La Coctelera

El Guionista Hastiado

"¿Quién necesita a un guionista? Dadme un director competente y un par de actores inteligentes y en 8 semanas os mostraré a los 3 tipos más nerviosos que hayáis visto". Groucho Marx

21 Junio 2008

Somos tontos, somos feos, somos malos

Cuando se habla de la ficción televisiva de éste nuestro país (o países) es habitual escuchar, discutir y pregonar una máxima contumaz y panegírica:las series extranjeras (especialmente las americanas y británicas) son mucho mejores que las españolas, tanto en lo referido a calidad técnica como narrativa.

Podemos porfiar obstinadamente acerca de tan repetida máxima, y argumentar hasta el infinito sobre qué significa que una serie sea mejor que otra (¿es una cuestión de gustos? ¿De engranaje discursivo? ¿De acierto en el acercamiento al alma humana? ¿De audiencias?). Pero he de confesar mi férrea disposición a admitir lo mucho que hay de cierto en tanta proclama laudatoria para con lo de fuera y crítica con lo de dentro. Yo también pienso que es cierto: en general, no sabemos hacerlo igual de bien.

Otra cosa son ya los motivos de este desencuentro en los resultados, un aspecto que pocos se detienen a considerar con calma, con lo cual, claro, mal vamos si queremos mejorar. Normalmente, atribulados por ese afán condenatorio tan nuestro, espectadores y críticos tienden a buscar explicaciones del tipo...

- Los guionistas de este país son todos tontos y malos.

- Sus madres bebieron mucho durante el embarazo.

- La televisión es un reducto de fracasados que no consiguieron hacer cine.

- Los profesionales de la tele son impostores advenedizos que sólo buscan ganar mucho dinero sin interés ni tiempo para dedicarle esfuerzo a la consecución de los talentos.

- En España nadie sabe escribir.

- En España nadie sabe rodar.

- La televisión española está llena de rojos y jipis que no quieren trabajar (como el cine).

- El humor español, tan castizo y panderetero, no tiene la elegancia, la finura y el intríngulis de la comedia anglosajona.

- Los policías, médicos, bomberos, abogados... españoles son gordos, bajitos y bigotudos, no tienen la prestancia, el aplomo, la belleza ni la credibilidad de los americanos.

- No me dan una oportunidad a mí, que lo haría mucho mejor, seguro.

Aunque todas estas aceradas explicaciones no dejan de tener su parte de verdad, hemos de reconocer que son fruto más de la exageración, el encono y las envidillas que de un análisis medido y calmado del asunto. A mí, que todo esto me interesa como al primero, se me antojan algunas causas un poco más plausibles y moderadas, que ustedes seguro que ya conocen. Más que nada, es por ponerlo ordenadito y pasado a limpio:

1- Factores económicos

Los más importantes, los más definitivos. EEUU cuenta con una audiencia potencial muchísimo mayor que la nuestra, no sólo porque tienen más de 300 millones de habitantes, sino porque exportan muchos de sus productos a todo el mundo, cosa que nosotros, a pesar de tener uno de los idiomas más hablados en el planeta, todavía no acertamos a hacer, aunque en camino estamos.

Así, un capítulo de una serie americana cuenta con un presupuesto diez veces mayor que una española, lo que se traduce en la posibilidad de rodar en cine, de contar con los mejores profesionales -guionistas, actores, directores, técnicos- de poder doblar unidades, de rodar exteriores, y, sobre todo, de ganar tiempo para escribir, para rodar, para pensar... (porque sí, también en televisión hay que pensar).


2- Factores históricos

Los anglosajones tienen a sus espaldas sesenta años de televisión comercial y competitiva. Los españoles, quince. Nuestra televisión está en pañales y todavía vamos buscando el camino a seguir. "Médico de Familia", "Verano azul" o "Farmacia de guardia", aun resultando productos exitosos y rentables, no eran sino los primeros pasos de un bebé que echa a andar a trompicones y que recibe los aplausos de los papás orgullosos, sin apenas competencia a la que enfrentarse.

