Presentaciones

Ciertas teorías cinematográficas sobre guión, más preocupadas por lo comercial, defienden la necesidad de que la historia comience rápidamente, a ser posible con un acontecimiento potente y que el conflicto principal se detone cuanto antes. Alargar los prolegómenos de la historia, aducen, puede producir letargo y aburrimiento en el espectador, porque mientras no haya conflicto, no hay historia. Si se trata de una comedia, el espectador tiene que reírse desde el primer minuto, si es un thriller, tiene que haber misterio en la primera escena, si es un drama, tiene que haber muchas lágrimas...
La presentación exhaustiva, pausada, de los caracteres principales parece entonces más adecuada para filmes de autor o historias "de personajes". Bien, yo no comparto esta opinión.
En el último año dos filmes de animación de Pixar han sido bien acogidos por crítica y público: "Wall-e" y "Up". Mucha gente habla con admiración de los primeros minutos de ambas producciones, en los que se introduce de manera casi exclusivamente visual a los protagonistas y el ambiente en el que se desenvuelven. Durante unos quince minutos la historia "no comienza", no hay detonante, sólo exposición. Pero no exposición entendida como "dar datos". Lo que se hace es aportar información íntima y profunda sobre el personaje y las circunstancias que le rodean.
Los responsables de Pixar han reconocido más de una vez su admiración por Buster Keaton, del que se han nutrido sin complejos. Una rápida asociación nos llevará a pensar que han recogido su legado para la narración visual y sus enseñanzas sobre el "slapstick", el ritmo y la métrica exacta de sus gags visuales, marcas indiscutibles del genial cómico (yo mismo he hecho esa asociación más de una vez).
Sin embargo, sospecho que hay algo más. En muchas de las producciones de Keaton, como en "El Navegante" , "El Boxeador" o "El héroe del río", sorprende la escasa presencia de gags en los primeros quince minutos. ¿Por qué no me río todavía si estoy viendo una comedia? Me da por pensar que el amigo Buster (que era mucho más que un simple "payaso") comprendió perfectamente la necesidad de presentar a los personajes e introducir al espectador en el universo de la historia. ¿Por qué? Porque no hay mejor manera de hacer reír, llorar o emocionarse a alguien que consiguiendo que algo le importe, que un personaje le concierna.
Si el personaje te importa, entonces te interesará, y te afectará, todo lo que va a pasarle. Muchas veces veo filmes o series que arrancan con secuencias vibrantes en las que un personaje desconocido se enfrenta a una difícil elección, a un conflicto pavoroso, un acontecimiento dramático o supuestamente divertido... pero a mí me importa un bledo. ¿Quién coño es este tío? ¿A mí qué más me da que sufra?
Cuando escuché por primera vez cuál era el argumento de "Up", me pareció una frikada, una ida de pelota. Pero después de ver los primeros minutos del film, no podía estar más a favor del protagonista y de su loca pretensión de transportar una casa hasta Sudamérica con ayuda de un montón de globos. Bravo. A por ello, amigo, yo te sigo.
No creo que se pueda defender que "Up" o "Wall-e" sean películas poco comerciales, como tampoco lo eran las de Keaton (puede que ahora parezcan cine "para cinéfilos", pero entonces eran grandes blockbusters). No creo que nadie pueda decir que sus primeros minutos sean aburridos. Puede que sin conflicto y sin peripecias no haya historia, pero mucho menos la puede haber sin personajes.
En definitiva: perder tiempo en presentar personajes, no es perder tiempo.






Zeberio Zato dijo
Esta entrada demuestra que te estás convirtiendo en un gurú del cine y la televisión en España, señor Hastiado. Primero, porque tienes razón. Yo, que prefiero opinar de literatura porque de audiovisual no me veo capaz, estoy convencido de los beneficios de ese esfuerzo inicial en presentar a los personajes. Un inicio expositivo nos obliga a hacer un trabajo de aprendizaje y asunción de información que de entrada nos da igual, pero que nos permitirá disfrutar en mayor grado de la historia. Una prima adolescente me contó, el otro día, que le costó empezar con la trilogía de Millenium: "En las primeras cien páginas no pasa nada", me dijo. Tardó el mismo tiempo en leerse esas cien primeras páginas que en devorarse las 1.500 restantes de la trilogía, pero es que ya no podía dejar de leerlo, quería saber qué pasaba a esos personajes que tanto le importaban.
Millenium no es uno de los libros que más ganas tenga de leerme, pero me gustó que me comentara esto. Me ofreció un punto positivo para valorar una historia que yo pensaba similar a la de tantos otros best sellers que me matan de pereza.
Y para no ser menos que el gran gurú del audiovisual, yo también termino el comentario con un aforismo que suelo decir a todos aquellos que me dicen que no leen por pereza: A mayor esfuerzo, mayor recompensa.
21 Agosto 2009 | 02:20 PM