Sentido del deshumor

Leo en el País que Obama y su gente se han reído de sí mismos en la cita anual con la Asociación de corresponsales de la Casa Blanca, una cena en la que se dedican a hacer chascarrillos sobre asuntos propios y ajenos, en una especie de competición de monologuistas amateur, pero con unos chistes que, presumo, habrán sido pensados y trabajados por un equipo de guionistas profesionales.
Sé que es un coñazo esta actitud de "todo lo que viene de EEUU" es mejor. No creo que sea así, pero en estos asuntos sí que considero que nos llevan mucha ventaja. No hay que ser ningún experto sociólogo para alcanzar a comprender los beneficios de una autoparodia saludable, tanto personales como políticos. Reírse de los propios defectos y contradicciones es un ejercicio de humildad e inteligencia que favorece la empatía, el acercamiento, la simpatía y la distensión de los asuntos más graves.
Los españolitos, que nos creemos tan graciosos, no solemos poner mucho empeño en reírnos de nuestros asuntos. Nuestra comedia suele enfocarse a la crítica y derribo del de al lado, al que consideramos un blanco mucho más digno de nuestra afilada lengua. Y así, nuestra vida política abusa de gravedad, de violencia verbal, de seriedad mal entendida.
No hay más que fijarse en la flagrante ausencia de los asuntos políticos en nuestra ficción. Pocas veces un personaje expresa con franqueza sus preferencias políticas, casi nunca se hacen tramas "políticas". No sé si es por miedo de las cadenas, o por miedo de los creativos a que las cadenas tengan miedo, pero entre unos y otros el caso es que hemos desterrado la ficción política de nuestras pantallas. Algunos valientes se esfuerzan desde hace tiempo por sacarles los colores a los políticos con producciones como "Vaya Semanita", "Polonia", "Los guiñoles", "El intermedio"... Pero falta una buena sátira política que, como hizo en su día "Yes Minister", nos explique cómo son los verdaderos entresijos de la gobernación al mismo tiempo que nos haga desencajar la mandíbula.
Porque todo lo que envuelve a la política, con esa contradicción constante entre lo que soy y lo que quiero demostrarle al mundo que soy, es un universo abonado para el humor. Basta con repasarse la sección nacional de cualquier periódico para echarse unas buenas risas, si se lee con la actitud adecuada.
Los políticos americanos se pelean por una aparición en el SNL -que aquí ha quedado tan descafeinado- y por conseguir los mejores "chistosos" profesionales para sazonar sus discursos y apariciones mediáticas. Y, al mismo tiempo, las ficciones recurren a los políticos, a sus desvaríos idelógicos y a su influencia en los personajes, para sacar petróleo de la refinería del humor. Aquí, como mucho, algún que otro diputadillo intenta improvisar una respuesta pocas veces ingeniosa cuando algún reporterillo maleducado intenta -a menudo también sin mucho éxito- lanzarle alguna pregunta supuestamente incisiva.
Qué triste es pensar que cualquiera de nuestros políticos está muy por debajo del sentido del humor del señor McCain. Cuando le preguntaron qué tal lo llevaba, en su primera aparición televisiva tras su derrota electoral, dijo "he estado durmiendo como un bebé: duermo dos horas, me despierto y lloro, duermo dos horas, me despierto y lloro...".







marina dijo
Eso de los políticos riéndose de si mismos también ocurre en Catalunya, con el programa que ya has citado, Polònia. A veces vienen políticos invitados y se enfrentan a sus imitaciones, dando a entender que tienen un sentido del humor perfecto y que se lo pasan en grande cuando los dejan en ridículo... imagino que sera simple estrategia política y que mucha gracia no les hace. Siempre me quedara la duda...
http://www.youtube.com/watch?v=WKdtHpX0_hg
http://www.youtube.com/watch?v=LM9Wvb77K94
;)
12 Mayo 2009 | 10:52 AM