El desubvencionador que desubvencione...

El buen español siempre tiene una opinión bien formada respecto a cualquier tema. Tiende al extremismo, al entusiasmo innecesario, y no escucha demasiado los argumentos del contrario, no sea que le vayan a convencer un poco de algo que no le apetece entender.
No sé si yo seré poco patrio, pero hay un asunto, fundamental en esta industria, sobre el que no acabo de posicionarme del todo. Digamos que hay dos tendencias enfrentadas, que podrían resumirse así.
1- El cine español necesita ser subvencionado o perecerá bajo las fauces del monopolio yanqui. Las distribuidoras desprecian el cine español, y la única manera de que nuestra industria cinematográfica sobreviva es que el estado aporte pasta gansa para producir. El cine es un arte y no necesita el beneplácito del público. Si el cine español no tiene mejor acogida es por prejuicios, incultura, porque no se le dan suficientes salas, y porque no hay suficiente pasta para la promoción.
2- Los cineastas son unos mantenidos, titiriteros hedonistas niños de papá del estado que viven del cuento rodando historias que no interesan a nadie, gracias al dinero que reciben de todos nosotros, que les estamos pagando el baile, la cena, la copa y los polvos. Si quieren subsistir, que hagan películas que el público quiera ver.
Estas dos visiones del mismo asunto, cuyos respectivos defensores se dan virtualmente de mamporros por bitácoras y forismos como si de un deporte nacional se tratara, son incapaces de mover un ápice sus posturas y comprender, de alguna manera, las motivaciones del contrario.
Creo que mi incapacidad para posicionarme con rotundidad proviene del hecho de que ambos grupos, en el fondo, tienen razón. O parte de razón, al menos. Es cierto que el cine español necesita atraer al público a las salas, y que durante bastante tiempo un cierto sector de la industria no se ha preocupado lo suficiente por ello. Hay productoras que viven de las subvenciones y no se preocupan realmente por crear un producto comercialmente rentable. Creo además que hay talento y profesionales suficientes para conseguirlo, especialmente proveniente de las nuevas generaciones.
Dentro de la industria se ha criticado duramente el éxito de algunas producciones recientes como "Fuga de cerebros" y "Mentiras y gordas". Yo he visto la primera y creo que es una de las peores películas que me he encontrado en muchos años. Pero eso no importa, porque no está hecha para que me guste a mí; está hecha para llenar las salas, y lo ha conseguido. Ésa es la mejor forma de crear industria y de favorecer al cine español.
Al mismo tiempo, y sin que esto afecte a mi primera opinión, también considero que son necesarias las subvenciones. El cine es un arte, es cultura, aparte de que pueda y deba ser también industria. Pero la realidad es que si se deja el mercado en manos del capitalismo puro y duro, casi nadie podrá rodar, y posiblemente nos quedaremos sin cine nacional. Se dificultará la aparición de nuevos talentos y todo el componente creativo que se le supone a un arte estará supeditado a la obtención de taquilla.
La cuestión es, por lo tanto, cómo apoyar al cine sin que ese apoyo lastre las intenciones comerciales que deberían acompañar a la mayoría de las producciones. La cuestión es cómo encontrar el equilibrio entre libertad creativa e impulso comercial. El problema, pues, no son las subvenciones, sino para qué se usan y cómo se gestionan.
Siempre que hablo de estas cosas parece que me ha dado un ataque gremial y que defiendo intereses egoístas, pero no es así. Considero sinceramente que gran parte de los problemas de los que adolece el cine español provienen del guión, incluyendo en él la génesis de historias que atraigan y entretengan al público, y creo que es inútil subvencionar la escritura de 25 o 50 guiones al año si no se premia la viabilidad comercial, si no hay apoyo a la formación, si luego no hay cauces para ayudar a que esos guiones se rueden, y si no hay intenciones reales de que el gremio de los guionistas-no-directores subsistan con su trabajo.
Yo no tengo respuestas claras, y quizá por eso me estoy perdiendo la posibilidad de disfrutar de ese orgullo tan nacional de defender una postura extrema sin miramientos. De cualquier forma, y por opinar un poco, admitiré que leo con cierto agrado las últimas noticias que parecen anunciar un cierto interés desde el Ministerio de Cultura por mejorar estos asuntos. Todavía no se dice claramente cómo lo van a hacer, pero las intenciones no son malas, o eso creo yo.
El problema será, auguro, que ninguna de las dos partes hará un verdadero esfuerzo por apreciar los pequeños avances que se puedan lograr. A lo mejor habrá que acabar haciendo caso al Pianista y cambiar de País. Pero que no sea Italia, por favor.






Francisco dijo
Tampoco yo tengo un criterio muy definitivo sobre el asunto; pero si entre los argumentos de la primera postura que enuncias está, realmente, el que citas de "el cine es un arte y no necesita el beneplácito del público", creo que mi opinión cuajará definitivamente en torno a la otra. Cualquier arte necesita el beneplácito del público. Las que sobreviven sin él es porque necesitan poquito: la literatura, por ejemplo, la mera subsistencia del escritor, la pintura eso y poco más para lienzos y óleos... Pero no porque haya subvenciones estatales del importe de las que se le dan al cine para mantener pintores ni poetas. El arte que no es capaz de conquistar el beneplácito del público y así financiarse, tiene muy merecido irse a la porra, y no seré yo quien lo lamente. ¿Qué interés tiene el ciudadano medio, que es quien paga los impuestos, en que sobreviva un arte incapaz de darle nada que le interese? ¿Por qué debo pagar a quien no tiene ningún interés en interesarme?
15 Junio 2009 | 09:08