Productores ejecutores

Hemos de admitir que esta industria nuestra de lo audiovisual tiene una nutrida representación de personajes llamativos, estrafalarios, esperpénticos. Desde los actores a los guionistas, pasando por técnicos, directores de cásting, jefes de producción y conductores cuentan entre sus elencos con personajes que no resultarían creíbles en ninguna ficción, porque parecen directamente imposibles.
Pero si hay un puesto que acumula más que ningún otro inquinas y anecdotario es el de los productores ejecutivos. En este país tenemos por costumbre criticar siempre al que más manda, cierto es. Pero también es verdad que el dinero, el poder de decisión y el éxito son vitaminas para el ego que no todo el mundo es capaz de digerir con pragmatismo. Cuando, además, nos movemos por el resbaladizo terreno de la ficción, en el que casi nadie sabe nada, y en el que éxito, calidad y capacidad a menudo no tienen ninguna relación entre sí, algunas figuras de prohombres de la industria resultan, a ojos de muchos, algo patéticas.
Hay un productor ejecutivo en concreto que siempre acaba surgiendo cuando los trabajadores del sector comparten sus historias de abusos laborales, maltratos profesionales o hijoputadas en general. Llamémosle el productor avieso.
El productor avieso se volvió poderoso gracias a que -sea por sus propios talentos, sea por los de su equipo- una serie suya se convirtió en un gran éxito. El dinero entró a espuertas y los medios de comunicación ensalzaron a varios de los actores protagonistas. Una de las actrices más llamativas del plantel, arrojada y segura de sí misma, decidió que su aportación al éxito de la serie merecía sin lugar a dudas un aumento de sueldo. Así que se dirigió al despacho del productor avieso decidida a no salir de allí sin una sustancial modificación en su contrato. La actriz arrojada defendió su postura, aduciendo que ella era una estrella mediática, una "chica Almodóvar", y que sin ella la serie se iría a pique.
Pero si algo distingue a los productores aviesos de las actrices arrojadas, es que aquéllos son mucho más taimados que éstas. Lo que la actriz no sospechaba es que el productor avieso había ordenado instalar una cámara oculta en el coche que cada día la recogía en su casa para llevarla al plató, y traía de regreso tras la jornada de grabación. El productor escuchó atentamente los argumentos de la actriz, y cuando ella terminó su speech, él apretó un botón de un mando a distancia. Una imagen de vídeo mostró a la actriz dentro de su coche, haciendo llamadas varias en las que -como cualquier hijo de vecino- ponía al productor avieso no de hijo de puta, sino de lo siguiente.
El productor, muy tranquilo, detuvo la imagen y le dijo a la actriz: "no sólo no te voy a subir el sueldo, sino que además estás despedida". La actriz lo había conseguido: tenía una sustancial modificación en su contrato. Aunque tal vez no la que ella había esperado.
Efectivamente, la actriz perdió su papel, pese a lo cual la serie siguió funcionando durante bastante tiempo. Espero, amigos actores, que hayáis tomado nota de la moraleja y que tengáis cuidado de lo que decís: nunca se puede saber quién está escuchando.
Y así termina la fábula de hoy, una de las más difíciles de digerir que he escuchado en esta profesión. Lo que más me cuesta es imaginarme ese momento en el que el productor se acercó al conductor del coche y le dijo algo así como: "Paco, que vamos a poner una cámara oculta en el coche, a ver qué larga la gorda, ¿vale?". "Vale".






Beta dijo
Pienso, pienso... pienso en alguien... hmmm
19 Mayo 2009 | 07:15 PM