La mulada cultural

Como ustedes saben, llevo un mes atascado en mi casa a causa de una operación de rodilla de la que parece que voy saliendo airoso y no excesivamente cascarrabias. Las muletas me han permitido tostarme un poco al sol del terraceo del barrio y hacer alguna salida esporádica, pero en líneas generales, digamos que me he tirado cuatro semanas entre el sofá, el ordenador y la cama. No tengo queja, me han cuidado bien y he podido permitirme seguir trabajando en un proyecto que me apasiona, me da de comer y me entretiene.
Pero claro, las horas son muchas y a veces hay que rellenarlas. Me arriesgaré confesando mi delito y admitiendo que mi conexión ADSL ha estado trabajando a destajo. He podido ponerme al día en series y largometrajes que tenía pendientes gracias a los beneficios de la mula y Non, Je Ne Regrette Rien. En esta época de cambios y acaloradas disputas, permítanme ahondar, una vez más, algo cansinamente ya, en algunas de mis impresiones sobre el mentado asunto de las descargas P2P:
1- La mayor parte de lo que me descargo, me lo descargo porque no puedo conseguirlo de otra manera. He empezado a ver "Battlestar Galáctica", serie que muchos me recomendaron. Intenté comprar la primera temporada en DVD antes de operarme, previendo la necesidad, pero no la encontré por ningún lado. Tampoco hubiera podido hacerme fácilmente con filmes más antiguos como "La soledad del corredor de fondo" o "Esta tierra es mía", de Renoir. Y, desde luego, ningún sitio me ofrecía la descarga "legal" bajo pago.
He visto capítulos de "Lost", de "House", "In treatment", "The Shield" -por la que guardo respetuoso luto- y de "Breaking bad", series que fagocito entusiasmado, y para las que exijo -sí, exijo- inmediatez, oportunidad, calidad. No quiero esperar a que las emitan en abierto a las dos de la madrugada o las editen en dvd, no quiero verlas dobladas o con subtítulos macarrónicos y pixelados, no quiero que me las contraprogramen o me las interrumpan con 20 minutos de publicidad, ni verlas un día concreto a una hora concreta, sino cuando a mí me viene bien. Así de chulo soy.
La falta de alternativas es determinante en todo este asunto. Si a mí me dijeran que un distribuidor me permite ver a través de Internet, por ejemplo, el último capítulo de "Perdidos" en el momento que yo lo desee, en VO con buenos subtítulos, y con una descarga rápida, no me importaría pagar uno o dos euros por hacerlo. Y uno o dos euros de millones de fans sería mucho dinero. Pero esa posibilidad, de momento, no existe.
2- La falta de reflejos de la industria está acostumbrando a los usuarios a la gratuidad. Si no se reacciona rápido y se ofrecen alternativas al P2P, será difícil convencer al público de que pague por algo que antes tenía "gratis". Es momento de plantear alternativas claras a la emisión tradicional en abierto. El "Pay per view" tiene que llegar pronto, y bien, y fácil, o no calará. Es, posiblemente, uno de los "quids" de todo este asunto.
3- Es cierto que algunos de los filmes que he visto podría habérmelos comprado en dvd, pero es que nunca lo habría hecho. Ni por asomo me compensa pagar veinte euros por un DVD que:
- a) No creo que me vaya a gustar, pero por el que siento una mínima curiosidad. Es el caso de "Cloverfield", que me descargué y me pulí en diez minutos, pasando las partes que me parecían más coñazo. Y aun así me aburrió. Y la borré, y punto.
- b) No me compensa tener en propiedad, porque sólo quiero hacer un único visionado de él. Vamos, que no me hubiera importado alquilarlas en un videoclub por un par de euros, pero es que no tengo ninguno cerca, y no pienso arrastrarme con mis muletas durante un kilómetro para conseguirlo. Caso de "Outlander", por ejemplo, película de consumir, entretenerse y olvidar.
