva, en la sinceridad.

-Pero no sea superficial, ni excesivamente lacónico, ni plebeyo, ni “tremendista”, vicios estos que se oponen a las virtudes antes enunciadas.

-Además del estilo, hay que tener en cuenta el TONO, que es el estilo adaptado al tema.

-Huya de las frases hechas y lugares comunes (tópicos). Y no olvide que la metáfora sólo vale cuando añade fuerza expresiva y precisión a lo que se escribe.

-Huya de la sugestión sonora de las palabras. “Cuando se permite el predominio de la sugestión musical empieza la decadencia del estilo” (Middleton Murry). La cualidad esencial de lo bien escrito es la precisión.

-Piense despacio y podrá escribir deprisa. No tome la pluma hasta que no vea el tema con toda claridad.

-Relea siempre lo escrito como si fuera de otro. Y no dude nunca en tachar lo que considere superfluo. Si puede, relea en voz alta: descubrirá así defectos de estilo y tono que escaparon a la lectura exclusivamente visual.

-Finalmente, que, la excesiva autocrítica no esterilice la jugosidad, la espontaneidad, la personalidad, en suma, del propio estilo. Olvide, en lo posible, todas las reglas estudiadas, al escribir. Acuda a ellas sólo en los momentos de duda. Recuerde siempre que escribir es pensar y que no debe constreñirse al pensamiento, encerrándolo en la cárcel del leguyelismo gramatical o lingüístico.