Reality shit

Veo en "Fama" cómo unos pobres chicos descalificados de no-sé-qué-fase-definitiva lloran desconsolados ante la imposibilidad de alcanzar un destino que ya acariciaban con los dedos. En pocos segundos, dos profesores estrafalarios de fingida altisonancia, con mallas y pelos, borran de un plumazo sus ilusiones, sus sueños, su futuro. Es el todo o la nada en un único gesto, la gloria absoluta o la derrota más dolorosa, la Fama o la mierda, aquí y ahora.
Pues no, amigos, todo esto es una asquerosa mentira.
Este post está dirigido a todos los adolescentes que desean ferviertemente participar en "OT", "GH", "Fama", "Supervivientes" o cualquier producto de corte parecido.
Hace tiempo que quería escribir sobre los realitys. Más concretamente, me apetecía cagarme un poco en ellos. En primer lugar porque están logrando imponer en los más jóvenes una falsa cultura del éxito rápido, fácil y sin esfuerzo. Si eres guapo, si tienes talentos innatos, si eres cabrón y listo y desinhibido y deslenguado... lo tendrás todo. Si no, nunca serás nadie, tu momento habrá pasado en cuanto se te vengan las primeras canas.
Echando cuentas es fácil darse cuenta de que no todos los jóvenes podéis llegar a ser famosos. No cabéis tantos. Ni siquiera en Telecinco. De hecho, la gran mayoría no lo conseguiréis, lo que me hace prever que pronto aparecerán oleadas de treinteañeros defraudados, avejentados y depresivos, incapaces de afrontar una vida sin fastos en la que tengan que trabajar para sobrevivir, en la que las oportunidades se hayan esfumado con los primeros estertores de la juventud. Bien, ésta es la primera mentira gorda.
Porque resulta que sí, amigo adolescente, puedes tener una vida plena y feliz y autorrealizarte sin que la gente te reconozca por la calle, puedes encontrar tu camino en cualquier momento, también después de los treinta, o de los cuarenta, y ser feliz sin ganar dinero en bolos, responder estúpidos cuestionarios en revistas tendencieras o recibir cartas de admiradores. Creedme, mucha gente antes que vosotros lo ha conseguido ya a lo largo de la historia. De hecho, es bastante más fácil que lo logréis de esta manera.
Porque la segunda mentira gorda es la de creer que la gran meta consiste, de hecho, en participar en uno de esos programas.
A lo largo de los últimos años he conocido gente que ha trabajado en diversos realitys, guionistas, productores, redactores, realizadores... y también he conocido a participantes de esos mismos programas (sí, sí, de los que salen en la tele, qué flipe, ¿eh?).
Después de escuchar a muchos de ellos hablar sobre sus experiencias profesionales, lo primero que pienso cuando veo que descalifican a algún aspirante en las fases eliminatorias es "NO SABES LO AFORTUNADO QUE ERES".
De verdad, chavales, no siempre merece la pena. Los concursantes de los realitys son tratados como productos. Venden su intimidad y sus sueños a precio de saldo. Ganan mucho menos dinero de lo que la mayoría de la gente imagina, y muchísimo menos que la gente que de verdad se enriquece gracias a ellos.
En el caso de programas con formato de "escuela" (OT, Fama...) donde se buscan presuntos talentos, los concursantes casi siempre acaban "quemados" como profesionales (sólo hay un ganador, por lo que la gran mayoría salen como "perdedores") y muchos pierden la posibilidad de lograr una carrera fructífera por sí mismos (tuviste tu momento y no lo aprovechaste, no ganaste, no interesas).
Se abusa de ellos, se les exprime. Los chicos de "Fama" son la versión moderneta de los personajes de "Bailad, bailda, malditos", empujados a la extenuación cada día, algo para lo que se ofrecen a cambio de la frágil promesa de participar en alguna producción musical mediocre cuando salgan.
