El Arte del Montaje
"Cada plano es un pensamiento o una serie de pensamientos, expresados visualmente. Cuando un pensamiento empieza a quedarse sin fuerzas, ése es el punto en el que hay que cortar. Tiene que ser en el momento en el que el impulso para ir al siguiente plano sea el máximo, y así se entra con empuje. Si mantienes el plano demasiado tiempo, el impulso se debilita, y cuando por fin vas al siguiente plano, le falta energía. Siempre estoy intentando encontrar ese punto de equilibrio entre el disfrute de la dinámica interna del pensamiento y el ritmo del plano".
"Al volver a montar la película (Apocalypse Now) no sólo estás añadiendo secuencias nuevas, sino que también estás cambiando de lugar en la trama algunas escenas muy conocidas. Y, por lo que he visto, con ello ha cambiado el colorido emocional de forma sorprendente. La escena del esquí acuático, por ejemplo, tenía lugar mucho antes en la versión de 1979. Al colocarla más adelante, el delirio y la alegría son una recompensa merecida, y así tiene más fuerza. ¡Es un descanso merecido!"
"Probablemente el problema más difícil de esta versión de "Apocalypse Now" ha sido la secuencia de la plantación francesa y cómo introducirla; y más complicado aún, cómo salir de ella. Fue algo que nos desbordó completamente allá por 1978. Estructuralmente, la escena siempre llegaba demasiado tarde en la historia: tras pasar por la pesadilla de la masacre del Sampán en el puente de Do Lung, parecía que entrábamos en otro mundo, y no había espacio ni físico, ni temporal, ni siquiera psíquico para una discusión de sobremesa acerca de la implicación francesa en Vietnam a principios de los años cincuenta. El espectador necesitaba llegar cuanto antes al campamento de Kurtz".
"Hubo una crisis grave por la música de "El Padrino". Bob Evans quería que Henry Mancini salvara la película y le diera un tono más duro. [...] Y hubo una lucha tremenda entre Francis y Evans, durante la que Francis, en un determinado momento, amenazó con dejar la película y quitar su nombre de ella si se hacía aquello. [...] No le gustaba la música de las escena de la cabeza del caballo, en la que Woltz retira la sábana y aparece en la cama la cabeza seccionada de su caballo valorado en medio millón de dólares. [...] La música, tal y como se compuso originalmente era un vals y contrastaba con lo espantoso del episodio. Era una dulce música de tiovivo. Puede que le hiciera falta subir antes a un tono más enloquecido.
Así que intenté algo que había hecho en "TXH 1138": hacer múltiples capas de música, reproducir discos al revés, darles la vuelta, ponerlos más despacio -una versión de lo que hacía cuando tenía once años. [...] Ahora en la música aparece una inestabilidad desorientadora que crece y crece hasta el momento en que Woltz finalmente aparta la sábana".
"En el momento del corte estoy teniendo en cuenta dónde está la mirada del público, en qué dirección se está moviendo, y a qué velocidad. El montador tiene que imaginarse el punto de atención del público cuando se proyecta la película, y tiene que ser capaz de predecir dónde está mirando e 99 por ciento del público en cualquier instante. [...] Ésa es una información muy valiosa. Cuando selecciono el plano siguiente, escojo un fotograma que tenga un elemento visual interesante exactamente en ese punto, donde se encuentra la atención del público en el momento del corte, para recoger y redirigir su atención hacia otro sitio. Cada plano tiene su propia dinámica. Una de las obligaciones de un montador es llevar, como si se tratara de un recipiente sagrado, el foco de atención del público y moverlo de maneras interesantes por la superficie de la pantalla".
Todos estos son extractos del libro "EL ARTE DEL MONTAJE: UNA CONVERSACIÓN ENTRE WALTER MURCH Y MICHAEL ONDAATJE ", que estoy seguro que la mayoría de ustedes ya conocen. Yo lo leí sin pausa hará tres o cuatro meses y tenía pendiente recomendárselo a todos ustedes. No sólo es un diálogo entretenido e inteligente en el que se aprende y se filosofa mucho sobre los oficios del montador y del montador de sonido, sino que uno se entretiene descubriendo a un personaje cautivador y sorprendente como el de Walter Murch.
Si son ustedes guionistas, el libro les gustará. No conozco a ningún colega de profesión que no se sienta fascinado por el noble arte de cortar, pegar y arreglar escenas con la tijera. Según yo lo veo, en uno de mis habituales arranques de gremio, el guionista es el primer y más importante montador de cualquier producción. Nosotros somos los primeros en decidir dónde empiezan y acaban las escenas, en qué orden transcurren, qué diálogos se quedan, qué elementos hace falta que el espectador vea o conozca. Mi fase preferida a la hora de escribir un largo es el momento en el que ya tenemos una buena primera versión dialogada y te dedicas a reorganizar, cortar y marear la perdiz. Es la parte más divertida del oficio, o al menos a mí me la parece.
Escuchar, pues, los consejos de un sabio que ha montado "El Padrino", "Apocalypse Now" o "La conversación", acerca de cómo se puede "salvar" una película, o atender a las anécdotas extraídas de tantos años de profesión frente a la moviola, es un lujo al alcance de cualquiera. Ahora que los reyes majos vienen de Belén, contémplenlo como posible agasajo a terceros o pídanselo directamente para sí mismos, que no hay nada mejor que quererse y demostrárselo. Si no me creen a mí, hagan caso a otras gentes más listas y guapas que yo:






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27 Diciembre 2007 | 11:21 PM