Un kilómetro de su mierda

Un grupo de aguerridos soldados se preparan para invadir Irak. Durante un descanso reciben el correo diario. Necesitan pilas, pañales, torretas, tabaco, cafeína, revistas porno, baterías y carne en lata, pero lo único que reciben son cartas de niños de primaria alentándoles a "acabar con los terroristas". Los soldados hacen algunos comentarios fuera de tono sobre la belleza de algunas niñitas. En una de las misivas un crío intenta animarles diciendo que tal vez logren regresar a casa sin tener que luchar. Ellos se burlan de él, lo último que desean es volver de Irak sin haber entrado en batalla, porque eso es, precisamente, para lo que han sido preparados.
La escena termina cuando uno de los soldados se fija en la foto de una niña pequeña y dice lo siguiente:
"Me comería un kilómetro de su mierda sólo para saber de dónde salió"
Esta frase terrorífica, obscena, malsana, se puede escuchar en el primer capítulo de la serie "Generation Kill", ideada por los responsables de "The Wire", adaptación de un libro escrito por Evan Wright, un periodista de "Rolling Stone" que acompañó a un batallón del ejército americano durante la primera fase de la invasión de Irak en el año 2003.
Parece fácil que uno llegue a preguntarse qué ha sido lo que ha llevado al guionista a escribir algo como esto en un guión. ¿Son palabras extraídas del libro y, por lo tanto, de la realidad? ¿Es un exceso de diálogo al que se recurre para definir a unos personajes bárbaros? ¿Es una especie de chiste desafortunado? ¿Un intento de provocar?
Es la típica línea de diálogo que levanta ampollas, que pone en pie de guerra a asociaciones y que logra que patrocinadores retiren su finaciación. Pero personalmente me importa un bledo de dónde haya salido y a quién pueda ofender, porque a mí me parece que FUNCIONA. Por muy monstruosa e inhumana que sea, suena REAL. "Generation Kill" no trata de hacer una radiografía moral, estética o ideológica sobre la guerra de Irak, sólo intenta acercarse a la verdad de la vida cotidiana de los soldados que lucharon en aquel conflicto. Y a mí me encaja que esos jóvenes asustadizos, hormonados, armados hasta los dientes, entrenados en la violencia y enfrentados a la muerte, hablen así.
Dialogar es un arte que tiene mucho que ver con el oído y con la capacidad de lograr que los personajes nos expliquen quiénes son sin decírnoslo, verbalizando evidencias que esconden verdades. Lo que nos dice esa frase sobre esos soldados -tanto del que la pronuncia como de los que ríen al oírla- va mucho más allá de la simple obscenidad. El guionista, aquí, no juzga, sólo expone.
Si algo ha tenido de malo la televisión generalista desde sus inicios es que ha ido por detrás de la realidad, que nunca ha mostrado nada que no hubiera sido antes ampliamente aceptado por la sociedad. En los 60, mientras desde la calle se proclamaban consignas contra el racismo, el sexismo y la guerra, la televisión americana ofrecía series escapistas como "Bonanza", "Batman", "Star Trek" o "Los Monster" que evitaban "mojarse" en asuntos que aún no parcían muy claros.
La televisión ha sido desde sus inicios falsedad, edulcoración, mentirijillas en boca de presentadores dientiblancos que impostan la voz. Y de hecho considero muy probable que ésta fuera la causa del éxito fulgurante de los primeros realitys, donde se mostraba mierda, sí, pero mierda auténtica, tío, gente de verdad hablando en la tele y tirándose pedos, todo un lujo.
No sé si alguien en EEUU se habrá quejado de la crudeza de las imágenes y los diálogos de "Generation Kill", pero sí sé a ciencia cierta que ahora mismo en España ningún canal de televisión aceptaría una frase así en ninguna de sus producciones. Aquí no se habla de política. Aquí no se habla de sexo excepto para hacer bromas chusqueras. Aquí no se habla de nada políticamente incorrecto. Nuestros soldados son buenos, nuestros curas, santos, y nuestros artistas y presentadores no se drogan.
No me entiendan mal, no digo que para ser un buen guionista uno deba plagar sus páginas de marines pederastas. Sólo insisto una vez más -qué pesado soy- que debería llegar el día en el que la realidad, el verismo y la honestidad narrativa -tan difíciles de conseguir para un escritor- se empezaran a considerar un auténtico tesoro, un hallazgo único que debe ser mimado y fomentado, no sólo un temido acicate para que cuatro espectadores mojigatos manden cartas de vacía indignación a los apartados postales de las televisiones.
Auguro pues, así a lo loco y por provocar un poco a ver si alguien entra al trapo, que el primer canal español que entienda eso y consiga superar su natural pacatismo y tendencia a la copia mala, se va a llevar un gato muy gordo al agua. Y los demás van a correr a imitarle, presas de envidia de la mala.






Ana Feu dijo
Creo que tienes razón. Creo que no es malo mostrar la realidad, lo que pasa es que a la mayoría de gente su realidad no le gusta nada, no la asume, y por eso le molesta verse reflejado en un espejo...
Me gusta mucho tu forma de escribir, supongo que se nota que eres guionista...
13 Octubre 2008 | 08:53 PM