4- Según algunos miembros de la SGAE (no todos, tampoco) soy un delincuente. Pero yo no he cometido ningún delito, puesto que no ha habido ánimo de lucro en mi comportamiento. Mis amigos de la red y yo hemos compartido unos archivos. Eso, por ahora, es legal. En cuanto a los derechos de autor, se supone que están compensados por la existencia del cánon. Nuevamente, insisto, el problema del cánon es cómo se recauda y cómo se distribuye. Que empiecen a cobrar a las operadoras de ADSL y dejen de gravar Cd´s y discos duros y criminalizar a los dj´s de bodas y bautizos.
5- Todo esto, sí, tira por tierra muchas de las convenciones empresariales tradicionales en la industria audiovisual. Pero es que ésa es ya una batalla perdida. El cambio ya está aquí, y ya no es tan fácil engañar al espectador como antes. Cada vez es más posible elegir qué quieres ver, y no tienes por qué permitir que te enchufen en vena lo que sea que toque esa noche en la tele (al final las propuestas son tan pobres, que muchos terminan cayendo en la "telebasura"), o bien puedes pasarte por el forro que las alternativas en la cartelera -especialmente fuera de Madrid o Barna- sean tan paupérrimas.
Aun así, las grandes cadenas y productoras todavía tienen mucho que decir. Nadie habla de que deban desaparecer, pero deberían ampliar, corregir y repensar sus líneas de negocio y distribución, antes de que sea demasiado tarde. No hay problema, por ejemplo, en que TVE emita un capítulo del "Águila roja" en abierto en combinación con un estreno anterior y exclusivo en un "Pay per view" de calidad, a la vez que ofrece contenidos extra en su página web, genera retroactividad a través de un foro, favorece que el fenómeno fan se expanda por el mundo entero -Latinoamérica, ése gran mercado por explotar-, edita DVD´s a precio razonable, recurre al patrocionio o al Product Placement inteligente -proclamar loas a la sidra o las beldades del País Vasco, se me ocurre-, y vende -qué se yo- manuscritos firmados por Francis y muñequitos de la marquesa con el culo en pompa. Si hay una base de fidelidad al producto de fondo, es imposible que todo eso no termine siendo rentable (hombre, igual con una serie más barata sería más fácil, pero aun así).
6- Puede que un servidor sea un traficante emulero, pero también soy una persona que invierte bastante en cultura. Una cosa no quita la otra. Compro series, películas, libros, cómics y música. Para mi disfrute personal o para regalarlos. Muchos de esos productos me enamoraron en forma de descargas y se ganaron un lugar en mis estanterías.
En definitiva, Internet, al facilitar el acceso a los contenidos, está favoreciendo e impulsando el consumo cultural. La gente ve más películas, más series, se leen más medios de comunicación, se crea debate con las bitácoras y los foros, la información crece exponencialmente y se vuelve participativa y cooperativa, y todo eso influye en una gran parte de la sociedad que, finalmente -digan lo que digan los números interesados de las distribuidoras tradicionales- consume, y genera negocio. Siempre habrá jóvenes o desafortunados con poco nivel adquisitivo que tiren de fórmulas baratas, pero a la larga muchos de ellos terminarán invirtiendo.
Es necesario dejar claro de una vez -y esto es un mensaje también para la nueva ministra- que Internet es Cultura. Y es imprescindible que su acceso se considere un derecho y una necesidad social. Hay que bajar precios de las conexiones, hay que mejorar las redes, hay que estimular la creación de redes comunitarias gratuítas en las que ya se investiga y se prueba (wifi público, anda bancha, acceso a través de las frecuencias terrestres que quedarán libres tras el apagón de la TDT...).
Por suerte ya hemos pasado el Vía Crucis de la Semana Santa, así que lo siento pero yo no me flagelo ni me dejo subir a la cruz, ni pienso pagar por los pecados de otros. Bastantes religiones de cuchufleta tenemos ya. Y además ya camino con una sola muleta. Prepárense.






Kohonera dijo
Completamente de acuerdo contigo, Hastiado! Punto por punto.
13 Abril 2009 | 10:49 AM