En España la generación actual de profesionales de la televisión estamos huérfanos de maestros. Aquí no tenemos a nadie que haya hecho "Frasier" ni "MASH" ni "Luz de Luna" ni "Mary Tyler Moore" ni "Policías de NY". Los cuatro gatos que hacían televisión hace veinte años no fueron suficientes para crear plataformas de aprendizaje de las nuevas generaciones. Apenas hay escuelas solventes donde aprender, no hay profesionales curtidos dedicados a la docencia, ni productos sobresalientes en los que fijarse. Aquí se aprende a base de ostias, de prueba y error, de malas copias de lo de fuera y de lo de dentro... Poco a poco la situación se normaliza, y cada vez es más frecuente encontrarse a cuarentones, o incluso cincuentones, que han dedicado su vida a la televisión. Pero muchos de ellos han sido empozoñados por el aguijón del cinismo, que les ha educado en la creencia de que calidad y éxito, en nuestra televisión, casi nunca van de la mano.

La interpretación en sitcom, por ejemplo, exige unos conocimientos y un dominio de la comedia que requiere de preparación, de aprendizaje y de un dominio de ciertos recursos que se aprenden con la experiencia y el tiempo, tanto a la hora de interpretar como de dirigir actores. En EEUU el último de los personajes secundarios de un capítulo tiene un bagaje práctico y teórico que aquí la mayoría de los protagonistas ni siquiera se huele, por no hablar de los directores. El proceso de toma de decisiones de cásting se mueve más -como muchos directores de cásting admiten- por impulsos, por justificaciones estéticas y por amiguismo que por un auténtico filtro relacionado con la calidad de la interpretación.

3- Factores empresariales

Estos factores económicos e históricos han conformado una industria televisiva ecléctica, caótica, desorganizada, en la que muchos de los procesos creativos y de toma de decisiones están en manos de ejecutivos que aterrizan en la televisión como podían haber aterrizado en el departamento de embutidos ahumados de Campofrío. Las estructuras jerárquicas se construyen a base de compadreo, curriculismo oportunista y cubateo, porque todavía faltan criterios consistentes para juzgar quién es "bueno" en su trabajo, quién sabe escribir, quién tiene buenas ideas, quién está capacitado para tomar decisiones creativas o para liderar un proyecto.

La pobre e inconexa estructura empresarial del medio crea sinergias destructivas, en las que las productoras (muchas y endebles) se pliegan a las cadenas (pocas y poderosas) a la hora de crear, presentar y desarrollar proyectos. Se considera que el verdadero éxito de una productora es vender una serie, no tanto que ésta llegue a convertirse en un éxito -porque esto se considera más una cuestión de suerte que de talento-. Se quiere recaudar cuanto antes (las cadenas pagan a las productoras a medida que éstas entregan los capítulos grabados) y por lo tanto, los proyectos ya vendidos se crean con prisas, sin paciencia, dedicándole dos meses a un proceso -el de elaboración de la Biblia, creación de personajes, elaboración del cásting y escritura de los primeros capítulos- que debería contar al menos con diez.

4- Factores de programación

Hasta hace muy poco tiempo, en nuestro país tres grandes televisiones se repartían el pastel publicitario. Eso implicaba una tendencia a buscar productos muy generalistas, pensados para todos los públicos. Una serie tenía que gustar a jóvenes, abuelos, niños, pobres, ricos, listos y tontos, porque un producto que no obtuviera, al menos, un 25% de share, era un fracaso. Eso ha homogeneizado la ficción convirtiéndola en un contenedor de distintas sensibilidades, en el que no había lugar para la originalidad, la audacia o la novedad.

Esa tendencia cambió un poco con la aparición de "Cuatro" y "La Sexta", aunque todavía vivimos más anclados en el pasado que en el futuro (ambas cadenas, que nacieron con propósitos de "renovar la televisión española", han terminado cayendo indefectiblemente en la repetición de lo ya visto). Hasta que la TDT no entre de verdad en nuestras casas -en lugar de ser, como hasta ahora, una cuchufleta de refritos y reposiciones-, no asistiremos a un verdadero cambio en el medio.

