Malos tiempos para estar desabrigado

En las últimas semanas se ha detenido el rodaje de un par de producciones televisivas que todavía no han llegado a estrenar. Una de ellas, es posible que ni siquiera llegue a las pantallas .La consecuencia más nefasta, como siempre, es que una gran cantidad de profesionales se ha ido a su casa (o sea, al paro) de un día para otro.
Al parecer, las cadenas implicadas enarbolaron la excusa más habitual en estos días: la crisis. Una vez más, los trabajadores sufren las inclemencias de una industria enrarecida, sin planes de previsión, que dispara a ciegas, con una desigual distribución de poder, en la que los productores de contenidos están a merced de los distribuidores. Al igual que pasa con los agricultores y ganaderos contra las grandes superficies, cuando un miembro de la cadena comercial tiene una evidente posición de poder sobre el resto, al final todo el mundo sale perdiendo.
Puede que la progresiva fragmentación y multiplicación de canales emisores empiece a cambiar esto. Lo aconsejable sería llegar a un punto en el que los contenidos tuvieran bastante más peso del que tienen. Es decir, que las cadenas (que viven de la audiencia) hicieran lo indecible por atraer, promover y mantener aquellos espacios (y profesionales) más exitosos y rentables (algo que de momento sólo pasa con actores y presentadores). Hoy en día, la mayoría de las productoras no sólo firman contratos de exclusividad que les impide mover un producto a otra plataforma, sino que, además, las cadenas se permiten chantajear con poco veladas amenazas de exclusión: "si quedas mal conmigo, no volverás a colocar nada en estos despachos, ándate con ojo".
Y así, entre una cosa y otra, los profesionales de la industria audiovisual siguen a la intemperie. Directores, cámaras, guionistas, maquilladoras, sonidistas,scripts, realizadores, ayudantes de producción y dirección... todos saben que cualquier día, en cualquier momento, y sin previo aviso, pueden perder su trabajo. Los convenios del gremio siguen siendo inútiles: sueldos mínimos de risa, nula protección frente al despido inmediato (¿por qué no 15 días de antelación mínima?) y abusivos contratos por obra que permiten eliminar, en la práctica, pagas extra y vacaciones, y desprenderse de quien sea cuando sea (Moreno tenía por costumbre contratar y despedir a sus trabajadores cada semana, con lo cual si tenía un pronto -y tiene muchos- le bastaba con decir "tú no vuelves el lunes").
Conozco ya a bastantes currantes que, pasada la treintena, empiezan a plantearse reorientar su carrera profesional para buscarse una ocupación con contratos más sensatos, y organizar su vida con menos dosis de trepidación e inestabilidad. La atracción primeriza que sienten los adolescentes por el mundo "del espectáculo" y sus bambalinas se torna rápidamente en frustración y desencanto. La gente nueva que llega tiene muchas ganas, pero poca experiencia, y la gente que tiene experiencia tiene cada vez menos ganas. Y así, entre todos, nos luce luego el pelo.







Panov dijo
¿Se puede saber cuales eran, y qué productoras y cadenas estaban implicadas?
24 Marzo 2009 | 11:09 AM