Es corto
He tenido el honor de formar parte del jurado de "Escorto 2009", el festival de cortometrajes de El Escorial, cuya clausura tuvo lugar este pasado sábado.
En los festivales, aunque sean pequeñitos y cucos como éste, siempre hay anecdotario y cierta cantidad de detalles que podrían haberse hecho de otra manera. Resultó simpático, por ejemplo, que José Sacristán lograra un premio a la mejor interpretación que consistía en... un curso de interpretación; fue innecesario que hubiera tres premios a los Spots del festival, o que el actor y la atriz revelación -Irene Anula e Iñaki Ardanaz, espléndidos en "Como conocí a tu padre"- tuvieran que devolver la estatuilla frente a todo el auditorio porque la organización se las había dado por error.
La gala fue un poco larga, como todas las galas, a pesar de que tuvo ritmo y se omitieron innecesarios chistes de guión facilones. Yo me hubiera ventilado la actuación musical con el pase de fotos de otras ediciones -3 años no da para mucho recuerdo glamouroso- y la presentación de los spots por parte de sus creadores. Por suerte la presentadora era ágil, el alcalde fue escueto y comedido, y casi nadie se excedió en sus agradecimientos.
Pero lo que más me ha sorprendido del festival ha sido el buen nivel técnico general de los cortometrajes presentados. Las nuevas generaciones están demostrando que son capaces de obtener resultados profesionales con pocos medios. Técnicamente hay algunos irreprochables, y no hablo sólo de aquellos que -como "The End", de Chapero-Jackson, que se alzó con el principal galardón, entre otros- cuentan con unos medios de financiación más abultados. La universalización de los sistemas de grabación digitales está enriqueciendo mucho las posibilidades de producción de la cantera de futuros profesionales, asunto que se trató en el debate previo a la gala que tuvimos algunos miembros del jurado e invitados.
Sin embargo, expreso aquí mi percepción -que ya compartí en dicho debate- de que quizá se está poniendo excesivo énfasis en la técnica, en la dirección, en la fotografía, en los rodajes y la postproducción, y se está dejando a un lado la preocupación por las historias y la escritura del guión.
La mayoría de los cortometrajes tenían entre sus mayores puntos débiles el texto, lo cual tiene multitud de causas. Por una parte, el oficio de contar historias exige no sólo cierta experiencia y pericia para dominar la técnica narrativa, sino también de una cierta madurez personal que, supongo -no es mi caso- se adquiere con los años. Es más fácil para un principiante aprehender los fundamentos de la realización, la fotografía y el enfoque, que decidir qué historia se quiere contar y por qué.
Pero otro de los factores más determinantes es el hecho de que la mayoría de la gente que hace cortos son directores que ruedan con el afán de demostrar su valía para rodar, con el deseo confeso de saltar al largo, y la mayoría de ellos se preocupan más por el "cómo" que por el "qué" cuento.
La ficha técnica de casi todos los cortos presentados en este festival comienza con un "Dirección y guión...". Están escritos y dirigidos por la misma persona, lo que no deja de ser el reflejo amateur de una realidad de nuestro cine que tantas veces hemos criticado: la dificultad para que los directores asuman guiones escritos por otros, la prepotente necesidad de casi todos los realizadores de "contar su propia historia", su propia visión del mund, lo que va en contra de cualquier planteamiento profesional e industrial del asunto -ahora que se habla tanto de la necesidad de forjar una industria del cine rentable.
Hay magníficos directores que además saben escribir muy bien. Pero es imposible que sea algo generalizado. A lfinal pasa lo que pasa, que muchas películas muy bien dirigidas parten de un guión flojo, o, por el contrario, buenos guionistas se meten en el jardín de dirigir y salen mal parados.
Uno de los productores invitados al festival, con bastantes trabajos a sus espaldas, nos contaba consternado cómo un guionista que se empeñó en rodar su primera película, acabó llorando el primer día de rodaje porque no sabía dónde colocar la cámara.
Los oficios, en esta industria, existen por una razón, y lo mejor es que cada uno se centre en el suyo e intente mejorar todo lo posible. A ver si va a resultar que todos podemos ser hombres-orquesta, con lo que pesa el bombo.







ahram dijo
Se me olvidó saludarle en el ágape. Fue una pequeña frustración, espero poder hacerlo pronto.
22 Junio 2009 | 01:13 PM