El hecho de que España tenga un "Prime Time" más dilatado que el americano, ha impelido a las cadenas en los últimos años a demandar series de hasta 80 minutos, lo que, si bien resulta cómodo para programar, provoca una inevitable y nada abstracta merma en la calidad de los productos. Y lo malo es que las productoras, pobrecitas ellas tan desvalidas, transigen.

En EEUU la televisión por cable ha superado ya a las grandes networks. La cadena HBO ha liderado un proceso de evolución hacia productos más específicos y arriesgados que han llevado a la televisión a cotas de calidad que hace años parecían irreconciliables con el medio. En España el cable todavía no cuenta con suficientes espectadores como para poder permitirse crear ficción, por lo que la televisión generalista sigue siendo la única opción válida para quienes quieran crear ficción televisiva.

5- Factores de credibilidad

En España la televisión todavía tiene muy mala prensa -lo que, hasta cierto punto, resulta lógico-. Escritores, guionistas, realizadores y, sobre todo, los actores siguen considerándola un lugar que sirve exclusivamente para ganar dinero, lo que hace que muchos de estos profesionales no se acerquen al medio, o lo hagan con una actitud meramente alimenticia. El prestigio y la motivación creativa siguen estando en el teatro y el cine (a pesar de sus exiguos resultados económicos), porque se considera que la televisión no puede tener calidad, no puede crear nada de lo que uno pueda enorgullecerse.

Esta visión algo simplista es consecuencia, en parte, de lo complicado y lo desorganizado del proceso creativo en la televisión, y de su ineludible sistema de trabajo en equipo, que no permite "personalismos creativos". Además, los proyectos arriesgados o que intentan apostar por la calidad se estrellan una y otra vez frente a producciones más chabacanas que triunfan con facilidad -"Matrimoniadas"-, no tanto porque no interesen los productos más "pensados", sino porque realmente no hay infraestructuras creativas adecuadas, plataformas de emisión a pequeña escala rentables, ni una base de profesionales capaces de acertar con estrategias más novedosas. Así, el derrotismo cínico se acaba colando en el ánimo de los profesionales del medio, que a menudo acaban por abandonar sus sueños creativos. Cuanto más tiempo llevan trabajando en el medio, más fácil es que se rindan, lo que significa que la gente con más experiencia, que suele ser la que retiene los puestos de mayor responsabilidad y la que toma las principales decisiones, no tiene ya ninguna gana de apostar.

6- Factores de percepción

Es cierto que las mejores series que se hacen ahora mismo se hacen en EEUU. Es cierto - o eso creo yo- que las mejores producciones españolas están a años luz de las mejores americanas. Pero también es verdad que la televisión americana es responsable de muchos de los productos más zafios, horteras y pésimos que existen. Lo que pasa es que no nos llegan. Por cada serie de éxito americana que podemos comprar en la FNAC se han creado trescientas que no trascendieron, porque no triunfaron, porque no acertaron, porque, directamente, eran muy malas.

Sin embargo, la ficción televisiva española, a pesar de todas las dificultades con las que cuenta, consigue enganchar semana tras semana a millones de espectadores por medio de historias cercanas y costumbristas. Podemos discutir la calidad de los guiones, de la puesta en escena, de la realización y de la interpretación, pero eso no significa que no haya talento, que no haya aciertos, que no haya ganas. Los españoles, cainitas como los que más, somos por naturaleza y tradición destructivos con el éxito del vecino. Siempre nos resulta más fácil pensar que el que triunfa lo hace por pura suerte, porque se ha follado a alguien, o porque la vida se lo ha dado todo hecho. Quizá nos vendría bien intentar que los juicios de valor sobre nuestros productos hicieran hincapié también en los aspectos positivos y los aciertos que han sobrevivido a tantas dificultades y barreras, en vez de llenarnos las bocas de bilis hablando sólo de los errores, las cosas hechas con prisa y las meteduras de pata recurrentes.

