The Wire

Una de las máximas más repetidas sobre la televisión, es que, al contrario que en el cine (donde casi todo el mundo se queda a ver la película), el espectador de la pequeña pantalla no tiene paciencia. El cruel mando zappeador siempre acecha y debes alimentar el interés del público sin darle tiempo a respirar, la zanahoria debe estar siempre alzada, la historia en vilo, o de lo contrario cometerás el peor de los pecados: aburrir.
Bien, todo esto es cierto. O lo era, hasta ahora. Porque va la HBO y empieza a sacar series que no son tan trepidantes, que no tienen un gancho al final de cada escena, que no rebosan de chistecitos y gracietas y besitos adolescentes por los vestuarios, que te plantan a una tía en pelotas porque la historia lo requiere, no para que los guarrindongos solitarios se queden toda la noche a la espera de una nueva y fugaz fantasía. En fin, que van y hacen series en las que se preocupan, única y exclusivamente, por contar buenas historias.
Y de pronto es la propia televisión, no tú, la que se vuelve exigente. Porque te exige atención, te exige paciencia, te exige fidelidad y fe en que, si consigues entrar en su propuesta, disfrutarás mucho más que con otras ofertas aparentemente más atractivas.
Y así, un amigo va un día y te dice un día que veas "The Wire", que sí, que los primeros capítulos son sosos, que al principio cuesta entrar, que tienes que darle bola, que prueba a ver... Y, efectivamente, mucha gente no habría pasado del piloto (pausado, extraño, casi desapasionado). Pero mira, yo ya voy por el cuarto capítulo, y poco a poco empiezo a darme cuenta de que estos polis perezosos dedicados a perseguir a negratas de la droga, y las relaciones que empiezan a crearse entre ellos, me van a gustar mucho, que me van a enganchar, y que, con un poco de suerte, voy a tener otro vehículo para el entretenimiento con el que voy a pasar horas y horas de buenos ratos.
Como el que me ha deparado esta escena que os incluyo, donde dos policías revisan el escenario de un crimen ya olvidado que no llegó a resolverse porque lo investigó un patán. Como guionista, debe ser un auténtico placer escribir algo así, y encima que luego te lo hagan tan bien. Por cierto, para el que no lo sepa, "fuck!" significa "joder!" (el resto son derivaciones parecidas).
¿Qué nos habrían dicho el 90% de los productores ejecutivos de este país si les entregáramos esta escena escrita? "¡Pero si no tiene ni un puto diálogo! ¡Fuck!".






Pope dijo
Hombre, lo del zapping y lo de mantener la atención del público sigue valiendo. Lo que pasa es que en este caso la zanahoria no es un gancho barato, sino una buena historia.
25 Septiembre 2007 | 12:11 AM