Escuchando a Gabriel
Hace días tuve la fortuna de ser invitado al prestreno de “Escuchando a Gabriel”, segunda película del realizador valenciano José Enrique March y del guionista Maxi Valero, buen y viejo amigo, que además de firmar el guión va y marca paquete como coautor de la banda sonora. (A partir de aquí, ojo con los Spoilers).
No vayan con falsas ideas al cine: "Escuchando a Gabriel" es un film romántico hasta las cejas, un melodrama con todas las de la ley en forma de cuento, no intenta engañar a nadie. Diré con la mayor bienquerencia, que no es el género que a mí más me entusiasma, lo que no es óbice para apreciar sus muchos aciertos y aplaudir el esfuerzo realizado por sus creadores para llevar a cabo el proyecto.
Y bien, dicho lo dicho, iré al grano:
Lo que más me gustó
- Los momentos musicales. No sé si los actores protagonistas realmente saben tocar los instrumentos (violín y piano, respectivamente) o se pusieron las pilas para aprender al menos a manejar las manos sobre cuerdas y teclas, pero cada vez que sonaba un instrumento la pantalla se llenaba de credibilidad y belleza. Me gustaron especialmente la escena sin palabras en la que Sara (Silvia Abascal) no logra encontrar la nota exacta en la partitura, el descubrimiento de la habilidad de Gabriel en la prueba del conservatorio, y el concierto final frente al auditorio: inesperado, bien medido, emocionante.
- El comienzo de la historia y la presentación de personajes. La película arranca con suavidad y fuerza, ofreciéndonos un mosaico de personajes bien engranados y definidos, cuyo interés principal recae en las relaciones, difíciles y emotivas, que se anuncian entre ellos.
- Los pequeños pero efectivos gags que jalonan el primer tercio de la historia, casi todos relacionados con el peculiar personaje protagonista. Lo mejor de todo es que dan la impresión de no estar buscados (el propio guionista me confesaba su sorpresa ante la espontánea reacción del público). Simplemente, funcionaban, en parte porque el personaje, y el actor, conseguían aportar una frescura que conectaban con el espectador.
- Antonio Dechent. Soy fan incondicional de este actor cazallero y vividor que no tiene problemas en derrochar talento en cada una de las escenas que interpreta en todos sus trabajos, sean cinematográficos y televisivos. Acostumbrados a verle siempre en papeles de canalla cabroncete, resultó interesante descubrirle un registro algo más tierno (aunque dentro aún de sus personajes malditos), en el que se le sentía cómodo durante casi todo el metraje. Y luego encima nos fuimos de copas y nos dijo a la cara las verdades a sus guionistas (a Maxi, el de la película, y a mí, el de su serie). Quizá él mismo es su mejor personaje (al menos, el más divertido).
- Ciertas imágenes bien fotografiadas y rodadas. Los créditos, (que me recordaban levemente a los de “Matar a un ruiseñor”), los muñecos de madera observando inmóviles y marcando el paso del tiempo, la manzana caída sobre la acera, los dedos ágiles sobre el piano...
- La escena en la que Sara “rompe” la barrera de Gabriel, pasando a través de la reja simbólica hasta llegar a besarle.
- El momento en el que los distintos protagonistas intuyen la llegada de la muerte, un recurso lacrimógeno, y quizá poco creíble para los tontos que no creemos en las cosas que no se ven, pero efectivo, enternecedor y original.
Lo que menos me gustó
- Con mucho, lo que menos me convenció fue la trama del mafioso de la tienda de antigüedades, que, al menos para mí, abandona la credibilidad del resto del film para aventurarse por derroteros de género mafiosil algo maniqueo. La realización, y la música, de la escena de la trampa final del personaje de Dechent me resultaron poco acertadas, y no acabó de convencerme la mecánica (necesaria, pero tramposa) del policía diciendo “ayúdanos, pero no sé si podré convencer al jefe de que nos estabas ayudando”.
- Cierta indefinición en los rasgos psicológicos del protagonista, que en ciertas escenas, como en la de su presentación, parece un autista encerrado en su cuarto, pero con rasgos de bipolar, y que luego aparece como un tipo normal, con un trabajo, con amigos, que se va de copas, a veces tímido, a veces atormentado, luego enfermo...
- El hincapié en la enfermedad final, con cierto regodeo en todo el proceso de deterioro del protagonista.
- Un cierto exceso de metraje, que creo que podría haberse evitado recortando algunas escenas y momentos.
Pero claro, gran parte de estas pegas están motivadas por mi poca querencia hacia el melodrama. Las historias de amor me enganchan, pero más cuando van acompañadas de más violencia, misterio y sexo. El guionista me reconocía entre copa y copa que habían hecho una película "para chicas", y creo que efectivamente el público femenino es el que más lo va a disfrutar (y no me vengan aquí con sexismo barato, esto no es ninguna apreciación machista).
Parece que la crítica, en general, les está tratando bien, y que la taquilla acompaña, teniendo en cuenta el número de copias con el que ha salido. No puedo dejar de alegrarme, como siempre que alguien con cojones se pone el mundo por montera y consigue solventar las millones de dificultades que hay en este país para cualquiera que quiera rodar una película. Enhorabuena.






ahram dijo
Sr. Hastiado, a ver si aprendemos a linkar, joder.
Elmer Bernstein tocado por Dios, si existiera.
Una obra de arte.
http://youtube.com/watch?v=VB0sjVN2Pic
28 Noviembre 2007 | 05:26 PM