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zax

zax dijo

eres un vovo

30 Agosto 2008 | 03:04 PM

Segui

Segui dijo

Hola,

Hastiado, dices que: en general, no sabemos hacerlo igual de bien; Yo diría también que, en general, se sabe hacer bien, mas no igual (y yo que me alegro). Y sí, lo confieso, a mí las series españolas me gustan más que las extranjeras a pesar de los pesares y a pesar de las penas, penitas, penas.

Como espectadora veo “simplemente” la punta del iceberg, el resultado final (que puede ser un capítulo, una temporada, varias temporadas, distintas series) y del que puedo decir que me sorprende para bien por su buena calidad, por su originalidad (cuando la hay), por sus características autóctonas, por su alta profesionalidad, por su exquisita simpleza, por su compleja sencillez, por sus guiones inteligentes (sí, pone eso) o porque, “simplemente”, se me ha acercado al alma; Pero también puedo decir que me sorprende para mal porque veo cómo cíclica y coyunturalmente se siguen los mismos patrones una y otra vez, cómo una sola idea es utilizada y/o copiada por todos hasta la saturación, cómo las historias se estiran como el chicle, cómo productos que comienzan siendo “originales” acaban siendo pasto de la “generalidad”, cómo series españolas se intentan y a veces se logran, con mayor o menor acierto, “americanizar” quitándoles todo su encanto, cómo series que me gustan, “inexplicablemente”, son cambiadas de horario, de día, o directamente retiradas de la parrilla, lo que es peor (Aún me acuerdo de la cara de tonta que se me quedó cuando me senté, como hacía ya algunos domingos atrás, a ver “Manolito gafotas” y no estaba, había desaparecido, y si hubo explicación, yo no me enteré.); cómo una y otra vez se intenta por parte de la industria endosarme/nos, a los espectadores en general, productos que no demandamos, los cuales, y para más inri, si después no tienen éxito, según la forma de medir la audiencia que existe actualmente, parte de la culpa recae sobre el “bobo” que pone la tele.

Así que abusando de la valentía que me da mi ignorancia y sin la intención, por supuesto, de decirle a nadie lo que tiene que hacer (si así lo parece en algún momento es por culpa de mi torpe expresión), sólo como mero ejercicio de reflexión de una espectadora que ha sufrido algunas injusticias, pero que también ha recibo algunas satisfacciones viendo la tele, me he tomado la libertad y el libertinaje, ya me lo digo yo la primera, de comentar los factores de este aclarador e interesante post tuyo, Hastiado.

Perdón, esto me ha salido largo, largo, y además veo que me repito con algunas ideas ya expuestas.

1.- Los factores económicos. Lo más importante es que el presupuesto que exista ya o el incrementado en un futuro se emplee por parte de la/las productoras (no sólo como empresa con ánimo de lucro sino como sistema o conjunto de sistemas) con eficacia, pero también con eficiencia, siempre que sea posible.

Y sí, los americanos tienen diez veces más presupuesto porque sus ingresos, debido a su mayor audiencia, son mayores, pero ¿y sus beneficios? Habría que ver tanto de forma absoluta como en ratios si sus ganancias son también superiores a las españolas. Yo no lo sé, estoy hablando supuestamente, pero quizás a este lado del charco nos llevaríamos alguna sorpresa.

Estoy de acuerdo, un mayor presupuesto de gasto podría suponer: tener el tiempo, contar con los mejores medios… pero me resisto a pensar que en España los mejores profesionales, de forma general, estén esperando a que haya un mayor presupuesto para aparecer como por ciencia infusa o como si de una fuga de cerebros se tratase. Creo que desde la vocación contáis con los mejores profesionales ya y los que vendrán, aunque no haya esos aumentos espectaculares en las arcas de cada proyecto.

2.- Factores históricos. Al leerte este factor he pensado que tenéis mucha suerte de estar en medio. La televisión española tiene la vasta historia que comentaba Javier Olivares, más los quince años que comentabas tú, Hastiado, más la oportunidad de ver series extranjeras, ¡con lo que abre la mente “viajar al extranjero”! (y no es ni ironía, ni mofa, lo digo es serio y con todo mi respeto). -Yo soy de la opinión de que si los americanos, o los ingleses, o los franceses, o… no ven las series españolas, de antes y de ahora, se están perdiendo “un mucho” para poder hacerlo ellos también mejor-; Ahora quizás sería el momento de que arrancase esa PLATAFORMA de aprendizaje, de productos cada vez más “curtidos” y mejorados, que como en la Pintura, cree su propia “escuela” que sea un referente dentro y por qué no, fuera.