El éxito y la -relativa- independencia artística de Rosa y Bisbal fueron el resultado de la novedad, la sorpresa y la improvisación de la primera edición. A partir de la segunda edición, Gestmusic se guardó muy bien de atar bien atados a sus nuevas "creaciones". Si participas en "OT", estarás cogido por los huevos durante años, te obligarán a firmar contratos abusivos, cantar las canciones que ellos decidan (si no les caes bien, serán canciones muy malas. Lo digo en serio). No podrás actuar en ningún sitio sin su permiso (pueden hacer, literalmente, que desaparezcas de los escenarios) y si lo haces tendrás que compartir beneficios y aceptar las decisiones artísticas y comerciales impuestas. Y los chavales lo aceptan todo porque la FAMA lo vale todo.
Uno de los individuos de los que he llegado a tener peor consideración, a través de opiniones diversas, y que representa la parte más fea de estos concursos, es Toni Cruz, miembro de "La Trinca" y uno de los dueños de Gestmusic. Se le atribuyen frases como "este chico es mi producto y hago con él lo que quiero". Es una percepción personal, claro, pero después de todo lo que he oído de él, para mí este señor desprende el mismo aura de maliginidad que JL Moreno. Sin embargo, así como los desmanes del productor avieso telecinquero son bastante conocidos por casi todos, el señor Cruz urde sus maldades oculto en la sombra, lo que da más rabia. No sé si acariciará gatos en grandes sofás de cuero, pero le pegaría.
Amigos adolescentes que queréis expresaros cantando, bailando o presentando programas: lo interesante en esta vida no son los resultados inmediatos, sino el propio proceso. Lo fundamental no es actuar ya, donde sea y como sea, sino actuar bien, aprender, desarrollarse como artista, expresar lo que uno quiere, encontrar el propio camino, no convertirte en un producto de estudio, prefabricado, sin alma.
La justificación más básica para convertirse en un realitero es el "dinero fácil". Sí, es verdad que algo de pasta se gana, pero ni es tanta, ni es tan fácil.
Lo que no se suele ponderar son las consideraciones menos evidentes, las decepciones, los escarnios públicos, los bajones, los abusos económicos, las dentelladas ajenas. La mayoría de los adolescentes que se hacen famosos de la noche a la mañana se vuelven gilipollas, discuten con sus amigos de toda la vida y cambian de pareja. Es ley de vida. Otra gran parte sufre depresiones. Muchos se enganchan a drogas blandas o duras, legales o ilegales, pierden la perspectiva, se endiosan, acaban rodeados de gente interesada que no les quiere, y pronto ven cómo el poco dinero ganado saca patitas y se va corriendo de su lado.
No trato de convencer a nadie de que no entre en un concurso de estos, pero sí que os animo a que lo hagáis sabiendo lo que realmente os vais a encontrar. Porque sólo unos pocos (los más maduros, los más inteligentes) consiguen partir de ahí para construirse una verdadera carrera asentada sobre los pilares sólidos de los méritos y el esfuerzo. Todo lo demás (soy guapo, soy televisivo, estoy de moda) queda a merced de los vientos caprichosos de los programadores, los bebedores de sangre joven, y los arruinavidas.
Los realitys son entretenidos, sí. Yo comprendo que la gente los vea, y que admire y aplauda a sus concursantes. Pero que nadie se obsesione: en la tele todo es mentira, nada es tan bonito cuando lo miras de cerca. Ningún sueño auténtico puede depender de que un fracasado advenedizo te admita en un cásting, de que te tires a la persona correcta en el momento adecuado o de que tengas esa "cualidad friki" que les falta para cuadrar la edición friki perfecta.
No, chicos, así no, de verdad. No es imprescindible, no es para tanto y, sobre todo, no merece la pena. Buscad la felicidad cerca de vosotros. Es mucho más probable que la encontréis ahí, dando saltitos para llamar vuestra atención.






indiana dijo
Es curioso que en el mundo del cine está pasando algo parecido: SI NO TRIUNFAS CON TU PRIMERA PELICULA, ESTÁS ACABADO. NO TIENES TALENTO. NO ERES UN NUEVO AMENABAR Y NO NOS DARÁS DINERO. Como bien dices, es la cultura del triunfo inmediato, ¿pero que hay después de triunfar a dedo, si no ha habido trabajo propio? El olvido... peor que la muerte.
13 Septiembre 2009 | 12:01 PM