Actores mínimos

Una de las ventajas de acudir a la Escuela de Cine de Cuba es la posibilidad de asistir a alguna que otra charla interesante de mano de profesionales del Cine (y la Televisión, aunque menos). Este año (ya pasado) tuve la suerte de coincidir con el director argentino Carlos Sorín, responsable, entre otras, de la interesante "Historias Mínimas".
Sorín fue invitado a dar una charla sobre los actores no profesionales, de los que suele echar mano para protagonizar muchos de sus filmes. El director contó mucho de sus secretos a la hora de trabajar con estos actores amateurs, que con frecuencia encuentra por la calle o en castings poco convencionales. Es fundamental, por supuesto, la elección de una persona que se adecúe al personaje, además de rodar pocas tomas, fomentar la espontaneidad y la naturalidad en el rodaje, trabajar con ellos mucho tiempo antes... Aunque en ocasiones hay que recurrir a otro tipo de trucos menos ortodoxos.
Como ejemplo pudimos ver una escena de "Historias Mínimas" protagonizada por Antonio Benedictis, un hombre que jamás se había puesto delante de una cámara. Benedictis interpreta a Don Justo, un comerciante retirado que inicia un largo viaje en busca de su perro. El viejo está convencido de que el chucho huyó de él por un motivo oculto que desvela, por fin, en esta escena. Se trata de un breve monólogo en primer plano, difícil, repleto de siginificado en la historia. Observarla y fijaros en cómo el no-actor demuestra un sutil sentido de la interpretación, con un titubeo contenido que incide en la reticencia del personaje a contarle a alguien, por primera vez, su oscuro secreto.
No me negarán que el momento es digno de un Robert de Niro.
Pues bien, lo que Sorín hizo para conseguir esta interpretación del pobre Benedicto, fue en realidad un truco muy sencillo. Antonio memorizaba las escenas (especialmente las más difíciles, como ésta) con semanas de antelación. Pero el director le cambió el texto unos minutos antes de empezar a rodar, aduciendo motivos narrativos. El pobre anciano sufrió lo indecible para encontrar las nuevas palabras durante su discuro, y esa indeterminación, esa mirada perdida, es la que proporciona una intensidad especial al personaje. Una solución un poco de hijoputa, pero efectiva. Volved a mirar la escena y fijaos en las pausas del actor: simplemente está intentando recordar el nuevo texto. A grandes retos, soluciones sencillas.




Gonzo dijo
Pues muy interesante su entrada. Precisamente tengo que rodar en poco tiempo un corto por el que me han dado al ganar un concurso, y por mi mente circula la idea de probar con actores no profesionales para darle esa espontaneidad de la que habla. Lo que pasa es que me asustaba el asunto, quizás por mi propia inseguridad, pero viendo esta entrada y el resultado, me ha dado usted más animos para ello.
3 Enero 2009 | 01:28 PM