3.- Factores empresariales. Lo del ejecutivo que no sabe nada de sobre lo que decide no es exclusividad de la industria televisiva, creo que es un mal general incurable a corto y medio plazo e incluso a largo (España is different) y que los que de verdad saben de lo que se traen entre manos tienen que soportar, capear y/o tragar o atragantarse, que es peor; y además si algo sale mal es culpa del que recibió la orden, no de quien la dio.

Aquí no hay mecenazgo, ni sostenimiento a base de subvenciones (lo cual, creo, es un acierto. Sucumbir al respaldo ficticio que da una subvención no es lo ideal para que una empresa sobreviva y/o crezca, -aunque a veces por motivos históricos, sociales, culturales sea la única o la mejor opción-) y puede que la Tele sea la forma de crear donde más capital recuperado y remunerado se necesita para volver a crear. Conciliar los intereses del capital y de la creatividad parece, en principio, imposible de conseguir pero porque en la actualidad, creo, la creatividad está al servicio de la remuneración del capital a corto plazo. Si éste se pusiese al servicio de aquélla a corto y medio -con lo que muchos de los problemas de falta de presupuesto, de tiempo y de coordinación a corto se solucionarían-, a largo plazo su aumento en la remuneración (que no tiene por qué ser, ni siempre ni sólo, pecuniaria) favorecería de una forma más completa, compleja y consolidada el sostenimiento y la mejora de esa creatividad, como del mismo capital en sí.

También, hasta que las productoras no dejen de depender tanto financieramente de las cadenas (existen otros medios de conseguir dinero o crédito: bancos, el pago aplazado, la cooperación –johndemol hablaba de ello-, la asociación, la fusión, “el cobro de una herencia”) seguirán doblegándose e intentando que los “Períodos Medios de Maduración” de las series se reduzcan a dos meses; Y hasta que las cadenas dejen de conformarse con un producto hecho a la carrera, que probablemente les cueste como uno hecho en su justo tiempo (aunque esto es sólo una suposición, en realidad no lo sé), no se va a poder mejorar mucho; Y también, si las cadenas proporcionasen un poco de oxígeno, con lo que no estoy diciendo “hacer de ONG” con las productoras, y se implicasen más en la creación y mantenimiento de la ficción (anticipando pagos a cuenta y/o “aprendiendo a esperar”), eso –a mi entender- supondría a medio y largo plazo la mejora y/o el aumento de la oferta, tanto en número de proyectos por productora como en número de productoras creadas, y por lo tanto, supondría una mayor posibilidad de ofrecernos a los espectadores, de aquí y de allí, más cantidad y más calidad para engancharnos y quedarnos viendo las series y sobre todo su publicidad que en el fondo es la principal mira (y si no es así pido perdón por mi suposición desde la ignorancia) de las cadenas.

Y ya a nivel empresa, la productora/as, como sistema de crear ficción, puede –a mi entender- buscar la excelencia, la organización, organización y organización, buscar el hermanamiento de los distintos intereses de los distintos elementos del sistema que en principio parecen enfrentados y conseguir que todos, sin perder pero sin dejar de aportar también y siempre mejorando, mejorando y mejorando, sigan y se identifiquen con la filosofía de la misma.

En definitiva, que si de lo que se trata es de crear y de entretener obteniendo el máximo beneficio (entendido no solamente desde su acepción monetaria) y ambas, productoras y cadenas, se necesitan mutuamente y necesitan al espectador, ¿por qué estar haciendo la de David y Goliat continuamente?

