Los fans de "Los Hombres de Paco" han petado el servidor de Globomedia. Parece que a muchos de los seguidores adolescentes de la serie de Antena 3 no les ha sentado bien la deriva argumental que está tomando la serie, especialmente en lo respecta a la relación amorosa entre los personajes de Mario Casas y Michelle Jenner.

Para quienes no estén al tanto, resumo: Hugo Silva fue el guapo de la serie hasta que decidió que quería darse un descanso y abandonó la producción a la búsqueda de nuevas aventuras profesionales. Antes, su personaje Lucas celebró por fin su amor con Sara (Michelle Jenner) casándose con ella, e inmediatamente se largó para colaborar en una importante y arriesgada investigación policial internacional.

En esta nueva temporada se ha intentado trasladar su papel de "mojabragas" al personaje interpretado por Casas, Aitor Carrasco. El jovencito Aitor está enamorado de Sara y parece que en los últimos capítulos ella, al fin, ha cedido a sus encantos, alejada como ha estado del que fue su gran amor. Pero esto ha sentado muy mal a algunos. En este país todavía más machista de lo que creemos, incluso entre los jóvenes, que una chica casada le ponga los cuernos a su guapo marido no se considera algo bien visto. O simplemente es que les da rabia.

Así que algunos de los seguidores de la serie decidieron emprender una campaña de envío masivo de mails a Globomedia para proclamar su descontento, lo que provocó una caída del servidor de la empresa.

El asunto no pasa de ser una anécdota curiosa, pero a mí me resulta interesante por las implicaciones que suscita y las verdades que nos recuerda sobre esta industria y la ficción televisivas:

- La influencia de la televisión es mucho mayor de lo que a veces nos imaginamos los que trabajamos en ella. Ni el cine, ni la literatura, ni la prensa tienen ese poder. Es cierto que es el público adolescente el que tiene más tendencia a "dejarse atrapar" por los poderosos efluvios de la ficción, pero esto no le resta mérito. Publicitaria, ideológica y narrativamente pocos medios de comunicación cuentan con semejante capacidad de penetración en la psique del espectador.

- Internet está consiguiendo que la televisión pase de un modelo unidireccional a uno bidireccional, en el que los seguidores de una ficción cada vez tienen más influencia en el desarrollo de ésta a través de sus actuaciones. Es cierto que puede parecer una influencia pequeña, pero les aseguro que los guionistas y los directivos de la industria suelen leer los comentarios esparcidos por foros y bitácoras. No siempre los tendrán en cuenta, claro, pero en ocasiones estas opiniones sí logran afectar al desarrollo de las tramas, o a la mayor o menor presencia de determinados personajes. Se crea así una especie de "screening" constante en el que se pulsa la opinión del espectador para intentar detectar qué elementos de la serie funcionan mejor, y cuáles son menos apreciados por la audiencia.

- Sin embargo, la brecha digital se hace patente, y es necesario tenerla en cuenta. El espectador mayor de 35 años apenas se interesa por hacer pública su opinión. Internet es el reino de los jóvenes. Es el medio que dominan, en el que han crecido. Tienen más tiempo, más ganas, y más interés por hacerse oír. Son los que suspiran por sus héroes y los que van a gritarles en los festivales y las premieres. Si esto no se tiene en cuenta a la hora de valorar el feedback digital, se puede caer en el error de pensar que las opiniones de la blogosfera son las de todo el público de una producción, lo que, en el caso de aspirar a enganchar a una audiencia heterogénea, puede impeler a tomar decisiones poco afortunadas.

- Las series son, o deberían ser ya, algo más que lo que se emite por la pantalla. Aún se puede hacer mucho por aumentar la presencia en Internet, por favorecer la interactividad en las webs oficiales de las series, por aprovechar las posibilidades de la emisión digital, de los vídeos youtuberos, del márketing viral, de la colaboración desinteresada de los fans... Una serie (mucho más que un film, por su dilatación en el tiempo) crea un universo que debería expandirse y completarse fuera de ella. En España todavía estamos un poco en pañales en estos asuntos. La mayoría de las series tienen páginas muy sencillas, con pocos contenidos, mal actualizadas y con escaso interés por la aportación de los internautas. El sistema ha cambiado, los espectadores ya no son sujetos inmóviles que se tragan lo que les echen, ahora intercambian impresiones, tienen poder, se han vuelto exigentes, y demandan una participación en ese universo al que se han apuntado. Y dársela, por supuesto, es una apuesta atractiva para todos. Y rentable.