4.- Factores de programación. Como espectadora (y he visto que Jaime piensa igual) ¿por qué tengo que esperar a que la televisión por cable o la TDT consigan que la televisión generalista se renueve o muera? ¿Por qué no nos merecemos (espectadores de a pie que pagamos nuestros impuestos –en España todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario- y que nos tragamos minutos y minutos y minutos y minutos de publicidad y no sólo fuera de los capítulos) un giro hacia algo menos generalizado y más “selecto” en las cadenas de “siempre” por el mero hecho de que ya sepan que vender “el helado” para el niño y la niña, para el abuelo y la adolescente ya no funciona o va a dejar de funcionar pronto (es que ya nadie ve la tele como la familia Alcántara –a ver cuándo se dan cuenta ellos. Ya hay teles en todas las habitaciones y hasta en las plazas mayores de los pueblos cuando las ocasiones las pintan. Está el “internés”, los dvd’s, plasmas con buffer temporal, los vídeos, más seguro que otros medios que yo desconozco y que sirven para ver cuándo, dónde y con quién te dé la gana, “la tele”) y que su forma de recoger los datos de audiencia es obsoleta y por tanto no da información exacta o más exacta de la que se obtiene ahora?

¿Por qué se nos “engaña” con la idea de que si no “pagas” no puedes ver algo mejor?

¿Por qué me dilatan tanto el “Prime Time” si yo lo que quiero (y supongo que el resto de currantes de este país también) es irme a la cama prontito, con mi capítulo visto enterito, para poderme levantar tempranito sin ojeras? Y lo que es peor, ¿por qué se piensan, a la hora de programar, que de verdad la gente se queda hasta esas horas tan intempestivas y no apaga la tele antes?

¿Qué impide a las cadenas respetar al espectador? Nada. Todo este tema de la programación es una excusa, un “truco” usado por las mismas para hacer lo que quieren, ganando cuanto más mejor (publicidad) y pasando del personal en general.

5.- Factores de credibilidad. Será que a mí sí me gusta la tele igual que el cine o el teatro, que yo me atrevería a decir que algún día llegará a considerarse el “octavo o noveno (por el que vaya) arte”. ¿Por qué la televisión tiene menos prestigio que el cine o el teatro? ¿Porque no hay que pagar entradas para verla y/o porque no tiene siglos de antigüedad, o porque en ella se curra más y con más estrés? ¿En el cine y en el teatro el proceso creativo no es complicado, no se trabaja en equipo? ¿Y cuando la televisión por cable, si llega a funcionar alguna vez a los niveles de los EEUU, funcione, ya sí será la televisión lo suficientemente prestigiosa como para trabajar en ella y no menospreciarla frente al cine o el teatro?

¿Por qué trabajar en una serie de televisión que tenga audiencia elevada es caer en la vulgaridad y en el oportunismo y sin embargo, si se trabaja en una película o en una obra de teatro –en estos casos no influye la audiencia, léase taquilla- es tener la oportunidad de demostrar la valía, de poder desarrollarse y de crecer como profesional a pesar de estar trabajando casi por amor al arte que, hipócritamente, es mejor que trabajar por dinero?

6. Factores de percepción. Sin ánimo de ofender, pero, en general, se percibe un cierto síndrome de “Bienvenido Mr. Marshall” o cuanto menos “Bienvenido Mr. HBO” en la profesión, o ésa es la percepción que yo tengo al leeros.

También creo que debería de cambiar la percepción que se tiene del “público en general”. Puede que parezca que nosotros también somos tontos, somos feos, somos malos, pero no es así del todo y que ni estamos locos y que sabemos lo que queremos (otra cosa es que nos lo den). El hecho de que veamos la tele o veamos las series españolas y nos guste, hablo en general, no quiere decir que no quisiésemos ver otra cosa o en la misma serie o en otros proyectos nuevos.

Si en este país o países se enciende la tele antes de ir a dormir como si del segundo deporte nacional se tratase después de la santa y sagrada siesta y, por tanto, lo que sale por ella tiene audiencia asegurada, no quiere decir que por ello nos tengamos que “conformar” con lo que hay, -que aunque a veces no esté mal, puede que a veces sea insuficiente- y que el espectador “bobo” no se merezca un mayor esfuerzo por parte de los creadores.

¿Por qué no la apaga? Pues porque no le da la gana, lo que quiere es ver la tele y punto. (A nadie que no le haya gustado un libro se le dice cuando lo ha leído o lo ha intentado leer, “pues para qué lees”, no? Pues esto es lo mismo.) ¿Por qué no cambia de canal y así ejercita la tiranía del mando para que las cadenas y las productoras se enteren de que lo que está viendo puede que no le guste? Pues porque puede que en los otros canales tampoco estén echando algo de lo que desearía ver pero, sin embargo, es en el canal que tiene puesto donde están dando lo que prefiere ver; Y si cambiase de canal… ¿serviría de algo? No. Primero, porque el “audímetro” lo tienen unos pocos. Y segundo, porque en el fondo es el mismo pastel repartido entre los mismos, sólo que un día le toca a una cadena un trozo más grande que a otra y viceversa. Y nefastamente para los espectadores, ellas, (cadenas y por extensión, productoras) se escudan en ese reparto, que al final “siempre” es equitativo, para no hacer “nada” y seguir manteniendo su falta de riesgo y/o su falta de respeto hacia quienes las ven.

Un saludo!!

9 Septiembre 2008 | 08:41 AM

elguionistahastiado

elguionistahastiado dijo

Vaya, menudo comentario te has cascado, Segui. Muy interesante, profusa y medida tu opinión. Así, leído del tirón, creo que estoy de acuerdo contigo en todo. Tal vez tienes un tono demasiado optimista, pero no seremos tan tontos de considerar que eso no es algo bueno, ¿no?

Un abrazo

9 Septiembre 2008 | 09:52 AM

Segui

Segui dijo

Hombre, sin optimismo no hay pesimismo… Ya por ahí sí es bueno, no?

Enhorabuena por tu libro, Hastiado. Ser de “de ida y vuelta” como la copla es lo que tiene… que te hace ser más rico, y lo mejor… que esa riqueza la compartes con todos.

Un abrazo para ti también.

10 Septiembre 2008 | 08:36 AM

Segui

Segui dijo

Hombre, sin optimismo no hay pesimismo… Ya por ahí sí es bueno, no?

Enhorabuena por tu libro, Hastiado. Ser de “de ida y vuelta” como la copla es lo que tiene… que te hace ser más rico, y lo mejor… que esa riqueza la compartes con todos.

Un abrazo para ti también.

10 Septiembre 2008 | 08:37 AM

Segui

Segui dijo

Ups... siento la repetición.

10 Septiembre 2008 | 08:54 AM

pollastrom

pollastrom dijo

Estimado Hastiado:

Interesantísima elaboración y pliego de descargo... Lo es. ¿Y qué más da si lo es?

Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que has expuesto. Aunque los argumentos van siempre por los mismos derroteros y, tal vez, puede que seamos nosotros los distintos. El cine y aún más la televisión persigue la realidad de cada día, la nuestra, para reflejarla cuando ya ha pasado de moda; ese es, en mi opinión, el problema. Si sólo copias lo que ves, fracasas siempre.

Hay que hacer lo que nadie ve y, en ese aspecto, todos estamos llenos de culpa. La audiencia pide, clama hace años innovaciones que llegan en forma de concursos de realidad porque, evidentemente, sus conversaciones al menos sí están actualizadas, mientras en algunas series todavía sobreviven expresiones como "ese tipo" y construcciones sintácticas imposibles en conversaciones cotidianas. En consecuencia la ficción española en general se torna correosa, pastosa, dañina para un intelecto medianamente sano.

Sinceramente, creo que el primer traidor es el guionista. El guionista es quien abandona el barco y olvida sus sueños. Los demás son machacantes sin escrúpulos, pero... ¿Qué le queda al escritor si no escribe lo que desea?

Respirar bajo el estiercol.

Saludos a todos

7 Enero 2009 | 04:50 PM

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Sobre mí

Soy guionista. De comedia, casi siempre. A veces tengo mala leche, pero eso me hace más divertido. Me solivianta que la ficción de este país esté en manos de ejecutivos en lugar de en las de guionistas con ganas de contar historias y divertir.
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